Detrás del turismo sexual: abusos, pobreza y tolerancia

El turismo sexual se ha convertido en un fenómeno común. Dinamiza la economía de países en desarrollo y es un motivo de viaje cada vez más frecuente entre personas de países desarrollados. Sin embargo, esconde pobreza, esclavitud, violencia de género o tráfico de personas.
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Detrás del turismo sexual: abusos, pobreza y tolerancia
Barrio Rojo de Ámsterdam. Fuente: Nina A. J. G.

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El turismo ha aumentado en las últimas décadas hasta representar el 10% del PIB mundial y ser el tercer sector en exportaciones, detrás de los productos químicos y combustibles. Su impacto económico y social depende del modelo turístico del país de destino, ya sea cultural, de ocio o de negocios. Sin embargo, también existe el turismo sexual. Los viajes organizados que facilitan relaciones sexuales con personas locales atraen a millones de viajeros: 250.000 al año solo en busca de menores. También hay modos legales como el turismo libertino, los lugares de sexo en público, el intercambio de parejas, las orgías en hoteles o los cruceros del amor. En esta rama del turismo hay agencias especializadas y comisiones para taxistas o recepcionistas de hotel, que al facilitar los encuentros acaban ejerciendo de proxenetas.

El turismo sexual ilegal reporta más de 30.000 millones de dólares de beneficios anuales. Combinado con el tráfico de personas, es una de las mayores economías ilegales del mundo, solo por detrás del tráfico de drogas y el comercio de armas. Las objeciones a este sector se deben a sus vínculos con tres formas de explotación sexual: la prostitución, la pornografía y el tráfico de personas por motivos sexuales, incluidos menores. Aunque no son los únicos, gran parte de los clientes son heterosexuales, mientras que la prostitución la ejercen sobre todo mujeres adultas. No obstante, también hay hombres y en torno a 1,2 millones de menores. Las víctimas aumentan en parte con el propio turismo. A su vez, la pornografía está vinculada al tráfico de personas, ya que las redes usan a sus víctimas para crear contenido sexual que puede consumirse en todo el mundo, y los turistas pueden compartir sus experiencias legales e ilegales.

Entre los destinos principales del turismo sexual están República Dominicana, Tailandia, Camboya, Países Bajos, España, Brasil y Filipinas. Por su parte, en India, Indonesia o Kenia son más comunes las relaciones sexuales de turistas con menores, mientras que Gambia o Jamaica están entre los destinos favoritos para hombres y mujeres occidentales que buscan relaciones sexuales con personas del sexo opuesto. En algunos de estos países la prostitución es legal. En otros, la edad de consentimiento se sitúa por debajo de los dieciséis años. Pero que sean los destinos más buscados evidencia cierta tolerancia frente a estas prácticas.

Viajar por sexo

En 2014, días antes del Mundial de Fútbol en Brasil, apareció en São Paulo un cartel publicitario de un hotel en el que se intuía a una mujer practicando sexo oral a un futbolista con el rótulo “donde tus fantasías se hacen realidad”. Publicitar el sexo como atractivo de un país refleja la incidencia del turismo sexual en su economía. Al planear un viaje, muchas personas consultan cuáles son los mejores bares para encontrar personas dispuestas a mantener relaciones sexuales a cambio de dinero o de algún regalo material, ya sean unas copas o productos más caros. En internet hay blogs sobre experiencias de viajeros con la prostitución en Bangkok o guías para conocer camboyanas pensadas para hombres heterosexuales que viajan a Nom Pen. Una vez en Bangkok, Nom Pen, Río de Janeiro, Bombay o Negril, los intermediarios se acercan a los turistas para facilitarles toda la información y servicios a cambio de un sobresueldo.

En estas y otras ciudades el sexo es reconocido como una parte más de la experiencia turística. Aunque quienes la demandan suelen ser hombres de países más desarrollados, el patrón del hombre blanco, heterosexual, de mediana edad y casado está cambiando. El incremento de la clase media en China, por ejemplo, hace que la mayoría de los turistas sexuales en Tailandia sean hombres chinos que encuentran burdeles en las fronteras. En Camboya, en cambio, suelen ser empresarios o ejecutivos chinos que viven allí durante períodos largos, o japoneses y surcoreanos en busca de vírgenes. Jóvenes de todo el mundo también buscan este tipo de viajes para celebrar el fin de su carrera universitaria u otros ritos de paso.

