Xi no es todopoderoso: si Mao fue derrocado, él también podría caer

Xi acapara más poder que sus antecesores y su reelección es casi segura. Pero su control no es total, parte de la élite política está en su contra. No sería el primer líder chino derrocado. Incluso Mao perdió el poder cuando el Partido se le rebeló por su mala gestión económica.
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Xi no es todopoderoso: si Mao fue derrocado, él también podría caer
Fuente: Wikimedia

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Se ha repetido mucho que Xi Jinping es el líder más poderoso de China desde Mao, especialmente después de que se cambiara la constitución en 2018 para permitir la reelección del presidente más de dos mandatos. Tras la reforma, no se ha dejado de especular sobre si Xi planea dirigir el país de por vida. Sin embargo, hay dos razones que hacen dudar de este pronóstico. La primera es que esa posibilidad es la más extrema entre otras, como que Xi sea reelegido como secretario general solo para un mandato más, o dos o tres a lo sumo.

La segunda, y más importante, es que su continuidad en el poder no solo depende de él. China no es como Rusia, un modelo ultrapersonalista donde las élites políticas, económicas y grupos de interés están totalmente subordinados a Putin. En China hay facciones más “liberales” que pueden hacer de contrapeso a Xi en ciertos aspectos, en especial en el ámbito económico. Y en una situación extrema, como una catástrofe económica fruto de la política covid cero, no sería inaudito que Xi perdiera el poder. Ya ha pasado antes.

Xi, del liderazgo colectivo al poder centralizado

Desde que llegó al poder en 2012, Xi Jinping ha dado pasos para centralizar el poder. Es un cambio respecto del modelo de liderazgo colectivo anterior, que tuvo su época dorada durante el mandato de Hu Jintao, el antecesor de Xi. En ese sistema, instaurado por Deng Xiaoping, un secretario general relativamente débil debe negociar constantemente con diversas facciones. Los excesos autoritarios y personalistas son contenidos y la sucesión de mandatarios es relativamente predecible y negociada. Sin embargo, el modelo también tiene sus contras: surgen más camarillas y facciones luchando por el poder, más oportunidades para la corrupción y más puntos muertos en el proceso político.

Sobre estas críticas se fundamenta la reforma de Xi, que apuesta por reducir la fragmentación política. La centralización del poder hace mucho más segura la reelección de Xi como secretario general en el Congreso Nacional del Partido de octubre, ya que hay menos facciones que puedan maniobrar en su contra. A cambio, hay menos contrapesos para limitar el poder del líder, lo que acentúa tanto sus virtudes como sus defectos, y aumenta la inestabilidad en la sucesión de los líderes. 

El mayor poder de Xi también le ha permitido eliminar los límites al mandato del presidente, cargo que suele ostentar el secretario general del Partido. Eso significa que si Xi es reelegido, se saltará la norma informal de las élites chinas por la cual la edad máxima para presentarse a un cargo nacional son 67 años: Xi tiene 69. Sin embargo, aunque Xi viole esta costumbre, sus aliados sí se retiraron a la edad esperada en el último Congreso del Partido. Parece que Xi quiere mantener ciertas reglas, siendo él la única excepción. Si en la elección del nuevo Comité Permanente —los siete hombres más poderosos de China—, un aliado de Xi se saltara el límite informal de edad, las alarmas saltarán. 

Hasta Mao perdió el poder

La centralización de poder de Xi ha generado temores de que puedan repetirse los excesos de la época maoísta. En Occidente se tiene una visión de Mao como un líder todopoderoso que gobernó China sin fisuras durante décadas. Es una percepción errónea: Mao perdió el poder después del desastre del Gran Salto Adelante, en el que la imposición del modelo económico estalinista causó millones de muertos por hambrunas y represión política. Después de este crimen de Estado, los sectores más pragmáticos del Partido, liderados por Deng Xiaoping, arrinconaron a Mao y lo dejaron sin poder efectivo, a pesar de que mantuvo sus títulos formales.

