El patrón oro es un régimen monetario en el que el valor de la moneda está respaldado por oro físico. El concepto se ha extendido a varios sistemas, como el uso comercial de monedas de oro, fijar el precio de la moneda al valor del oro o asociar cuánta moneda puede emitir un Estado a la cantidad de oro que tiene en sus reservas.
Aunque el oro empezó a usarse como moneda alrededor del año 650 a. C., el patrón oro apareció en 1819 en Reino Unido, cuando por primera vez este país fijó el valor de su moneda al del oro. El patrón oro se abandonó en 1971, cuando el presidente estadounidense Richard Nixon puso fin a la convertibilidad de los dólares estadounidenses en oro y pasó a un sistema monetario de dinero fiduciario, es decir, aquel que se basa en la confianza en su valor. Desde entonces, el valor de la moneda no ha estado basado en el valor de ningún otro bien físico, como el oro, sino solo en la confianza de sus usuarios.
Historia del patrón oro
El uso de monedas de oro y de otros metales ha sido común a lo largo de la historia y en diferentes culturas. Sin embargo, los monarcas solían depreciar el valor de la moneda para obtener financiación durante conflictos o para intentar corregir desequilibrios económicos. Además, las monedas se devaluaban por el uso o por prácticas como limarlas para extraer el oro. Para poner fin a esta práctica, en 1696 Inglaterra estandarizó la producción de monedas.
Con el auge del comercio internacional durante la Revolución Industrial, en 1819 Reino Unido estableció el patrón oro, asociando el valor de su moneda a una cantidad fija de oro. Le siguieron países como Alemania, Francia, Estados Unidos o Bélgica. Sin embargo, el patrón oro se suspendió varias veces por el excesivo gasto de los Estados, crisis económicas o conflictos como la Primera Guerra Mundial. Algunos países emitieron más dinero del que tenían respaldado por oro, lo que restó validez al sistema y produjo hiperinflación en países como Alemania. De aquí que el Reino Unido fuera también uno de los primeros países en abandonar el patrón oro en 1931.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se consolidó como primera potencia global y cambió el sistema monetario internacional. En virtud del acuerdo de Bretton Woods, la referencia para todas las monedas del mundo ya no sería el oro sino el dólar estadounidense, que a su vez tendría un valor respaldado por las reservas de oro de Estados Unidos. Se pasaba así de un patrón oro a un patrón dólar-oro.
El sistema de Bretton Woods daba a Estados Unidos una enorme influencia global, pero era insostenible. Fue comprimiendo poco a poco la economía estadounidense, incapaz de suministrar liquidez al mundo y al mismo tiempo mantener estable el equilibrio dólar-oro. Cuando a los ya numerosos problemas económicos del país se añadió la alta deuda estatal por la guerra de Vietnam, el presidente Nixon decidió suspender en 1971 la convertibilidad de los dólares al oro. Fue el fin definitivo del patrón oro y la llegada del sistema fiduciario.
Ventajas y desventajas del patrón oro
El patrón oro original se basaba en que la cantidad de dinero en circulación en una economía debía estar basada en la reserva de oro que el país tuviese. Al estar ambas relacionadas, la moneda tenía un valor fijo determinado por una cantidad fija de oro. Por ejemplo, en 1834 en Estados Unidos, el tipo de cambio era de 20,67 dólares la onza de oro. Asociar todas las monedas al peso del oro facilitó los intercambios y estimuló el comercio.
El sistema del patrón oro tenía varias ventajas, como una mayor estabilidad económica debido al respaldo físico del valor de la moneda. A no ser que el país emitiese más moneda de la que correspondía, como sucedió en la hiperinflación alemana de los años veinte, los precios se mantenían estables y la inflación no se disparaba. El patrón oro también limitaba el poder de los Gobiernos y los bancos sobre la moneda y reducía la incertidumbre en el mercado internacional.
Sin embargo, las desventajas del sistema eran importantes. Con el patrón oro las autoridades monetarias perdían una herramienta importante: no podían modificar la oferta de dinero, que permite controlar la inflación y suavizar las recesiones económicas. Romper la regla del patrón oro sobre el límite de emisión de moneda producía un grave aumento de la inflación y un desequilibrio de la balanza de pagos, como pasó cuando los Estados necesitaron más dinero para financiar la Primera Guerra Mundial. Además, al ser el oro una materia prima limitada, se producirían desequilibrios de poder entre aquellos países con mayor acceso o reservas de oro y los que tenían menos. Todo ello ha llevado a que hoy día ningún país mantenga el sistema del patrón oro.





