La evolución de los aranceles en el mundo

El 60% del comercio mundial transita en la actualidad sin ningún tipo de tarifa. La vuelta de Trump amenaza el modelo globalizador
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Los planes arancelarios de Donald Trump están marcados por las idas y venidas. Lo que al inicio del nuevo mandato en enero de 2025 pareció una guerra comercial abierta y descarnada, colocando desorbitados aranceles a buena parte del mundo, se está convirtiendo en un tira y afloja con los grandes actores internacionales. Los aranceles del 125% a China han quedado reducidos a un 10% tras las últimas conversaciones, y las tasas del 50% a la Unión Europea están en stand by hasta julio a la espera de negociaciones con el bloque. 

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El presidente de Estados Unidos empezó su segunda legislatura cargando contra las dinámicas comerciales que han dominado los mercados internacionales en los últimos tiempos. Mientras el mundo lleva casi tres décadas disminuyendo trabas al libre comercio, el pasado enero Trump puso en marcha la maquinaria arancelaria que ya activó —aunque en menor medida— durante su primer mandato. Sin embargo, a finales de mayo el Tribunal de Comercio de Estados Unidos ha declarado ilegales la mayoría de tarifas aprobadas por el magnate tras su regreso al poder. 

Los aranceles han sido durante décadas la principal herramienta de los países para influir en las dinámicas comerciales y defender el producto nacional. Ese ha sido el principal argumento del magante neoyorkino, a pesar de que Estados Unidos ha sido el principal promotor de la globalización y de los modelos comerciales basados en la reducción de tarifas.  

La realidad es que el volumen del comercio mundial es unas 45 veces mayor que hace más de medio siglo. La era del proteccionismo se dejó atrás con el fin de la Segunda Guerra Mundial. El periodo de repliegue nacional iniciado durante la Gran Depresión —un intento de proteger las frágiles economías del momento— llegó a su fin con la creación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), auspiciado por una joven ONU en 1947. El mundo vivió entonces un punto de inflexión: el camino a seguir ahora era el de la reducción de las barreras comerciales. 

La cooperación económica internacional fue el botón de reanudar que necesitaba la globalización después de 1945. Los aranceles se redujeron casi un 40% después de la Segunda Guerra Mundial y la disminución ha sido progresiva al punto que en torno al 60% del comercio mundial en la actualidad transita sin ningún tipo de arancel. 

Esto no quiere decir que no existan periodos de subidas arancelarias o momentos donde el proteccionismo haya resurgido en menor medida, como en el primer mandato de Trump. De hecho, a pesar de la creación del GATT y de la gran reducción arancelaria tras la guerra, la división del mundo en bloques durante la Guerra Fría fue un freno para el libre comercio en buena parte del globo. 

La competición comercial entre China y Estados Unidos

Es tras la disolución de la Unión Soviética y la creación de nuevas organizaciones de cooperación económica cuando la liberalización comercial comienza a ser rampante. Cinco años después de la caída del telón de acero nace la Organización Mundial del Comercio (OMC) en la ronda de negociación de Uruguay auspiciada por el GATT. Esto crearía un nuevo marco para el libre comercio y una nueva red que impulsó, de media, el comercio entre sus miembros en un 140%

A nivel regional también estaban floreciendo nuevos acuerdos de cooperación, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Estados Unidos, México y Canadá en 1994, que apuntaló la fuerte relación comercial entre los tres países vecinos. En 1992, el Tratado de Maastricht apuntaló la unión económica y política de la Unión Europea.

Así pues, si la caída de la URSS en 1991 se produce entre aranceles de 14%, en cosa de una década la cifra estaba ya en torno al 7%. 2001 es precisamente uno de los años donde la tendencia cambia momentáneamente: es el año en el que China ingresa en la Organización Mundial del Comercio y ante el boom que suponía la entrada en el mercado del gigante asiático saltaron las alarmas. La subida fue moderada y breve, pasando de un 7% a un 8% por ciento, para volver a bajar en 2003.  

Tanto la contención en ese momento, como la respuesta global en términos arancelarios a la crisis de 2008, son ejemplo de las sólidas bases que la cooperación con la OMC ha sentado. De hecho, a diferencia de lo ocurrido con el crack del 29 y la Gran Depresión, la crisis de 2008 no supuso una vuelta al proteccionismo sino que la media de aranceles a nivel mundial se mantuvo estable, oscilando entre tasas del 4,7% y el 4,1% durante los años de la recesión

Sin embargo, en los últimos años el modelo globalizador también ha dado muestras de debilidad y agotamiento. La deslocalización ha traído consigo la pérdida de empleos en países desarrollados, a la par que no se ha solventando precarización de los empleos en los países destino de esas empresas. Mientras, el modelo just-in-time, fundamentado en una gran dependencia de las cadenas de suministro globales, ha demostrado ser extremadamente sensible a eventos como la pandemia de coronavirus o la invasión de Ucrania.

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