Ucrania no ha perdido la guerra. Tras los éxitos de Jersón o Járkov en 2022, el objetivo para este verano era llegar a las costas del mar Negro o la menos tomar la localidad estratégica de Tokmak, en la región de Zaporiyia. Sin embargo, las tropas ucranianas apenas avanzaron diecisiete kilómetros hacia la costa. El presidente Volodímir Zelenski denuncia no haber recibido suficiente apoyo occidental, y la capacidad militar de Rusia ha sido subestimada tras los fracasos acumulados.
Pese a todo, Ucrania ha logrado triunfos en el corto y largo plazo contra un ejército superior y bien atrincherado. En el mar Negro, ha forzado a los rusos a reubicar su cuartel en territorio propio, desbloqueando el tránsito de trigo. Además, ha abierto una posible ofensiva en la orilla izquierda del río Dniéper. El Kremlin deberá reposicionar sus desgastadas tropas: noviembre de 2023 ha sido su mes con más bajas en la guerra y el apoyo a la misma ha caído al 12%. Ucrania queda bien posicionada para 2024, pero necesitará artillería, munición y nueva tecnología. Si el apoyo occidental no se adapta, la amenaza de una guerra larga favorecerá a Vladímir Putin.
Rusia se repliega en el mar Negro
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