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Cuando los opositores tomaron las calles de Bielorrusia en 2020, el presidente Alexandr Lukashenko pidió ayuda a Vladímir Putin. Año y medio después, Kazajistán solicitó al Kremlin la intervención de la OTSC, la alianza militar encabezada por Rusia. En ambos casos, el poderío militar de Moscú sirvió para disuadir o reprimir las protestas. Los líderes autoritarios del espacio postsoviético veían al Kremlin como garante de su seguridad, mientras que el presidente ruso utilizaba la amenaza de la fuerza para imponer sus intereses.
Pero aquellos tiempos han pasado. Justo cuando Rusia más lo necesita, la invasión a Ucrania ha diezmado la capacidad de su ejército para intervenir en otros frentes. En el Cáucaso, Azerbaiyán ha aprovechado para atacar a Armenia, aliado militar ruso, sin que Moscú pueda evitarlo y contribuyendo a que Turquía y Estados Unidos ganen influencia en la región. Al mismo tiempo, Kazajistán da señales de querer alejarse de Rusia acogiendo a los rusos que huyen de la movilización militar. Además, la inestabilidad en Asia Central está dando oportunidades a China para ganar peso en la zona.
Azerbaiyán y Georgia, los peligros del Cáucaso
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