El mapa de los desiertos del mundo

Cerca de 1.000 millones de personas viven en regiones desérticas. Su valor estratégico está creciendo con el avance del cambio climático
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Mapa de los desiertos del mundo

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Aunque son la superficie terrestre más extensa del planeta, a menudo los desiertos son descartados como espacios inhóspitos y vacíos, sin relevancia geopolítica. Sin embargo, la realidad es que son territorios con mucha importancia en el orden político y económico global. En ellos se proyectan intereses económicos, energéticos y territoriales que afectan a la estabilidad de regiones enteras. Además, su valor estratégico aumenta con el avance del cambio climático, haciendo de estos espacios áridos escenarios clave.

Un desierto es un territorio con muy poca lluvia al año, normalmente menos de 250 mm anuales. Son territorios extremadamente áridos, donde la falta de agua resulta en poca vegetación y vida animal. A pesar de estas condiciones, cerca de mil millones de personas viven en desiertos y regiones desérticas. Lo que es más, juegan un papel clave en la ecología ya que absorben y almacenan dióxido de carbono, regulando la temperatura global. 

Las definiciones de los tipos de desiertos varían, pero normalmente se organizan en cálidos y desiertos fríos. Los desiertos cálidos suelen tener temperaturas muy altas durante el día, llegando a más de 50 °C, y la vida está adaptada a unas condiciones de calor extremas. Por otro lado, los desiertos fríos están ubicados en territorios con mayor altitud y tienen temperaturas muy bajas de media, aunque algunos, como el desierto del Gobi, puede llegar a los 45 °C en verano.

Además, en los desiertos fríos, la precipitación cae en su mayor parte en forma de nieve. Algunas definiciones también consideran el Ártico y la Antártida como desiertos fríos o desiertos polares por su baja precipitación, aunque sus condiciones polares son muy distintas de las de los desiertos fríos continentales.

Fronteras imposibles

A lo largo de la historia, los desiertos han sido zonas de paso y rutas de comercio esenciales. Por ejemplo, durante siglos, el desierto de Néguev, en el sur del actual Israel, fue una próspera región de tránsito y comercio en la llamada “ruta del incienso”, entre el Mediterráneo y la península arábiga. Por otro lado, las fronteras que atraviesan los desiertos son especialmente complicadas de trazar y controlar. Esto se debe a la inmensidad del territorio, la ausencia de referentes estables, y las vastas extensiones vacías. 

Las fronteras que cruzan el desierto del Sáhara —herencia de los poderes coloniales que delimitaron el territorio sin conocimientos del terreno— son en la práctica fronteras porosas, ambiguas y con poca autoridad estatal. La ausencia de infraestructura, la distancia de los centros de poder y la marginación de las comunidades nómadas han dado espacio a redes transnacionales de clanes, grupos armados y organizaciones ilícitas. 

 

El mapa físico de Sahel def

 

En este contexto, el Sáhara funciona como una frontera porosa no sólo entre países africanos como Marruecos, Argelia, Níger, Sudán o Mauritania, sino también entre África y Europa, al ser una ruta migratoria clave hacia el Mediterráneo. La falta de soberanía clara y la enormidad del territorio inundan el desierto de caravanas de migrantes, contrabandistas y traficantes. Según un estudio de Acnur, se calcula que mueren más del doble de migrantes cruzando el desierto del Sáhara que en el Mediterráneo.

De hecho, el desierto del Sáhara se ha convertido en un foco clave para las políticas antiinmigratorias de la Unión Europea, que ha firmado acuerdos de cooperación con países de tránsito en las rutas migratorias hacia el continente. Esto ha incrementado la militarización en las regiones fronterizas del desierto, y aumentado las operaciones clandestinas para gestionar los flujos migratorios. Estas operaciones están destinadas a detener, deportar y abandonar en zonas desérticas a miles de migrantes subsaharianos como medida disuasoria para desalentar futuros intentos de cruce hacia Europa.

