En 2001, el precio medio del litro de gasolina rondaba los 0,60 dólares en todo el mundo y llenar el depósito de un coche familiar costaba alrededor de 30 dólares. En 2021, el litro de gasoil se había disparado hasta los 1,20 dólares, mientras que los 30 dólares que antes servían para repostar al completo un turismo veinte años después solo daban para medio tanque.
Este encarecimiento del combustible se enmarca dentro de la crisis energética global que, tras el colapso producido por la pandemia de coronavirus, incrementó el precio del barril de brent —crudo que se extrae principalmente del mar del Norte y que sirve de referencia en los mercados europeos— hasta su valor más alto de los últimos siete años, 86 dólares,
La invasión de Ucrania en marzo de 2022 empujó los precios aún más arriba, hasta los 128 dólares en marzo —récord desde 2008—. Y si bien es cierto que desde entonces el precio del barril de brent se ha moderado, los niveles de 2023 han seguido habitualmente por encima de los 80 dólares.
Pero ¿cuál es realmente la razón de este encarecimiento del petróleo? ¿Acaso la transición energética no iba a convertirlo en un combustible desfasado? Parte de la culpa la tiene en efecto la pandemia, que tumbó la demanda de combustible en todo el mundo para luego recuperarla súbitamente, creando cuellos de botella y tensionando las cadenas de suministro globales. También la guerra en Ucrania, que implica a Rusia, uno de los grandes productores globales de crudo. Sin embargo, hay causas cuyo origen se remonta a varios años atrás.
¿Qué países son los principales productores de petróleo del mundo?
La apuesta por las renovables ha provocado que muchos inversores abandonen el sector petrolero cuando aún la mayor parte del mundo depende de los combustibles fósiles para seguir funcionando, y mientras la producción de energía limpia aún está cogiendo ritmo. Esta falta de inversión en materias primas tradicionales —gas, carbón, petróleo, metales…— ha aumentado la presión sobre la infraestructura en funcionamiento y los precios lo están reflejando.
En el caso del petróleo no se trata ni mucho menos de una crisis sin precedentes. Más bien al contrario: la evolución del precio del petróleo, que refleja los costes del crudo, del transporte, de la distribución y el impacto de los impuestos, se asemeja al de una montaña rusa desde 2001, con subidas y caídas vertiginosas. Muchas de ellas fueron a consecuencia de conflictos militares motivados, precisamente, por la presencia de hidrocarburos, sobre todo en Oriente Próximo. Es la geopolítica del petróleo, sin la cual no podría entenderse la política exterior de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial o la tensión que se vive en el golfo Pérsico.
El mapa de los grandes yacimientos de petróleo y gas en el mundo
La mayor subida del barril de brent sucedió a principios de siglo, a tenor del aumento feroz de la demanda —especialmente de China— y la inestabilidad en Oriente Próximo, cuando pasó de valer 17 dólares a finales de 2001 a alcanzar los 146 dólares en 2008. Ese mismo año el estallido de la crisis financiera sacudió los mercados de todo el mundo y tumbó los precios del oro negro, que poco a poco fueron recuperando terreno hasta que en 2014 un nuevo desajuste entre oferta y demanda volvió a desplomarlos.
El empleo de nuevas técnicas como el fracking en Norteamérica y la estabilización de algunos conflictos problemáticos para la cadena de suministro —guerra en Libia, ISIS en Irak, sanciones a Irán…— dieron lugar a un boom en la producción de petróleo que, sin embargo, se vio acompañado de un descenso en la demanda de Asia y Europa, lo que provocó que el precio del barril de brent bajara hasta los 28 dólares a finales de 2015.
Del crudo al diésel: ¿cómo consigue la Unión Europea su combustible?
Una nueva situación de sobreoferta en 2018 y la llegada de la pandemia frustraron la recuperación del crudo, aunque la concatenación de varias crisis en los años más recientes ha vuelto a levantar la curva de la evolución del precio del petróleo.



