La invasión rusa de Ucrania ha hecho saltar por los aires las relaciones comerciales entre la Unión Europea, Ucrania y Rusia y sus aliados de la Unión Económica Euroasiática (UEEA). Hasta este momento, las dependencias mutuas han sido inmensas, y, aún con las sanciones aplicadas, lo siguen siendo, con una balanza comercial que se inclina desde Ucrania y la Unión Europea hacia Rusia.
Durante las últimas décadas, la Unión Europea siguió una política de apaciguamiento de Rusia mediante las relaciones comerciales, buscando que una mayor integración entre el bloque comunitario y el coloso euroasiático rebajase las tensiones. Sin embargo, ya se había visto que esta política estaba resultando contraproducente, ya que Rusia ha presionado sistemáticamente con el gas a la UE para lograr sus intereses, lo que ha paralizado la política exterior comunitaria, especialmente por la inacción alemana.
Así, la importancia de los hidrocarburos (petróleo y gas natural) en las exportaciones de Rusia ha garantizado a Moscú una balanza comercial positiva que logró esquivar las sanciones de 2014 tras la anexión de Crimea. De momento, también lo está consiguiendo en 2022 tras la invasión de Ucrania. Y es que casi la mitad del valor de las exportaciones rusas a la Unión Europea, un 48%, se concentran en el gas y el petróleo. Por este motivo, las sanciones en el periodo 2014-2018 fueron limitadas, y Rusia las aprovechó para reindustrializar el país por sustitución de las importaciones.
En este contexto, Moscú ha dirigido buena parte de su política exterior teniendo en cuenta la importancia del gas. Primero con proyectos de gasoductos como el Nord Stream 2, que antes de su cancelación iba a permitir a Rusia llegar directamente al mercado alemán puenteando a Bielorrusia, Polonia o Ucrania, lo que facilitaba a su vez la influencia directa en la política alemana y su capacidad para presionar con cortes de suministro en los países intermedios sin comprometer sus beneficios. Y, en segundo lugar, con...