McDonald’s sin batidos, Nando’s y KFC sin pollo, Ikea sin muebles, Sainsbury’s sin alimentos y hasta Coca-Cola sin latas. La estricta normativa migratoria en el Reino Unido tras el brexit ha provocado escasez de trabajadores en puestos logísticos clave para el suministro de productos. Por si fuese poco, la crisis del comercio mundial y el transporte marítimo prolongan los retrasos. Esta tormenta puede implicar desde posibles subidas de precios hasta una recuperación económica más lenta.
Sin trabajadores no habrá productos en las tiendas
Más que la ausencia de productos, en el Reino Unido el problema es logístico, por falta de mano de obra. Se calcula que 1,3 millones de trabajadores han abandonado el país desde 2020 debido al brexit y la pandemia. Muchos de ellos, que no llegaron a regularizar su situación, ahora tampoco pueden regresar por la nueva Ley de Inmigración de febrero de 2020, que dificulta la entrada de personas procedentes de la Unión Europea.
Impulsada tras el brexit, esta ley obliga a las empresas que quieran contratar trabajadores europeos a solicitar el visado y justificar que el puesto es de alta cualificación o que el trabajador vaya a ingresar al menos 30.000 euros anuales, entre otros requisitos. Estas condiciones afectan sobre todo a los trabajadores con empleos de bajo valor añadido, justamente los que más necesita el país. Además, la adaptación a la norma ha sido difícil por la pandemia y por la congelación del EU Settlement Scheme, un acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido que permitía la permanencia de los trabajadores ya contratados.
Con la recuperación económica y datos cercanos al pleno empleo, la falta de trabajadores extranjeros ha disparado las vacantes en el Reino Unido. La mayor parte son puestos en los sectores alimentario, ganadero, agrícola y, sobre todo, logístico. Lo más significativo es la falta de más de 100.000 camioneros, un puesto básico para que los productos lleguen de los puertos a las fábricas, tiendas y supermercados. Antes de la pandemia estas vacantes las cubrían trabajadores foráneos en condiciones precarias. Ahora, muchos trabajadores británicos no quieren aceptar estos puestos, pese a que los salarios han aumentado un 21% en menos de un año. La pandemia, además, ha bloqueado el flujo de nuevos conductores al retrasar los permisos de conducir.
El brexit llega en el peor momento
Pese a todo, el problema se extiende más allá de las fronteras del Reino Unido. El sistema logístico que permite conectar la producción y el consumo de todos los puntos del planeta a través de camiones, barcos, aviones, grúas y carretillas elevadoras es demasiado rígido para absorber el caos derivado del coronavirus. Los cambios repentinos en la demanda y los nuevos hábitos de los consumidores han provocado que ni las fábricas puedan seguir el ritmo ni los productos lleguen a tiempo a su destino, generando cuellos de botella en todo el mundo.
En el caso del transporte, los buques portacontenedores suponen un cuarto del comercio mundial en volumen y tres cuartos de su valor. Los retrasos en las entregas disminuyen la disponibilidad de contenedores, lo que encarece su precio y aumenta el del transporte. El coste medio del envío de un contenedor grande ha superado los 10.000 dólares, cuatro veces más que hace un año, y el tiempo medio de transporte de la carga marítima ha pasado de 41 a 70 días en el mismo periodo.
Los cierres de puertos provocados por los nuevos brotes de coronavirus también han agravado los atascos, como en los puertos chinos de Yantian en mayo y el de Ningbo en agosto. Debido a esto, cada vez hay más contenedores que viajan por Asia en tren y camión para evitar las congestiones, aunque sea más lento y caro. Incluso empresas como Ikea o Walmart han fletado buques, y ha habido intentos fallidos de transportar contenedores en graneleros, embarcaciones destinadas al transporte de cargas a granel, como mineral de hierro o cereales.
Con todo, aunque el problema general también afecta a otros países de Europa, el Reino Unido es el único con supermercados vacíos. Debido a esto y al encarecimiento de las materias primas, la inflación en el país aumentó un 3,2% en agosto y se estima que los precios de los alimentos subirán entre el 6% y el 9% en otoño. Esa falta de suministro también ralentiza el crecimiento económico, que en agosto alcanzó su mínimo de los últimos seis meses, afectando en especial a la industria y el sector servicios.
La Navidad puede agravar el problema y el Gobierno no cede
Con el aumento de la demanda por el Black Friday y la Navidad, la situación podría empeorar. Desde finales del verano las tiendas suelen hacer acopio de comida, juguetes o ropa de cara a las fiestas. Sin embargo, pese al récord en pedidos a proveedores, los stocks de las tiendas están en su nivel más bajo de los últimos treinta años, y estas tienen dificultades para reponer las estanterías.
Dado que las inversiones necesarias para aumentar la oferta y mejorar el suministro requieren años, la situación internacional no mejoraría pronto. Por ejemplo, un portacontenedores tarda hasta tres años en construirse, así que los buques que se encarguen ahora no podrán ayudar a corto plazo. Del mismo modo, la normalidad pospandemia implicará un gasto mayor en ocio exterior que en bienes duraderos, lo que relajará las tensiones en la cadena de suministro, aunque tampoco ocurrirá a corto plazo.
Por tanto, la única forma que el Reino Unido parece tener para aliviar los problemas en los próximos meses es retroceder en la normativa que frena la inmigración, al menos para cubrir vacantes críticas. De hecho, las empresas le piden al Gobierno facilitar la contratación internacional, ya que las mejores condiciones que ofrecen a los trabajadores no están funcionando. Del mismo modo, diversos sectores han planteado que se movilice a reclusos o al Ejército para cubrir vacantes en el sector del transporte.
El primer ministro, Boris Johnson, ha respondido retrasando hasta 2022 la imposición de controles a las mercancías procedentes de la UE para evitar que el brexit agrave los problemas, pero hasta ahora no ha cedido en la normativa migratoria. Pese a que el tiempo corre en su contra, el Ejecutivo se ampara en la legitimación electoral del brexit, prefiriendo que los británicos ocupen las vacantes antes que los inmigrantes.
El paso de los meses agravará el malestar de muchos ciudadanos y empresas británicos, que presionarían aún más al Gobierno. La prueba de fuego para Johnson será decidir entre contentar a la población más conservadora, llevando el brexit hasta sus últimas consecuencias, o ceder a las peticiones de los empresarios y consumidores.





