Rusia, el país más grande del mundo, tiene un PIB a medio camino entre el de España e Italia, pero a diferencia de estos su economía no está muy diversificada, y se fundamenta en la exportación de materias primas poco o nada transformadas. Y muchas de ellas, como los hidrocarburos, los minerales o el trigo, son estratégicas. Rusia, como otros países, emplea el comercio como herramienta diplomática y de coacción, generando un mapa de dependencias que puede aprovechar en su beneficio.
Las mayor influencia comercial de Rusia (tanto de importaciones como de exportaciones) se da en el mapa del espacio postsoviético, donde todos los países tienen una dependencia con el país euroasiático de más del 8% del valor total de su comercio de bienes, incluyendo los países bálticos. Rusia sigue siendo, en este sentido, la gran potencia regional.
No obstante, hay importantes diferencias entre unos Estados y otros. Mientras que en Bielorrusia el 47,5% del comercio de bienes depende de su relación con Rusia, en Ucrania esta cifra solo suponía —antes de la invasión rusa— el 8,5%, siendo el país postsoviético más alejado de la órbita comercial de Moscú pese a que también se trata del país de su zona de influencia con mayor población y PIB.
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