Estados Unidos e Irán volverán a negociar desde este sábado en Omán el programa nuclear iraní después de años distanciados. En octubre expirará la Resolución 2231 de 2015 del Consejo de Seguridad de la ONU, por la que Irán limitaba el enriquecimiento de uranio a cambio del alivio de sanciones internacionales. A día de hoy, Teherán tiene la capacidad de enriquecer uranio más allá del uso civil, según la Agencia Internacional de la Energía. Sin un acuerdo, el monitoreo se complicará y el régimen podría optar por el arma nuclear. Pero Donald Trump también advirtió que “Irán estará en gran peligro” si las conversaciones no tienen éxito. Todo dependerá, precisamente, de la gestión de Trump y de la evolución política iraní.
Por un lado, el principal obstáculo en las negociaciones es la prioridad de Trump por satisfacer los intereses de Israel de que Irán no posea el arma nuclear, sin considerar el debilitamiento iraní a raíz de la guerra en Gaza. Por el otro, Teherán priorizará la unidad frente a cualquier amenaza externa, así como garantías para la supervivencia del régimen. Al mismo tiempo, la cúpula iraní desconfía de que Rusia, al igual que el nuevo Gobierno en Siria, pueda reconsiderar su alianza si ello favorece su relación con Trump.
La vulnerabilidad de Irán responde a los cambios geopolíticos recientes. Trump y Vladímir Putin acordaron frenar la proliferación nuclear y limitar la amenaza iraní hacia Israel, mientras que China se mostró dispuesta a cooperar en la desnuclearización. Además, las operaciones regionales de Israel tras los ataques de Hamás han consolidado su alianza con Estados Unidos. Por todo ello, el Gobierno iraní rechaza negociaciones directas y prefiere conversaciones indirectas en Omán para tener margen de maniobra.
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento