El enorme crecimiento económico que ha experimentado China en los últimos 25 años no habría sido posible sin los hidrocarburos que se extraen de los ricos yacimientos del golfo Pérsico. Cantidades ingentes de gas y petróleo que, casi sin excepción, atraviesan un angosto paso marítimo situado entre las costas de Malasia e Indonesia con destino al gigante asiático: el estrecho de Malaca.
Este enclave constituye la ruta marítima más corta entre el océano Índico y el Pacífico, pero también el punto estratégico más importante para seguir alimentando los centros productivos del sudeste asiático, sedientos del combustible que se localiza en Oriente Próximo. Hoy, el estrecho de Malaca es el cuello de botella por el que más volumen de crudo y derivados del petróleo se trasporta cada año, superando al propio estrecho de Ormuz, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
En el caso concreto de China, cerca del el 80% del crudo que consume el país atraviesa el paso de Malaca, una cifra demasiado importante para que el gigante asiático deje al azar lo que ocurre en estas aguas. El estrecho, que mide unos 800 kilómetros de largo y apenas alcanza los 65 km de ancho en su parte más estrecha, se ha convertido de hecho en uno de los puntos clave de la estrategia marítima china y de su red global de puertos.
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