Pero el Sáhara no es un caso único. El desierto de Sonora, que se extiende por parte de California, Arizona y el norte de México, es otra región fronteriza por la que miles de personas migrantes y solicitantes de asilo intentan cruzar a pie hasta Estados Unidos. Esta es una de las rutas terrestres más mortíferas jamás registrada, además de aparecer de forma recurrente en el discurso político en Washington. La militarización de las fronteras y la construcción del muro fronterizo han empujado a los migrantes a cruzar por zonas cada vez más remotas y peligrosas. 

 

Mapa frontera México Estados Unidos

 

Por otro lado, las fronteras nacionales trazadas arbitrariamente a través de los desiertos son invisibles para muchos habitantes de estas regiones. Pueblos nómadas como los tuareg o los tubu siguen moviéndose libremente entre países como Mali, Níger, Argelia o Libia, ignorando límites estatales que fragmentan sus rutas y familias. Estas divisiones, heredadas del colonialismo, generan conflictos sobre ciudadanía, control territorial y seguridad, ya que muchos de estos grupos viven fuera de las estructuras formales del Estado.

De esta manera, los desiertos producen fronteras porosas, difíciles de controlar y mantener, convirtiéndose en espacios donde la autoridad estatal se diluye y las dinámicas locales, migratorias e internacionales adquieren un peso decisivo.

Recursos estratégicos y cambio climático

Los desiertos también son fuentes de recursos naturales clave en conflictos internacionales y esenciales para la transición energética. El mejor ejemplo es Marruecos y su control casi total del fosfato del desierto del Sáhara. El fosfato es fundamental para la producción de fertilizantes, a su vez esenciales para la agricultura y la alimentación global. La ocupación del Sáhara Occidental desde 1975 permite a Marruecos controlar el 72% de las reservas globales. 

La creciente dependencia mundial de los fertilizantes y la escasez de fosfato han reforzado el control de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y su apoyo internacional. Aunque este recurso es un factor clave, el apoyo internacional también se debe al papel estratégico de Marruecos en el control de las rutas migratorias hacia Europa y en la estabilidad regional del norte de África.

 

Geopolítica del Sáhara Occidental

 

Por otro lado, en el desierto de Atacama, en Chile, se encuentra la reserva de litio más concentrada y una de las más grandes del planeta. El llamado “oro blanco” es crucial en la fabricación de baterías eléctricas, dispositivos electrónicos y sistemas de energías renovables. La transición energética y la carrera tecnológica han puesto el litio en el punto de mira global y en el centro de una lucha geopolítica.

China es el primer destino de la mayoría de las exportaciones y el país que más litio consume, algo que EE. UU. ha empezado a considerar como un asunto de seguridad nacional. Respondiendo a la presencia de China en la región, EE. UU. ha comenzado a ejercer presión sobre Chile intentando bloquear inversiones chinas en las reservas de litio. 

Además del fosfato y el litio, los desiertos reciben muchas horas de sol, por lo que representan lugares ideales para proyectos de energía solar, como los del desierto de Thar, en India, o en el desierto de Mojave, en California. A esto se le suman los yacimientos de uranio en los desiertos de Asia Central y Namibia, que son fundamentales para la producción de energía nuclear. En conjunto, estos recursos consolidan a los desiertos como espacios esenciales para el futuro energético y económico del planeta.

Sin embargo, el cambio climático también plantea grandes desafíos para los desiertos, principalmente el avance de la propia desertificación. La desertificación es un proceso de degradación en el que el suelo fértil pierde su capacidad de producción, expandiendo los desiertos.

En los desiertos y sus márgenes, el extractivismo, sobreexplotación de los suelos, la deforestación y el cambio climático debilitan los ecosistemas de dunas y aceleran la pérdida de vegetación y la erosión, provocando que las áreas habitables se vuelvan más secas y menos productivas. Por ejemplo, en regiones como el Sahel, la expansión del desierto ha limitado el acceso a recursos y agravado la inseguridad alimentaria, generando inestabilidad política, conflictos y migración interna al debilitar los sistemas socioeconómicos locales.

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