Las personas homosexuales, sobre todo los hombres, suelen sentirse atraídas por destinos con la etiqueta gay-friendly. En estos espacios seguros pueden mostrar su sexualidad sin temer el rechazo o incluso la persecución de las autoridades, aunque no significa que el sexo sea el motivo principal de su viaje. Entre los hombres que se identifican como heterosexuales, en cambio, hay quienes buscan romper la rutina o cumplir fantasías manteniendo relaciones esporádicas con personas de su mismo sexo, incluidos menores.

Entre los viajeros que practican sexo con menores hay personas de clase media que viajan por placer o por negocios, trabajadores migrantes, volunturistas y turistas nacionales. Pueden ser personas de mediana edad, jóvenes o hasta otros menores de edad. Se los considera abusadores situacionales, ya que probablemente no habían imaginado tener sexo con menores hasta tener la oportunidad de hacerlo sin consecuencias.

¿Por qué viajan al extranjero si hay prostitución en sus países? En Ibiza, Ámsterdam o el municipio limítrofe franco-español de La Junquera es fácil encontrar ciudades atractivas para los turistas sexuales. Pero en Brasil, Tailandia o India, adonde volar es cada vez más barato, además del exotismo las autoridades toleran la prostitución infantil, los precios son más bajos y los clientes tienen más privacidad.

Siendo un sector económico conectado con actividades ilegales como la prostitución y la trata de personas, no existen muchos datos detallados sobre los turistas sexuales. Por ejemplo, el 40% de los turistas estadounidenses que viajan a Filipinas lo hacen buscando sexo, así que no es extraño que existan agencias de viajes especializadas, aunque sea complicado identificarlas. En Nueva York, la agencia Big Apple Oriental Tours operó hasta 2010. Bajo el eslogan “¡Tantas chicas y tan poco tiempo! Tu guía de aventuras románticas en Tailandia”, organizaba viajes de turismo sexual a Tailandia y Filipinas.

Las víctimas del turismo sexual muchas veces también lo son del tráfico de personas y de redes de prostitución. Por su parte, los turistas sexuales pueden sufrir desde robos hasta enfermedades. Algunos practican conductas que no tendrían en su país de origen, como la penetración sin preservativo, que también motivaría a abusar de menores creyendo que es menos probable la transmisión de virus como el VIH. Esto puede tener efectos en personas de su entorno, en particular parejas sexuales. Además, no todas las personas pueden escapar de las autoridades, aunque a menudo hagan la vista gorda. Sobre todo el abuso de menores puede llevar a penas de cárcel o sanciones elevadas.

Demanda y explotación que dejan sin alternativa

Por su propia demanda, la prostitución es necesaria para mantener este tipo de turismo. Un antecedente claro son las “mujeres de consuelo” en Asia. Desde Filipinas hasta el norte de China, muchas mujeres empezaron a ser explotadas durante la guerra del Pacífico para satisfacer a los soldados japoneses que llegaban a sus tierras después de horas luchando o viajando. En la actualidad, gran parte de las víctimas de la prostitución, incluidas menores de edad, son explotadas sexualmente para complacer los deseos de los turistas. Con ello se mantienen las relaciones de subordinación, los abusos y la violencia hacia las víctimas de las redes de prostitución, a las que entran por lo general contra su voluntad.

Hoy en día, la prostitución como atractivo turístico evoca los centros que ofrecen masajes “con final feliz”, los espectáculos de ping-pong de Khao San, en Bangkok, o los chiringuitos de playa en el Caribe. Pero la industria es mucho más diversa. Solo en la ciudad tailandesa de Pattaya, que recibe más de un millón de turistas al año, hay unas 27.000 personas dedicadas a la prostitución. En Filipinas hay entre 60.000 y 100.000 menores víctimas del tráfico de personas, muchas explotadas sexualmente, y en México las cifras llegan hasta 50.000 menores en las zonas fronterizas y 20.000 en el resto del país. 

En India, la explotación sexual de menores no es un problema tan visibilizado como en otros países del sudeste asiático, pero en el segundo país más poblado del mundo cuatro menores sufren abusos cada hora. Mientras tanto, en las ciudades del sur de África la media de edad de los menores explotados es de catorce años, y en Sri Lanka unos 5.000 menores desde diez años en adelante son explotados en zonas turísticas.

Cerca de Río de Janeiro, en Fortaleza, miles de personas son explotadas sexualmente. Algunas tienen incluso diez años y, aunque en los hoteles hay que pagar una tasa de unos treinta euros para subir acompañantes después de comprobar que es mayor de veintiún años, sin demanda no habría menores explotados. En el barrio rojo de Bombay es fácil encontrar burdeles con niñas explotadas, llegadas desde distintos puntos del país o desde Nepal, algunas vendidas a los traficantes por sus propias familias.