De hecho, el arrinconamiento fue tan efectivo que Mao solo pudo librarse haciendo implosionar el Partido. Para recuperar influencia, Mao lanzó la Revolución Cultural en la que se instaba a las masas a derrocar a los “burócratas revisionistas” que habían marginado al líder y traicionado a la Revolución. El Partido perdió su poder como institución administrativa y de gobierno y a sus mejores cuadros durante la anarquía alentada por Mao.

Este ejemplo sirve para entender que el mito de un Xi todopoderoso no se sustenta históricamente. Hasta Mao, el líder de la Revolución china, objeto de un gran culto a la personalidad, cayó cuando sus decisiones políticas tuvieron un gran impacto negativo para el país. La China actual está muy lejos del desastre del Gran Salto Adelante. Pero las expectativas económicas son hoy mucho más altas que en la época maoísta, por lo que no haría falta una catástrofe estalinista para que las élites políticas y sociales del país, acostumbradas a décadas de crecimiento y modernización, cayeran en el descontento y cuestionaran el liderazgo de Xi.

Xi será reelegido, pero tendrá oposición interna

Todo apunta a que Xi será reelegido como secretario general, a pesar del estrés económico que supone su política de cero covid. Sin embargo, en los últimos meses esta crisis ha permitido que cobre protagonismo otra figura: el primer ministro Li Keqiang, que dirige el Gobierno, llamado Consejo de Estado, encargado de implementar las políticas decididas por el Partido, en especial en el ámbito económico.

Li Keqiang es más pragmático y tecnocrático que Xi. Ha apostado por continuar con las reformas económicas aperturistas de Deng Xiaoping, más que por la repolitización que promueve el presidente. Li ha dado un paso adelante para intentar “salvar” una economía dañada por la política de cero covid y para calmar a las empresas tecnológicas que Xi ha regulado con dureza. Así, a pesar de que la centralización de poder le dejó como una figura secundaria durante años, la problemática situación económica ha hecho que Li gane apoyos dentro del Partido, sobre todo los conectados con la Liga Joven Comunista y el antiguo secretario general Hu Jintao, antecesor de Xi.

Li ya ha anunciado que no repetirá como primer ministro, pero no ha negado que quiera seguir como miembro del Comité Permanente. En este sentido, ver cuántos aliados de Li son elegidos para ese órgano será una señal de los límites del poder de Xi Jinping. Por ejemplo, se habla de que el próximo primer ministro podría ser Wang Yang, un reformista al que se le acredita el desarrollo de la boyante región de Cantón. También suena el nombre de Hu Chunhua, actual vice primer ministro y cercano a Li, como posible nuevo miembro del Comité. Si al menos dos miembros del Comité y el primer ministro elegidos tras este Congreso pertenecen a la facción tecnocrática de Li, existirá cierto equilibrio que hará de contrapeso a los excesos de Xi Jinping.

Javier Borràs

Analista y consultor político especializado en Asia. Es autor del libro sobre China Roja y gris. Ha publicado en El País, El Mundo, La Vanguardia o Esglobal. Trabajó como corresponsal para la Agencia EFE en China. Tiene un Máster en Políticas Públicas de University College London.

1 comentario

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    JOSE CARLOS GARCIA MENDEZ

    Li Keqiang tiene ya 67 años y si esto no se reforma no llegará a ser Secretario Gral. del PCCh, pero podría seguir como primer ministro. De todas formas éste Congreso XX corroborará el mandato de Xi y sus colaboradores serán renovados, como objetivo para el que será su último mandato, buscando que el conflicto de Taiwán sea reconducido para llegar a la reunificación, como ha prometido el Secretario Gral. .Un partido comunista con tantos afiliados (91M) y organizaciones internas, tiene suficientes reservas para afrontar los retos actuales y futuros. US y Biden se equivocan sin pretenden encontrar fisuras que vayan a conspirar para hacer caer a Xi. La prosperidad económica seguirá. Saldrá muy reforzado.

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