«Desaceleración transitoria», «periodo de serias dificultades» o «crecimiento negativo». Los malabarismos de los políticos españoles para evitar pronunciar las palabras «crisis» o «recesión» dan buena muestra del pavor que causa un posible colapso económico en España. No es para menos: la crisis financiera de 2008, por muchos eufemismos que recibiera, acabó rasgando las costuras del tejido productivo y empobreció a una parte muy importante de la población, que se despertaba y se iba a dormir con la palabra «austeridad» en los telediarios. Ahora, la crisis energética y la inflación pueden resucitar sus peores pesadillas.
Las noticias desde luego son cada vez más alarmantes. La última, la del corte indefinido del gasoducto ruso Nord Stream 1, plantea un escenario preocupante para una Europa que se puede ver obligada a frenar la producción industrial por la escasez energética. Si el cierre de la infraestructura se mantiene, cosa sobre la que cada vez existen menos dudas, la inflación derivada del precio de la energía seguirá descontrolada, los bancos centrales continuarán incrementando los tipos de interés y la economía, así como el bolsillo de los ciudadanos, se resentirán más todavía.
Pero a diferencia de las crisis más recientes, es la orilla oriental del Rin la que más inquieta esta vez a los economistas europeos. Países como Alemania, Austria, Italia o Chequia, muy dependientes de los combustibles fósiles rusos, son los más expuestos a un shock energético y económico este invierno ―la caída comenzará muy probablemente en la última parte del año―, mientras que la situación en España no se antoja tan catastrófica.
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Metodología
Todos los datos de PIB son reales, es decir, estiman el valor de la producción a precios constantes. Al tomar como base los datos de un año, permiten aislar el efecto de la inflación y reflejan más fielmente la evolución del poder adquisitivo.
Asimismo, la tasa de variación del PIB utilizada para el periodo 1851-2020 es logarítmica, más representativa de la variabilidad de series económicas de baja frecuencia y la misma que emplea el propio Leandro Prados de la Escosura en sus cálculos.















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