Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), una persona parada es aquella que no tiene empleo, que está buscando uno y que está disponible para trabajar. Sin embargo, la realidad es que el desempleo es un fenómeno complejo que va más allá de la población parada y que se traduce también en otras situaciones que limitan la fuerza laboral de muchos países de la Unión Europea.
Es el caso, por ejemplo, de las personas que podrían ocupar un puesto de trabajo pero no están buscando empleo, o de aquellas que se encuentran subempledas. Es decir, de las que trabajan menos horas de lo que desearían —empleados a media jornada que aspiran a una completa, por ejemplo—, una situación que en la Unión Europea afecta a casi un 3% de la fuerza laboral, pero que se reproduce con más fuerza en algunos países con problemas estructurales de empleo como España, Italia o Grecia.
Así lo indican los datos que ha publicado Eurostat recientemente, que señalan que a mediados de 2021 un 14,5% de la fuerza laboral de la Unión Europea se encontraba en alguna circunstancia relacionada con la falta de empleo. Eurostat se refiere a este indicador como holgura del mercado de trabajo, una estadística que cubre todas las necesidades de empleo insatisfechas que se registran en el espacio comunitario y que tiene en cuenta tanto a la población activa que se encuentra en paro o subempleada como a la población inactiva que podría trabajar pero que, por algún motivo, no lo hace.
Bajo esta perspectiva, el sur de Europa es la zona que peores estadísticas arroja. España es de hecho el país que sale peor parado, con un 24,9% de su fuerza laboral extensa –aquella que tiene entre 15 y 74 años– sufriendo la falta de empleo en alguna de sus variables, seguida de Italia —23,6%— y Grecia —23,2%—.
Cada uno, sin embargo, presenta estructura de desempleo diferentes: Grecia, por ejemplo, tiene una tasa de desempleo más alta que España, pero también un porcentaje de subempleo menor. En Italia, por su parte, destaca el grupo de población que podría trabajar pero que no está buscando empleo —un 12% de la fuerza laboral—.
Este último grupo suele escapar de las estimaciones oficiales de paro, pero es lo suficientemente numeroso como para ser tenido en cuenta. En la UE, de media, el 2,9% de la población activa extensa está subempleada a jornada parcial, mientras que el desempleo alcanza al 7%.
Se trata además de un problema que no se ceba únicamente con los países mediterráneos, sino que el norte del continente también destaca por la importante cantidad de trabajadores que tienen subempleados. Es el caso de Suecia, Finlandia o Irlanda, donde tienen unas tasas de paro por encima de la media comunitaria y además hay un 4% de la fuerza laboral que trabaja menos horas de las que desearía.
Malta, Chequia, Polonia y Hungría son, por su parte, los países de la Unión Europea donde menor holgura o falta de empleo se registra en el mercado laboral. Se trata de Estados donde apenas hay personas trabajando menos horas de las que desearían y donde el porcentaje de personas paradas en el sentido estricto no supera el 4%.