Escucha este artículo
Un orden internacional no dura para siempre. Ni siquiera los que parecen más estables y asentados. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, las monarquías europeas no imaginaban que el mundo que conocían llegaba a su fin. La rivalidad imperial y las alianzas los arrastraron hacia un conflicto que se convirtió en la primera guerra global de la historia. Cinco años que dejaron veinte millones de muertos, el fin de los imperios ruso, otomano y austrohúngaro, y las condiciones para una segunda guerra todavía más mortífera. Por desgracia, los mundos de 1914 y 2024 no son muy diferentes.
En la actualidad ha aumentado el riesgo de una tercera guerra mundial por el pragmatismo de los Estados, la creciente competición y militarismo y la degradación de Naciones Unidas, como muestran los conflictos de Ucrania, el Alto Karabaj o Gaza. Lo ha dicho el primer ministro polaco, Donald Tusk: “Estamos en una época de preguerra. No exagero”. Varias lecciones que se aprendieron en 1914 siguen siendo válidas. Un conflicto regional puede escalar con rapidez a uno mundial, la política interna de los países puede ser determinante y los regímenes tanto democráticos como autoritarios pueden caer. Por mucho que haya cambiado el mundo en un siglo, conviene recordarlas para no repetir los errores del pasado.
Dos órdenes internacionales en decadencia
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento