Las claves de la crisis del gas en Europa: dependencia de Rusia y un mercado global ultracompetitivo

La crisis del gas ha puesto de manifiesto la dependencia energética europea. Ante la reticencia de Rusia a incrementar el suministro, la UE se ha visto obligada a competir en los mercados gasistas internacionales con Asia, donde no para de crecer la demanda de este recurso clave.
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Las claves de la crisis del gas en Europa: dependencia de Rusia y un mercado global ultracompetitivo
Fuente: Flickr.

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Europa vuelve a entrar en crisis. Esta vez no es política ni económica, sino energética. Con un incremento del 250% en lo que va de año, el desorbitado precio del gas se erige como el principal culpable. Y es que aunque otras regiones también sufren este encarecimiento, en Europa es especialmente problemático dado el sistema marginalista que rige el mercado eléctrico y que traslada la subida del gas a la factura de la luz. Así es como se han alcanzado récords históricos en el precio mayorista de la electricidad en todo el continente, afectando gravemente tanto a los hogares como a la industria. 

No solo preocupa el precio: en la Unión Europea, donde escasean los yacimientos de gas, la situación de abastecimiento es crítica. Tras un año con temperaturas inusualmente extremas, las reservas de gas europeas se encuentran bajo mínimos y cada vez es mayor el riesgo de que no basten para el invierno. Se encuentran alrededor del 76%, el nivel más bajo en más de una década a estas alturas del año, cuando suele rondar el 94%. Y mientras, la demanda sigue al alza.

Esta situación ha dejado al descubierto la grave dependencia exterior de la Unión Europea en lo que respecta a su seguridad energética. Es más, aunque esta crisis responda a cuestiones coyunturales, las vulnerabilidades del sistema energético europeo no dejarán de aumentar a medida que avance la descarbonización

Rusia juega a la geopolítica con el gas

El principal problema con el gas viene de la oferta, por una grave falta de abastecimiento del que es, con creces, el mayor proveedor europeo: Rusia. En los últimos meses el suministro de Gazprom, la empresa gasística estatal rusa, se ha reducido mucho, según Putin, porque están primando las reservas nacionales sobre las exportaciones. Sin embargo, las motivaciones rusas son más bien de carácter geopolítico. Acaban de finalizar las obras del Nord Stream 2, el nuevo gaseoducto que une Rusia y Alemania y que permitirá triplicar el suministro a Europa sin pasar por Ucrania, Polonia y  Bielorrusia. La victoria para Rusia es doble: ganará influencia sobre los grandes importadores de gas, como Alemania, pero también sobre los países de Europa del Este por los que pasan otros gaseoductos y cuyas economías dependen de las importantísimas comisiones  que reciben por ello.

Polonia ha denunciado esta situación en una dura carta enviada a la Comisión Europea en la que acusa a Rusia de no extender el suministro para crear una falsa sensación de urgencia y así comenzar los envíos por el Nordstream 2 cuanto antes. La misma acusación ha sido replicada por un grupo de más de cuarenta eurodiputados de distintos partidos que han pedido una investigación sobre las sospechosas actividades de Gazprom. Incluso la Agencia Internacional de la Energía admitía a finales de octubre que Rusia podría hacer más para que las reservas europeas estén preparadas para el invierno y pedía que se incremente el suministro.

Aunque la sombra de los intereses del Kremlin siempre ha sobrevolado el Nord Stream 2, lo cierto es que su finalización no podría llegar en un mejor momento para Rusia. La grave escasez de gas, sumada a la delicada transición energética por la que atraviesa el continente, han entregado a Moscú las llaves de la seguridad energética europea. Los mercados gasistas no dejan de atestiguar esta situación: cada vez que Gazprom o Putin hacen una declaración afirmando su compromiso con la UE los precios del gas caen. 

A la cuestión rusa hay que sumarle los problemas en otros frentes que han afectado al abastecimiento europeo. La otra vía gran de suministro, el gasoducto noruego, ha estado pasando por importantes reparaciones que lo han paralizado, mientras que varios campos de gas neerlandeses que tienen previsto su cierre a mediados del 2022 han comenzado a disminuir su producción. En el sur, el conflicto entre Marruecos y Argelia ha dejado a la península ibérica sin uno de sus gasoductos principales, el Magreb-Europa, aunque la acción diplomática ya ha garantizado el aumento del abastecimiento por otras vías.

