Los conflictos geopolíticos han marcado la historia de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, ninguno ha sido tan destacado como el de Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. A lo largo de cuatro décadas, las dos superpotencias rivalizaron en cada cita olímpica para demostrar la superioridad de sus sistemas.
El enfrentamiento olímpico entre Washington y Moscú comenzó con el debut de la URSS en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952. Hasta entonces, los soviéticos habían rechazado participar en los Juegos, ya que los consideraban una competición burguesa, capitalista y occidental. En su lugar, la Unión Soviética promovió en un par de ocasiones su propio certamen, la Espartaquiada Internacional, en 1928 y 1931.
Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, Stalin decidió integrar a la URSS en los Juegos Olímpicos para impulsar su imagen internacional y competir directamente con el país norteamericano. En su primera participación, la delegación soviética se vio superada por los estadounidenses en el medallero. Desde entonces, la rivalidad olímpica entre las dos superpotencias se caracterizó por el dominio de la URSS.
De hecho, desde 1956 hasta 1988, Estados Unidos solamente quedó por delante de la Unión Soviética en dos ocasiones: Tokio 1964 y Ciudad de México 1968. En total, la URSS cosechó un total de 1.010 medallas olímpicas, 395 de oro. Por su parte, Estados Unidos sumó 874 preseas –376 de oro– en ese mismo período.
La rivalidad deportiva entre Estados Unidos y la Unión Soviética dejó algunos de los episodios más memorables de la historia olímpica. En 1972, la selección soviética de baloncesto masculino derrotó en la final a Estados Unidos contra todo pronóstico, ya que los estadounidenses acumulaban siete oros consecutivos y 63 victorias. La URSS terminó con el invicto norteamericano con una canasta en el último segundo, después de que el partido se reanudara en tres ocasiones.
¿Cuántas medallas tiene cada país en los Juegos Olímpicos? Aquí, la lista completa
Tal fue la proeza que el líder soviético, Leonid Brézhnev, llegó a afirmar: “Ahora sé que Dios existe”. Sin embargo, los estadounidenses se tomarían la revancha en los Juegos Olímpicos de Invierno de Lake Placid, Nueva York, en 1980. En aquella ocasión, Estados Unidos remontó a la Unión Soviética en la final de hockey sobre hielo, donde los soviéticos eran los grandes favoritos.
La guerra olímpica entre Washington y Moscú también se trasladó más allá de las pruebas deportivas. Durante la Guerra Fría, ambas superpotencias impulsaron sus propios boicots a los Juegos. El más destacado se produjo en 1980, cuando Estados Unidos promovió un boicot junto a sesenta países a los Juegos Olímpicos de Moscú, en protesta por la invasión soviética de Afganistán un año antes. La reacción soviética llegó en 1984, cuando la URSS se negó a acudir a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Como respuesta, Moscú impulsó su propia competición, los Juegos de la Amistad, que reunió a 48 países y 2.300 deportistas.








