Entre Canadá y Estados Unidos se extiende la frontera más larga del mundo. Es mucho más que un simple límite territorial: como una de las fronteras más integradas del mundo, es un eje vital de intercambios económicos, culturales y políticos entre los vecinos. Es, además, muestra de las buenas relaciones que mantienen los dos grandes Estados de Norteamérica, pues no está militarizada en ningún punto de sus 8.891 kilómetros. Al menos, así ha sido hasta la vuelta de Trump, que ha tensado las relaciones entre dos países unidos por más de cien pasos fronterizos que se extienden desde el océano Pacífico hasta el Atlántico y por los que diariamente cruzan personas, recursos y mercancías.
La frontera entre estos dos países se estableció en tiempos de la Europa colonial y se ha ido construyendo sobre episodios bélicos. De hecho, se delimitó tras la guerra de independencia de Estados Unidos, cuando Canadá era una colonia británica, con la firma del Tratado de París de 1783. Este primer límite se fue matizando con los años y se afianzó a partir de la guerra de 1812, tras el intento de conquista de Canadá por parte de los estadounidenses.
A pesar de que se ha mantenido estable desde entonces, y ante las posibles ambigüedades en la demarcación territorial, en 1908 se confirmarían de nuevo sus límites mediante un tratado fronterizo entre Estados Unidos y el monarca británico. Este tratado es el que sigue vigente en la actualidad y no sufrió cambios tras la independencia de Canadá.
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