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La guerra en Ucrania avanza y en paralelo crece la presión sobre Latinoamérica para que apoye un bando. Por un lado, el canciller ruso Serguéi Lavrov visitó este mes Cuba, Venezuela y Nicaragua, aliados de Moscú, para consolidar sus lazos frente a las sanciones estadounidenses. La gira incluyó Brasil para fortalecer las relaciones comerciales. Por otra parte, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski habló ante el Congreso de Chile y México, del que pretende que lidere una cumbre para conseguir el apoyo regional.
Sin embargo, la mayoría de los Gobiernos latinoamericanos han sido ambiguos o distantes respecto a una guerra que les queda lejos, aunque les afecta. Al inicio del conflicto, más de veinte naciones condenaron la agresión rusa desde la Organización de Estados Americanos (OEA). La mayoría también lo hizo en la ONU. Pero después no ha habido movimientos sólidos más allá de la visita a Kiev del presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, o la posición del chileno Gabriel Boric contra el Kremlin. Ni siquiera la última Cumbre Iberoamericana el pasado marzo logró unanimidad para hacer mención expresa a Ucrania.
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