Evolución del desempleo juvenil en la Unión Europea

Cartografía Economía y Desarrollo Europa

La evolución del desempleo juvenil en la UE

Descripción del gráfico

La actual Unión Europea muestra una brecha clara en cuanto a desempleo juvenil se refiere: los países del sur comunitario, caso de España, Grecia, Italia o Portugal, presentan cifras más elevadas que sus vecinos del centro y el norte europeo, con datos mucho más moderados o incluso rozando el pleno empleo, como Alemania.

Estos datos, sin embargo, dicen muchas cosas sobre su sistema educativo, productivo e incluso político. Desde el plano de la educación, un elevado porcentaje de jóvenes que quieren pero no pueden trabajar apunta a graves carencias formativas en el sistema escolar y universitario, haciendo que estos sean incapaces de incorporarse al mercado laboral por carecer de las competencias necesarias. Sin embargo, también puede señalar al problema contrario: aunque una mejor formación esté relacionada con unos mayores ingresos, se puede dar el fenómeno de la sobrecualificación, esto es, que los jóvenes tienen una formación por encima de los puestos que se ofertan en el mercado de trabajo, por lo que muchos de ellos renuncian a trabajar en los mismos esperando poder encontrar un empleo acorde a sus estudios.

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Si observamos los datos desde la perspectiva económica, una cifra reducida de desempleo juvenil es positiva, ya que apunta a que la gran mayoría de jóvenes que así lo desean están trabajando, lo que permite mayor recaudación de impuestos y que estos recursos humanos ganen experiencia laboral. En ese sentido denota cierto dinamismo económico, ya que el país es capaz de incorporar al mercado laboral a trabajadores con poca experiencia.

En el lado opuesto, un país con una elevada tasa de desempleo juvenil indica una estructura productiva que ha hecho tope en su demanda laboral y que es incapaz de expandirse más, por lo que no crea más puestos de trabajo, o al menos no aquellos acorde a la formación y experiencia de los jóvenes. Incluso puede fomentar el fenómeno de los ninis: jóvenes que no trabajan porque no encuentran empleo o porque han perdido la esperanza de hacerlo, y que tampoco estudian porque han alcanzado un alto nivel formativo o porque consideran que mayor formación no les va a garantizar el trabajo que buscan.

La Europa nini: ni estudia ni trabaja

Con todo, por el momento estas cifras están lejos de su máximo en lo que va de siglo, especialmente en los países con economías más frágiles. Así, el récord en desempleo juvenil lo encontramos en Grecia, con un 61,6% en mayo del año 2013, mientras que España tuvo su pico en julio de ese mismo año, con un 55,9% de jóvenes que buscaban un trabajo pero no lo encontraban. Ambas cifras duplicaban la media comunitaria de aquella época, ya que en febrero de aquel año 2013 el paro de la juventud europea rozaba el 25%.

En todos ellos el impacto de la pandemia ha truncado la tendencia por la que este desempleo juvenil llevaba reduciéndose desde hacía algo más de cinco años, coincidiendo con el pico de la crisis económica originada en el año 2008. En el caso español, el país que actualmente lidera la Unión Europea en desempleo juvenil, este alza en más de diez puntos en apenas muchos meses está relacionada con el fuerte impacto de la crisis sanitaria en sectores como el turismo o la hostelería, de gran peso en la economía española tanto en términos de PIB como de empleo.

El peso del turismo en el PIB y el empleo

Las consecuencias de estas disparidades son claras y especialmente graves en los países más afectados. Una juventud que no puede incorporarse al mercado de trabajo implica que un segmento de la población no está adquiriendo experiencia laboral, o lo hace de forma muy irregular considerando las constantes entradas y salidas mediante becas o contratos temporales. Esto deriva en una considerable precariedad laboral y económica, con inestabilidad en sus empleos y bajo poder adquisitivo. Incluso, esta situación puede derivar en la llamada fuga de cerebros: profesionales con alta cualificación que, cansados de las malas condiciones de su país natal, deciden emigrar a otros donde las oportunidades laborales y económicas son mucho mejores. Los países que sufren este fenómeno quedan muy debilitados, especialmente en el mundo científico, al perder profesionales de gran valor.

Hasta en el largo plazo tiene consecuencias, especialmente en aquellos sistemas de pensiones fundamentados en la solidaridad intergeneracional: si los jóvenes de hoy no pueden incorporarse de manera normal al mercado laboral, las pensiones del futuro cercano estarán en una posición de mayor vulnerabilidad al depender de las rentas y el trabajo de estos jóvenes.

¿Cómo sostener los sistemas de pensiones?

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