La evolución de los límites de Castilla a lo largo de la historia

Cartografía Geopolítica Europa

El mapa de los límites de Castilla a lo largo de la historia

Descripción del mapa

Castilla es un nombre recurrente en la historia, la política y la geografía de España. Pese a todo, es un topónimo de límites imprecisos en el mapa que han ido cambiando con el tiempo, los intereses políticos y la ideología.

El origen del topónimo de Castilla está a mediados del siglo IX, cuando una zona fronteriza entre la actual provincia de Burgos, Cantabria y País Vasco conocida hasta aquel momento como Bardulia —por el pueblo de los várdulos— y situada en el límite entre el Reino de Asturias, el Emirato de Córdoba y las tribus vasconas que se desplazaban hacia el oeste, se fortificó hasta el punto de ser llamada Castilla (literalmente, tierra de castillos). Fue en este lugar donde el contacto entre los dialectos vulgares del latín que hablaban las diferentes tribus y la influencia del vasco darían origen al idioma castellano, también llamado posteriormente español al convertirse en lengua franca.

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Ese pequeño territorio, a caballo entre el mar Cantábrico y el alto Ebro, acabó por convertirse en un poderoso condado que llegaba hasta el sistema Central y que después lograría su independencia de los reinos de León y Navarra como Reino de Castilla. Finalmente acabaría por unirse con el Reino de León para formar el Reino de Castilla y León, que, en su expansión hacia el sur e incorporando nuevos reinos, pasaría a ser más conocido como la Corona de Castilla.

Así conviven varias identificaciones sobre los límites geográficos del mapa de Castilla: la del pequeño condado del norte, la del reino y la de la extensa corona, a los que hay que sumar la del Reino de Toledo —uno de los reinos que componían la Corona de Castilla—, que popularmente acabo conociéndose como Castilla la Nueva pese a sus diferencias sociales y políticas con Castilla (la Vieja). Como añadido, todo esto tendría un nuevo giro en 1715, tras la guerra de sucesión española, cuando Castilla acabaría por asimilarse a España al extender su legislación y símbolos sobre la disuelta Corona de Aragón, lo que acabaría por distorsionar aún más el término.

La geopolítica de España

Tras la crisis nacional de identidad sufrida tras la derrota en la guerra de Cuba (1898), la generación del 98 situó a Castilla como la quintaesencia de España, la pieza central del país en términos geográficos y culturales. De esta concepción parte una identificación de Castilla con la Meseta Central ibérica, y ya no necesariamente con las unidades políticas históricas. Pero también de esta concepción surge una oposición entre Castilla (y el Gobierno de Madrid) y las regiones periféricas con sus regionalismos y nacionalismos, dando pie a la frecuente confusión entre la identidad castellana y española. En la actualidad las diferentes visiones de Castilla y su papel en España han acabado por marcar diferentes ejes ideológicos.

Hay dos corrientes principales sobre la definición de Castilla, con infinidad de definiciones mixtas. El pancastellanismo es un irredentismo que parte de los postulados de la generación del 98, considerando la Meseta Central ibérica como núcleo de Castilla, pero incorporando a esta las regiones históricamente castellanas de más allá de la Meseta, como Cantabria, La Rioja y Requena (Valencia). Tiene como momento clave el Pacto Federal Castellano de 1869.

Territorio del pancastellanismo

A este pancastellanismo se opuso la visión carreterista, más purista, que identificaba Castilla únicamente con el antiguo Condado de Castilla y las Extremaduras castellanas, dejando fuera la región de León, gran parte del Reino de Toledo y también lugares como Valladolid, Palencia o Madrid. Las diferentes variantes de esta corriente han venido a identificar Castilla únicamente con la antigua Castilla la Vieja.

¿Cuál es el modelo territorial de España y su reparto de competencias?

La visión mesetaria de Castilla fue la que se impuso en el proceso autonómico tras la aprobación de la Constitución de 1978. Mientras que las provincias históricamente castellanas pero no mesetarias de Logroño y Santander (actuales La Rioja y Cantabria) se convertían en comunidades autónomas independientes, otras provincias que pretendieron seguir el mismo camino, como Segovia o León, fueron forzadas a incorporarse en Castilla y León por interés nacional. Ambas provincias intentaron no pertenecer a Castilla y León por razones de base identitaria: León por negar su castellanidad y Segovia por defender una castellanidad más purista según el carreterismo. Además, se incorporaron otras provincias de discutida castellanidad como Albacete, Zamora o Salamanca, a la vez que también se escindía Madrid.

Visión de Castilla según el carreterismo

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