Las ciudades costeras de Kenia se están convirtiendo en otro destino favorito para quienes quieren practicar sexo con menores. Entre las familias con pocos recursos, comerciar con la sexualidad de sus hijos es una alternativa, hasta el extremo de que el 30% de las chicas de entre doce y dieciocho años de la costa del país son explotadas sexualmente. En Camboya una de cada cuatro personas dedicadas a la prostitución es menor de edad, muchos de ellos niños varones. Incluso hay niñas de cinco años vendidas a redes de tráfico de personas y prostitución. Mientras, las mujeres jóvenes, algunas llegadas de Vietnam, deciden trabajar como prostitutas para mantener a sus familias y a veces son enviadas a Tailandia, destino sexual por excelencia.

Algunas víctimas pertenecen incluso a redes que ya captaron a sus madres. En cualquier caso, la pobreza y la inseguridad económica hacen que la explotación sexual sea una forma para conseguir ingresos. En algunos, la propia familia vende a los menores a redes de tráfico —a veces engañados con falsas promesas de los traficantes—, muestra de la debilidad de las estructuras familiares o una ausencia de cuidados. La pobreza económica, educativa, de vivienda, sanitaria o cultural acaba siendo el denominador común de menores y adultos víctimas de la explotación sexual.

El turismo sexual y los patrones sociales de fondo

Parte de la prostitución, también infantil, se mantiene por el turismo sexual. Se calcula que 4,8 millones de víctimas están explotadas sexualmente con fines comerciales, pero ¿cómo separar la prostitución de aquella que solo se mantiene por el turismo? Este subsector genera beneficios económicos astronómicos que llegan también a restaurantes, hoteles, bares y taxistas. Por un lado, esto muestra que si la causa principal de la oferta de turismo sexual es la pobreza, para poder debilitarla en todas sus dimensiones hacen falta instituciones capaces de disminuirla y de mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos. 

En cuanto a las redes de explotación sexual, hay distintos métodos para debilitarlas. Perseguirlas es complicado por los beneficios económicos que reportan y por la corrupción que permite que las autoridades hagan la vista gorda, pero el camino pasa por buscar a su promotores y quienes las usan y no por culpabilizar a las víctimas del tráfico. Otra vía podría ser regular la prostitución ya sea con grados de prohibición o legalización. La legalización suele fomentar el tráfico de personas, ya que las víctimas son enviadas a los países donde hay más clientes dispuestos a pagar por sexo. No obstante, como los principales destinos son Tailandia, donde la prostitución es ilegal, y Países Bajos, donde es legal, no parece haber una correlación clara con la demanda.

Por otro lado, esta situación refleja la desigualdad entre hombres y mujeres. Si bien hay mujeres que viajan por sexo y que también hay víctimas varones, la mayoría son niñas o mujeres, mientras que los turistas sexuales suelen ser hombres, que se sienten superiores cuando viajan a países en vías de desarrollo. La mayoría de las mujeres que se dedican a la prostitución no encuentran otra alternativa, y utilizarlas como objeto sexual puede reproducir conductas violentas contra ellas o en los países de partida.
Frente a estos patrones, los robots como alternativa plantean satisfacer los deseos sobre todo de hombres heterosexuales. Sin embargo, ejemplos como Roxxxy, que cuesta entre 7.000 o 9.000 dólares, no resuelven el problema que esconde la necesidad de satisfacer deseos sexuales a toda costa. En ese sentido, el largo plazo apunta a educar en la igualdad y trabajar por eliminar los patrones de subordinación o sumisión no deseada y la idea de que en países menos desarrollados se puede hacer lo intolerable, como abusar de menores. Solo con un compromiso activo es posible evitar las consecuencias de una actividad que, incluso cuando es legal, suele esconder importantes problemas sociales.

Gemma Roquet

Barcelona, 1992. Graduada en Ciencias Políticas por la UB y Máster en Relaciones internacionales, Seguridad y Desarrollo por la UAB. Interesada en conflictos internacionales, principalmente en la región de Asia.

3 comentarios

  1. Expandir comentario

    ¿y si los que viajan por sexo son jueces deltribunal supremo español y esto ocurre en Cartagena de las Indias?

    y si vemos que los medios de comunicacion españoles no dicen nada, sera por que los jueces del supremo los han amenazado o por que son complices de las violaciones de niños

  2. Expandir comentario

    Las dos cosas!

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