Pocas cosas hacen más popular a un Gobierno que las victorias militares, y pocas provocan su caída como una derrota. Los azares bélicos han forjado imperios y encumbrado carreras políticas, pero también han hundido Estados, desatado revoluciones y causado debacles económicas. Rusia los ha vivido casi todos. Las guerras mundiales, la invasión soviética de Afganistán o los conflictos chechenos fueron puntos y aparte en su política, y ahora ofrecen pistas de lo que podría deparar la invasión de Ucrania.
Derrota clara: la Primera Guerra Mundial y Afganistán
La Primera Guerra Mundial desencadenó el colapso del Imperio ruso. El Estado zarista, ineficiente y atrasado frente a su adversario alemán, no estaba preparado para una guerra total como la que se desencadenó en 1914. Con ese trasfondo de crisis, en febrero de 1917 estalló una revolución que acabó con más de tres siglos de dinastía Románov. Las deserciones en masa y la insubordinación de regimientos enteros se sucedían y el hambre y la inflación arreciaban. Los bolcheviques, el partido que más denunciaba el conflicto y abogaba por la firma inmediata de la paz, se hicieron con el poder a finales de ese año y tras una ganar guerra civil, fundaron la Unión Soviética en 1922.
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