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Qué busca Boko Haram secuestrando niños en Nigeria

Qué busca Boko Haram secuestrando niños en Nigeria
Fuente: elaboración propia.

Más de mil escolares han sido víctimas de secuestros masivos en Nigeria solo en 2021. Desde el rapto de las niñas de Chibok en 2014, que llamó la atención de la comunidad internacional, se han producido cientos de ataques. Detrás de estas acciones se encuentran la organización terrorista Boko Haram y otros grupos armados que utilizan a niños y niñas como moneda de cambio frente a las autoridades del país.

El grupo yihadista nigeriano Boko Haram ha encontrado una importante fuente de financiación en los secuestros masivos, y grupos armados en el norte del país han replicado su estrategia de terror. Junto a los robos o el tráfico de drogas y armas, los raptos les permiten obtener grandes cantidades de dinero. Uno de los primeros y más mediáticos fue el secuestro de las niñas de la localidad de Chibok, estado de Borno, en abril de 2014, cuando Boko Haram raptó a cerca de 280 alumnas de un colegio. 220 de ellas permanecieron más de dos años en paradero desconocido y más de cien siguen desaparecidas. Desde entonces, los secuestros masivos de escolares, mujeres, religiosos o cooperantes extranjeros han sido constantes, van casi 350 casos desde 2018. Miles de niños y niñas han abandonado la escuela por miedo a no regresar a casa después de clase.

A Boko Haram le salen imitadores

En los meses que siguieron a la tragedia de Chibok, entre 2014 y 2015, Boko Haram secuestró a más de 2.000 mujeres y niñas en el norte de Nigeria. Aunque la organización terrorista no ha cesado de raptar menores desde entonces, las autoridades afirman que detrás de la mayoría de estos sucesos están grupos de bandidos armados que siguen los mismos métodos. Estos grupos han raptado a más de mil estudiantes entre diciembre de 2020 y junio de 2021 buscando aumentar su poder de negociación frente al Gobierno.

El objetivo de los secuestros masivos es chantajear a las autoridades nigerianas para que paguen rescates o liberen a sus miembros detenidos. Boko Haram ha optado por raptar sobre todo a menores, mientras que otros grupos también secuestran personal humanitario o periodistas. En cualquier caso, Boko Haram ha hecho de los secuestros de estudiantes una seña de identidad que no han adoptado otras organizaciones yihadistas como Al Shabab en Somalia o Dáesh en Siria e Irak. No obstante, la escisión de Boko Haram y rama local de Dáesh, el Iswap, sí que ha secuestrado en Nigeria y en el vecino Camerún.  Aunque no es lo habitual, en ocasiones los secuestros terminan por costarle la vida a algunos niños y niñas; en otras, ellos son convertidos en soldados o terroristas suicidas, y ellas en esclavas sexuales.

El fracaso en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado en Nigeria es resultado de unas fuerzas de seguridad débiles y centralizadas, que no dependen de los estados sino del Gobierno federal. La militarización en la zona norte y la intervención de potencias extranjeras no han conseguido acabar con esta amenaza. Y es que Boko Haram, que surgió hace casi dos décadas como un grupo de ideología fundamentalista islámica, es hoy una de las principales y más letales organizaciones terroristas de África. Ha asesinado a más de 27.000 personas, en su mayoría civiles y miembros de los cuerpos de seguridad del país.

Los secuestros de niños, un arma terrorista y de propaganda

En Nigeria existe una importante fractura norte-sur en términos de religión, desarrollo socioeconómico o disponibilidad de recursos naturales. Aunque es uno de los mercados emergentes más importantes del mundo, su nivel de desarrollo humano es muy bajo y cerca del 25% de sus doscientos millones de habitantes vive en situación de pobreza. La precariedad y la corrupción es aún más acusada en el norte, de mayoría musulmana, donde el fundamentalismo islámico comenzó a arraigar entre la población joven como única vía para escapar de la miseria. 

Boko Haram se cobró sus primeras víctimas en 2009. A partir de entonces, pasó de promover una educación islámica radical a lanzar una lucha armada para crear un Estado islámico en Nigeria y alrededores. Ya se han expandido por la convulsa región del Sahel y del lago Chad. La lucha contra el Gobierno de Nigeria se complementaba con el rechazo a la cultura occidental, que comparte con otras organizaciones yihadistas como Al Qaeda o Dáesh.

Pero, entretanto, el grupo no ha dejado de lado el factor educacional, y los secuestros masivos en escuelas jugan un papel simbólico en ese aspecto: Boko Haram considera que la educación que reciben los niños y niñas no es lo suficientemente islámica por la interferencia del Gobierno nacional, y les rapta para promover la enseñanza de un islam más estricto. En el país con más niños desescolarizados del mundo, miles de escolares están abandonando las clases por temor al secuestro. 

Pese a su impacto internacional, los secuestros se están normalizando

Boko Haram y sus imitadores también optan por los secuestros de menores por el efecto que causan en la opinión pública dentro y fuera de Nigeria: conscientes de su alcance mediático, comparten imágenes de los estudiantes, que piden con desespero ser liberados. Los secuestradores explotan esa sensibilidad: fuerzan a las autoridades a intervenir en negociaciones de otra manera improbables y posicionan a la población a favor de hacer todo lo posible por salvar a los estudiantes cuanto antes, incluido pagar rescates más elevados o liberar a extremistas presos. Si parte de las niñas de Chibok volvieron a sus hogares tras el secuestro fue porque el Gobierno accedió a liberar a militantes de Boko Haram a cambio.

Fuera de Nigeria, las imágenes de los secuestros masivos se han colado en las pantallas de todo el planeta, y organizaciones internacionales como Naciones Unidas, la Unión Africana o la Unión Europea han condenado las acciones de Boko Haram y demás grupos armados. Las autoridades nigerianas enfrentan un dilema: si acceden a lo que piden los secuestradores, ceden al chantaje y fomentan que otros grupos imiten la estrategia; pero si no lo hacen para evitar nuevos secuestros masivos, arriesgan las vidas de cientos de menores.

Los Gobiernos locales han optado por la primera opción, pues reducir los secuestros y garantizar la seguridad de los estudiantes al mismo tiempo parece imposible. Sin embargo, el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, se ha mostrado en contra de que los gobernadores estatales cumplan las demandas de los terroristas y bandidos con el argumento de que incentivan nuevos secuestros. Él mismo, sin embargo, consiguió liberar a algunas niñas de Chibok en 2016 a través de las vías que ahora cuestiona. Gracias a aquellos logros iniciales, Buhari ha conseguido esquivar las críticas por su gestión de la situación, que ha empeorado desde que llegó al poder en 2015.

Con todo, la situación no mejora: los secuestros en Nigeria se duplicaron en 2020 respecto al año anterior. Tras el suceso de Chibok se puso en marcha la Iniciativa de Escuelas Seguras para levantar vallas alrededor de colegios en el noreste del país. Ahora que la amenaza se ha trasladado al noroeste, el Ejército nigeriano custodia algunas escuelas de la zona, aunque muchas siguen desprotegidas por la escasez de personal. No se han vuelto a impulsar campañas tan masivas como #BringBackOurGirls, en la que la entonces primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, pedía la liberación de las niñas de Chibok. Tampoco se producen ya protestas masivas en las calles del país. Los secuestros masivos en Nigeria se han normalizado, mientras Boko Haram se refuerza y continúa sembrando el terror y las autoridades buscan alguna alternativa a pagar recompensas a los secuestradores.