Las mujeres están retrasando la edad a la que son madres por primera vez, una dinámica especialmente pronunciada en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde en las últimas décadas el primer embarazo se ha pospuesto entre dos y cuatro años. Al retraso de la maternidad se suma el descenso de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida, lo que está provocando que el mundo envejezca y la tasa de reemplazo generacional peligre, a excepción del África subsahariana.
Según datos recopilados por la OCDE en 2017, Corea del Sur es el país miembro donde las mujeres esperan más para concebir a su primer hijo, 32,6 años, seguido de Irlanda y España, ambos con 32,1 años. En el extremo opuesto se sitúan los países de Europa del este, concretamente Hungría, Polonia, Rumanía y Bulgaria, donde las mujeres son madres antes de los treinta. A pesar de ser cifras muy lejanas a las de África y Asia ―en Angola, Bangladés, Chad y Mali el dato no llega a los veinte años―, es evidente que la incorporación de la mujer al mercado laboral y el desarrollo económico influyen en la edad a la que las mujeres deciden tener su primer hijo.
En Estados Unidos, por ejemplo, las mujeres que poseen un título universitario son madres siete años de media más tarde, el lapso de tiempo que dedican a construir sus carreras e ingresos, lo cual también está ligado al nivel adquisitivo de sus familias. En España, donde las mujeres son madres cinco años más tarde de lo que querrían, la precarización del trabajo y la devaluación de los salarios también ha provocado que las trabajadoras retrasen su primer embarazo. De esta forma, la seguridad económica y la carrera profesional son los principales factores que obstaculizan la maternidad.







