La Primera Guerra Mundial es la segunda guerra con más mortalidad de la historia reciente, y fue la más sangrienta en su momento para Europa. Aunque el grueso del conflicto se desarrolló en el Viejo Continente, tuvo importantes ramificaciones en los territorios coloniales de África y en Asia, extendiendo el conflicto por todo el planeta e involucrando a países no europeos como Japón, India, Australia, Sudáfrica o Estados Unidos, mucho de ellos por ser dependientes de los imperios coloniales europeos.
El Imperio ruso fue el Estado con mayor mortalidad absoluta, con 3,3 millones de muertos, en parte por intentar vencer a la potencia industrial alemana con la fuerza de los números, pero también por el desgaste en su retaguardia y los problemas internos que al final llevaron al colapso del Imperio, a la Revolución rusa y al surgimiento de la URSS. Y es que del total de muertos en Rusia, millón y medio (45%) fueron víctimas civiles, casi tantas como todas las muertes por el conflicto en Austria-Hungría.
No obstante, los países más afectados fueron Serbia, el Imperio otomano y Rumanía, que perdieron entre el 9% y el 16% de su población a causa de la mortalidad derivada de la Primera Guerra Mundial. Un conflicto con importantes diferencias en la mortalidad absoluta y relativa, especialmente en Europa.
En general, los países europeos (incluyendo a los otomanos) se vieron mucho más afectados que el resto durante la Primera Guerra Mundial, pero Nueva Zelanda tuvo una mortalidad relativa algo superior a la de Bélgica. Australia y Nueva Zelanda fueron protagonistas en la batalla de Dardanelos o de Galípoli, donde fueron duramente derrotadas. El enfrentamiento se ha convertido en un evento clave del imaginario de ambos Estados australes, que perdieron toda una generación de jóvenes en la batalla.
La mortalidad tampoco se repartió igual entre personal militar y civiles. Rusia fue el país con mayor número de muertos, pero el Imperio otomano tuvo la mayor mortalidad civil durante el conflicto con 2,15 millones de muertes (muchas víctimas del genocidio armenio), mientras que Alemania fue el país que más bajas militares sufrió, más de dos millones.
La IGM fue la primera guerra industrial a gran escala, sin embargo pervivieron estrategias militares antiguas, y el resultado fue una guerra muy sangrienta, con cerca de 20 millones de personas muertas, la mitad de ellas civiles. La contienda fue especialmente dura en el frente occidental, donde los ejércitos de ambos bandos quedaron rápidamente atascados en una guerra de trincheras donde morían miles de hombres para avanzar unos pocos metros.
Este escenario llevó a una larga guerra de desgaste, hasta el punto de que los 2 millones de soldados muertos en el bando alemán supusieron la rendición del país en el armisticio de Compiègne sin que los aliados hubiesen penetrado en sus fronteras.
Este tipo de guerra también llevó a batallas muy sangrientas. Por ejemplo, en la batalla de Somme (1916) hubo entre 1,12 y 1,21 millones de bajas (de los que en torno a un tercio se consideran fallecidos), una cifra equivalente al 45% de soldados caídos procedentes del Reino Unido durante todo el conflicto. Muchos países perdieron toda una generación de hombres jóvenes.