Cuando se piensa en los países vecinos de Estados Unidos, en pocas ocasiones se suele poner el foco en Rusia. Sin embargo, ambas potencias pueden considerarse prácticamente fronterizas gracias al estrecho de Bering, un paso marítimo de apenas 83 kilómetros de ancho que separa el extremo más oriental de Rusia, en la península de Chukotka, del más occidental de Norteamérica, en Alaska.
De hecho, es posible cruzar andando de un país a otro, al menos durante una época del año. Las Diómedes, dos pequeñas islas que pertenecen por separado a cada país —Diómedes Menor a EE.UU. y Diómedes Mayor a Rusia— están unidas por el hielo en los meses de invierno, cuando el mar permanece congelado. Cruzarlas, eso sí, es en la práctica ilegal, ya que no existe una aduana.
Además, y a pesar de estar en el mismo archipiélago y a una distancia de tan solo cuatro kilómetros de agua, ambas islas también están separadas por la línea internacional de cambio de fecha, lo que dar lugar a una diferencia horaria de 21 horas entre ambos territorios.
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