Los problemas en la cadena de suministro no paran de crecer. El primer aviso llegó con la escasez de material sanitario al inicio de la pandemia. A mediados de 2020 comenzaba la crisis de los chips, que hacía que no hubiese PlayStation 5 o que las fábricas de coches cerrasen. Por si fuese poco, a principios de 2021 un buque portacontenedores bloqueaba el canal de Suez, poniendo en jaque un transporte marítimo que ya sufría atascos. Después, los precios de la energía, las materias primas o los alimentos se dispararon, y en el Reino Unido las estanterías de los supermercados se vaciaban. Los problemas ahora ya se extienden a todos los sectores y regiones: están en peligro desde los regalos de Navidad hasta la seguridad energética.
En gran medida, esta situación se debe a la desigual recuperación de la pandemia. El fuerte impulso del consumo en los países desarrollados gracias a las vacunas y a los estímulos económicos contrasta con el débil apoyo gubernamental y los bajos ratios de vacunación en los países de bajos ingresos. A esto se suman los cambios repentinos en la demanda y los nuevos hábitos de los consumidores, provocando que ni las fábricas puedan seguir el ritmo ni los productos lleguen a tiempo a su destino. Por ejemplo, que en China y Vietnam se paren fábricas por falta de energía o rebrotes del virus provoca que en España la industria del automóvil tenga que cerrar por falta de chips, litio o magnesio. Por su parte, en el Reino Unido la situación se ha agudizado debido al brexit.
Además, los retrasos en el transporte empeoran la situación. Los buques portacontenedores suponen un cuarto del comercio mundial en volumen y tres cuartos de su valor. Esos retrasos disminuyen la disponibilidad de contenedores, lo que encarece su precio y aumenta el del transporte. Los cierres de puertos provocados por brotes de coronavirus también han agravado los atascos, como en los puertos chinos de Yantian en mayo y el de Ningbo en agosto. Más aún, el aumento de los precios de la energía ha llevado a reducir la velocidad del transporte marítimo para reducir costes. Esto ha llevado a tomar medidas desesperadas, como el intento de la Administración de Joe Biden por desatascar el puerto de Los Ángeles permitiendo el trabajo durante las veinticuatro horas del día. Incluso empresas como Ikea, Coca-Cola o Walmart han fletado buques.
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