Mortalidad en la Primera Guerra Mundial

La mortalidad en Europa durante la Primera Guerra Mundial

Los países balcánicos fueron los más afectados de la Primera Guerra Mundial, el segundo conflicto con más mortalidad de la historia
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La Primera Guerra Mundial, también conocida como la Gran Guerra (1914-1918), fue un evento traumático que, pese al nombre, se libró principalmente en Europa, y se ha convertido en la segunda guerra más mortífera de la historia. El creciente nacionalismo, la movilización masiva de la población masculina y la industrialización generaron un nuevo tipo de conflicto en la que todavía chocaban tácticas y estrategias antiguas con tecnología de la guerra moderna. En resultado fue una masacre generalizada y el sacrificio de una generación de hombres jóvenes al servicio de la patria. Sin embargo, la mortalidad durante la I Guerra Mundial varió mucho a lo largo del mapa de Europa.

De entre los países beligerantes, los países balcánicos fueron los más afectados por la guerra: Serbia perdió al 16,115 de su población, el Imperio otomano al 13,72% o Rumanía al 9%. En la región, donde también se encuentra Montenegro, que solo perdió a un 0,6% de su población, la I Guerra Mundial fue la continuación de las guerras de los Balcanes, tres guerras (incluyendo la I Guerra Mundial) en la que los pequeños Estados balcánicos se repartieron y pelearon por los restos del de cadente Imperio otomano y posteriormente austrohúngaro.

El país con mayor número de bajas fue el Imperio ruso, con más de 3,3 millones de muertos. Sin embargo la alta mortalidad que causó la I Guerra Mundial en Rusia «solo» supuso la pérdida de un 1,89% de su población, siendo junto con Montenegro, Portugal y Bélgica uno de los países menos afectados demográficamente. No obstante, este conflicto supuso para el Imperio Ruso su desaparición: el zar acabaría muerto, el país perdiendo territorio y envuelto en una revolución y posterior guerra civil (fuera de las cifras de mortalidad de este gráfico). Finalmente, todo ello llevaría al nacimiento de la URSS en 1922.

Aunque en un primer momento el avance alemán fue rápido y pilló por sorpresa a franceses, belgas y rusos, la mezcla de tecnología moderna con tácticas anticuadas llevó pronto a un estancamiento de la guerra. Este estancamiento fue especialmente marcado en el frente occidental, donde se desarrolló una guerra de desgaste basada en las trincheras, con batallas en las que morían cientos de miles de hombres solo por avanzar unos metros de terreno.

Las alianzas de la Primera Guerra Mundial

Este es el caso de la batalla del Somme, donde en 1916 hubo entre 1,12 y 1,21 millones de bajas; o la batalla de Verdún (1916), con entre 755.000 y un millón de bajas. Otras batallas especialmente mortíferas fueron: la batalla de Cer, durante la invasión austrohúngara de Serbia (1914), con unas 650.000 bajas; las cuatro batallas de Ypres (1917) con al rededor de un millón; las batallas del Marne (1914) con 513.000; o la batalla de Galípoli, con otro medio millón.

El conflicto tuvo un efecto directo en la desaparición de toda una generación de hombres jóvenes en Europa. Pero la mortalidad no afectó por igual a ambos bandos de la guerra. Mientras que en bando aliado, encabezado por Reino Unido, Francia, Rusia y, más tarde, Estados Unidos hubo más de 9 millones de muertos, esto únicamente suponía un 1,19% de su población. Por su parte, en los imperios centrales encabezados por Alemania, Austria-Hungría y los otomanos hubo más de 7 millones de víctimas, pero estas representaban el 5% de su población.

Los cambios en las fronteras europeas entre 1914 y 2020

Así, una vez atascada la guerra quedaba por ver quien se desgastaba antes. Los Imperios plurinacionales ruso, otomano y austrohúngaro fueron colapsando más rápido por ese desgaste, y Alemania, viéndose cada vez más sola en el conflicto y también con un grandes pérdidas humanas (aunque menos que Francia), acabó aceptando una derrota sin que un solo soldado aliado pusiese un pie en Alemania, firmando el conocido como armisticio de Compiègne. Una derrota humillante que marcaría el futuro de Europa hasta nuestros días.

Lo que nos enseñó la Primera Guerra Mundial

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