Europa compite con China, India o Japón

Ante la falta de suministro ruso, Europa se ha lanzado a los mercados internacionales, donde se ha topado con otros países ansiosos por incrementar sus reservas. Esta batalla por hacerse con el gas ha disparado aún más los precios. Las grandes potencias asiáticas como Japón, India o China están ofreciendo mucho más que sus competidores europeos para asegurarse la mayor cantidad posible de gas antes del invierno comprándoselo a Estados Unidos.

La recuperación económica global ha reactivado la demanda energética en un momento en el que no solo Europa sufre problemas de generación y suministro. China, por ejemplo, también está pasando por su peor crisis energética en décadas, lo que le ha llevado a convertirse en el mayor importador mundial de gas y a revertir sus planes para reducir su consumo de carbón. Sin embargo, en esta disputa por el gas China ha hecho gala de su músculo financiero y regulatorio para obligar a las grandes energéticas a asegurar las reservas a “cualquier coste”, mientras que en el Viejo Continente algunas fábricas están empezando a cerrar por los altos precios de la luz. 

Pero la salida de la pandemia no es el único aspecto que está tensionando el mercado gasista global. En la carrera por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que se ha acelerado en los últimos años, el gas se ha erigido como la energía de transición. A medida que los países desarrollados avanzan en sus compromisos de descarbonización, los grandes productores y consumidores de energía optan cada vez más por el gas como la alternativa más viable y menos contaminante al petróleo y el carbón. 

La descarbonización es el principal motivo que explica el fuerte incremento de la demanda asiática en los últimos años y que también vaticina la continuación de la  tendencia al alza en el corto y medio plazo. No en vano, el 95% del crecimiento de la demanda global entre 2020 y 2022 vendrá de Asia. Además, tanto en el sudeste asiático como en Europa, los planes de recuperación post-covid han puesto el foco en la transición verde, acelerando aún más este proceso. 

Bruselas, en busca de nuevas fórmulas para asegurarse la energía

El desabastecimiento de gas ha dejado a Europa en una situación de gran vulnerabilidad ante Rusia. Ahora que la llamada autonomía estratégica es una de las máximas prioridades de la Comisión,  Bruselas se enfrenta a su dependencia energética del exterior. Y crece el temor de que cualquier encontronazo diplomático lleve a Putin a cerrar el grifo del gas. Si este invierno es largo y frío, no solo se avecinan unos precios eléctricos desorbitados: podrían incluso llegar a darse apagones. 

Los líderes europeos son conscientes de la necesidad de diversificar el suministro y reforzar el poder de negociación común. Lo han demostrado en la última reunión del Consejo Europeo, celebrada a finales de octubre. Propuestas como la de España para la compra conjunta de gas y el desarrollo de reservas estratégicas europeas ya están siendo estudiadas por la Comisión pero con la vista puesta en el medio plazo, no como solución al problema inmediato. 

Esta crisis también ha generado serias dudas sobre si el gas y las renovables serán suficientes para cubrir el déficit dejado por el petróleo y el carbón. Francia, la mayor potencia nuclear de la UE, está liderando la propuesta de reactivar la alternativa de la energía nuclear, y se estudia reconocerla como tecnología limpia dentro de las normas fiscales europeas, lo que abriría las puertas a una mayor inversión pública y privada.

Todos estas propuestas, debates y preocupaciones tienen un denominador común: Europa necesita solucionar su gran dependencia energética. Y es que, de momento, la apuesta por las renovables sigue obligando a la UE a someterse a Rusia para conseguir uno de los recursos económicos más esenciales: la energía.

Fe de errores: En una versión anterior de este artículo se afirmaba que las reservas de gas en Europa rondan el 30%, cuando están en torno al 76%.

Isabel Valverde

Ourense, 1997. Máster en Economía Política Internacional por la London School of Economics and Political Science. Disfruto analizando como la geopolítica afecta a la economía internacional y me fascina China, el cambio tecnológico, la política industrial y la energía. Colaboro con Agenda Pública y he sido consultora de asuntos públicos para el sector energético.