China aspira a dirigir las principales organizaciones internacionales con un objetivo: dominar la gobernanza global. Como Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, el gigante asiático busca tomar las decisiones, o al menos influir en ellas, para formar alianzas y condicionar el comportamiento de grandes bloques de Estados. En su día, Washington impulsó la creación de una constelación de instituciones internacionales que le aseguraban una plaza en su dirección y, a la vez, eran fundamentales para fijar reglas en todo el mundo, como Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el G7.
Ahora China está creando su propia constelación de instituciones, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, el tratado de libre comercio RCEP o la Organización de Cooperación de Shanghái. Estos organismos excluyen a Estados Unidos y están dominados por Pekín. Pero eso no quiere decir que el gigante asiático rechace participar en las organizaciones que ya existen, pues sabe de su potencial, y está luchando por dirigirlas. El ejemplo más claro es la ONU. En los últimos años China se ha afianzado como el segundo país que más aporta a su presupuesto detrás de Estados Unidos, superando a Japón, y está promocionando a sus altos funcionarios para ocupar los puestos de dirección.
La batalla por la FAO
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento