Rusia es un gigante atrapado entre China, la Unión Europea y el océano Ártico. Con complicadas salidas al mar y a las rutas comerciales, Rusia depende de los dos colosos económicos de sus extremos para exportar sus productos e importar bienes.
En conjunto, China y la Unión Europea son el destino de más de la mitad de las exportaciones rusas por valor comercial: al segundo le llegan el 39% de las bienes que comercializa Rusia en el exterior, mientras que el gigante asiático acapara un 14%. En comparación, la Unión Económica Euroasiática (UEEA), el bloque económico liderado por Rusia, apenas alcanza un 9%, y de ellos más de la mitad se corresponden solamente a Bielorrusia, una cifra unas décimas superiores a las de las exportaciones rusas a EE. UU. El resto del comercio ruso está muy repartido entre múltiples países.
En este sentido, existe una clara diferencia geográfica entre la actividad comercial de la mitad occidental del país y su zona oriental. La parte occidental se vuelca al comercio con Europa y el bloque comunitario, mientras que la oriental tiene a China como su principal cliente. Pero esta división no es solo geográfica, sino que también esconde diferencias de dependencia económica, de tipos de bienes exportados y de los sistemas económicos que rigen cada óblast o región del país.
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