El canal de Suez es una arteria vital para la economía global. Se trata de una vía abierta, sin esclusas, por la que cruza aproximadamente el 12% del comercio mundial. Su importancia estratégica recae en su geografía: situado en la zona más estrecha de la península del Sinaí, en Egipto, es la puerta que conecta el mar Rojo con el Mediterráneo.
Este paso entre Asia y Europa es un atajo clave en la ruta comercial que une los puertos y las fábricas del este de China con el Mediterráneo a través de Singapur y el estrecho de Malaca. Antes de que se construyese el canal de Suez entre 1859 y 1869, los barcos tenían que rodear toda la costa africana por el cabo de Buena Esperanza, por lo que Suez supuso una revolución en tiempo y transporte para convertirse en una parada de vital importancia en la cadena de suministro internacional.
A la par que una zona de gran poder estratégico, también es un punto geográfico delicado: es uno de los principales chokepoints o cuellos de botella que existen en el mundo, junto con el estrecho de Malaca, el canal de Panamá o el estrecho de Bab al Mandeb. Son puntos de estrangulamiento en los que las rutas globales de navegación se estrechan por razones geográficas y en los que los barcos se ven a menudo obligados a formar una línea para cruzar. Esto implica que cualquier imprevisto o inconveniente en esta zona puede acarrear atascos e importantes consecuencias económicas.
En el caso del canal de Suez, son varios los momentos en los que se han producido bloqueos —tanto planeados como sobrevenidos—. El más reciente ocurrió en 2021, cuando el buque Ever Given encalló al poco de entrar en el canal desde el mar Rojo. Este incidente provocó un bloqueo de una semana que impidió el paso de casi 400 barcos, inmovilizando mercancías por un valor estimado de 9.600 millones de dólares al día.
Los otros dos grandes bloqueos del canal han sido fruto de conflictos regionales. El primero se enmarcó dentro de la guerra del Sinaí de 1956. Hasta ese mismo año, ...