La tragedia de Naurú: la gran caída de un país pequeño

Naurú es una isla del Pacífico que tras independizarse en los años sesenta pasó a ser la nación más rica del mundo gracias al fosfato. Sin embargo, las reservas empezaron a agotarse y el país quedó bajo una crisis de la que no ha salido.
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La tragedia de Naurú: la gran caída de un país pequeño
Antiguo cantiléver abandonado en las costas de Nauru. Fuente: Matthieu Paley

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La Ciudad del Vaticano y su majestuosa Basílica de San Pedro esconden riqueza y poder tras esos muros de mármol. En las concurridas calles del Principado de Mónaco, el lujo y la ostentación envuelven al viandante por dondequiera que pase. Pero la riqueza de estas micronaciones la superó una remota isla del Pacífico.

La República de Nauru, Naoreo para sus habitantes, es independiente desde 1968 y fue el país más rico del mundo por renta per cápita a comienzos de los años ochenta. Hoy en día, sin embargo, sus ingresos han caído en picado, sus ciudadanos tienen graves problemas de salud y sus valiosos recursos naturales están próximos a agotarse.

Un pequeño edén en el Pacífico

Nauru está muy cerca del ecuador, al norte de las Islas Salomón y al oeste de Kiribati. En 1886, tras la firma de la declaración anglo-germana que delimitaba las esferas de influencia de ambos imperios, la isla quedó integrada dentro del protectorado de Nueva Guinea, parte del Imperio alemán. Las doce tribus nauruanas, que en la anterior década habían luchado entre ellas, matando a la mitad de la población, hincaron la rodilla ante un gobernador europeo tras mil años de independencia.

A principios del siglo XX se descubrieron fosfatos en la isla y se comenzaron a explotar. Este recurso, indispensable para la agricultura, se usaba para crear fertilizantes. Después de milenios como parada obligatoria de millones de aves durante sus procesos migratorios, Nauru se había convertido en un territorio muy rico en guano.

Los primeros en desear conseguir tal recurso fueron los alemanes. Constituyeron la Jaluit-Gesellschaft en 1887 para explotarlo en sus colonias del Pacífico, en especial las Islas Marshall y el atolón Jaluit, de donde proviene el nombre de la compañía. Junto a esta, la australiana Trading Company Burns Philp & Co y la británica Pacific Phosphate Company se disputaban el fosfato en el océano Pacífico.

En 1906 la compañía alemana cedió sus derechos de explotación en Nauru a los británicos a cambio de dinero y privilegios comerciales en la zona. Los británicos desarrollaron las primeras prospecciones a gran escala. Junto con la isla Banaba, se esmeraron en sacar rédito económico a tales yacimientos hasta la Primera Guerra Mundial, cuando la isla fue tomada por fuerzas australianas. Australia recibió la isla en fideicomiso, con el Reino Unido y Nueva Zelanda como coadministradores.

Los tres países fundaron en 1919 la British Phosphate Commission como dueña de los recursos de Naurú tras adquirir las minas y derechos de explotación de la Pacific Phosphate. Además, la nueva explotadora se comprometía a pagar a los ciudadanos de la isla compensaciones por los daños ecológicos que sus operaciones pudieran causar.

Con la Segunda Guerra Mundial y la conquista japonesa de Naurú, un millar de nativos fueron deportados a la isla de Truk, para trabajar en el aeródromo. Solo unos centenares volvieron con vida. Al final del conflicto, Naurú volvió a manos de australianos, neozelandeses y británicos. Como muchos archipiélagos del Pacífico, pasó a ser un fideicomiso de Naciones Unidas, lo que garantizaría su futuro autónomo. A mediados de los años cincuenta, las regalías sobre los fosfatos permitieron al Consejo Local de Naurú contratar diplomáticos y abogados australianos para negociar el futuro de la población. Al principio pasaba por establecerse en un territorio cedido por Australia.

Independencia y despegue económico

Con más de media isla bajo explotación masiva, la población de Naurú se agolpaba en la capital, Yaren, y sus alrededores. Nadie consideraba que aquella isla donde habían vivido sus antepasados podía ser el hogar de sus hijos y nietos, por lo que el Consejo Local de Naurú se sentó a negociar con las autoridades australianas y acordaron estudiar la posibilidad de reubicar a la población en algún lugar de Australia o Nueva Zelanda. 

El premier australiano Robert Menzies tuvo que proveer un futuro satisfactorio para los nauruanos dado el dinero que había reportado el fosfato a la isla. Creó un Comité para el Reasentamiento y diversos expertos comenzaron a buscar algún territorio adecuado. Fiyi, Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón o el Territorio del Norte australiano fueron algunas opciones, todas descartadas. Una opción que gustó a los nativos pero que Australia rechazó por el lobby maderero fue la isla Fraser, en las costas de Queensland.

Así pues, el Comité de Reasentamiento propuso otra isla de Queensland: la Isla Curtis. Se les ofreció a los habitantes de Naurú reasentarse sin costes, autonomía respecto a Australia y la ciudadanía australiana, pero no la independencia. Los representantes del pueblo nauruano se negaron. Menzies y su equipo continuaron buscando opciones, pero los orgullosos jefes tribales se negaron a perder su nacionalidad.

Los reasentamientos no eran algo nuevo para la metrópolis. Ya en 1945, el pueblo banabano había sido llevado a otra isla a centenares de millas de su tierra natal. Había sido visitada por Albert Fuller Ellis, el mismo que inició las prospecciones en Naurú, quien halló grandes yacimientos de fosfatos. Banaba fue arrasada por las compañías mineras: en 1979 el 90% de su superficie era impracticable. Las autoridades coloniales británicas trasladaron a su población a la isla Rabi, en Fiyi, sin posibilidad de negociar. 

La hostilidad de la población de Curtis con los jefes nauruanos les hizo desechar la idea. Finalmente, la isla consiguió su anhelada independencia en 1968, para incredulidad de las tres metrópolis, y se convirtió en la república más pequeña del mundo. Compró los derechos de explotación a la British Phosphate Commission y se creó una compañía minera pública: Nauru Phosphate Corporation.

El guano y los fosfatos enriquecieron a sus menos de diez mil habitantes. La renta per cápita en los años setenta superaba la de Estados Unidos o la Unión Soviética y podían permitirse construir rascacielos en Australia o tener una pequeña aerolínea. Naurú llegó a tener en 1975 una renta per cápita de 50.000 dólares. Sin embargo, los líderes isleños no pensaron en el futuro y eso les pasaría factura a las generaciones venideras.

El fin de las reservas y el comienzo de la crisis

Tras los dorados años setenta y unos buenos ochenta, con el fin del milenio llegó el desastre para Naurú. Las reservas de fosfatos y guano comenzaron a agotarse a principios de los años noventa. La corrupción se destapó, pues muchos millones de la minería no llegaron jamás al erario público, y el nivel de vida de la población declinaba. El negocio había pasado de generar más de mil millones de dólares australianos en 1991 a 138 millones en 2002. Además, la mayor parte del suelo de Naurú estaba demasiado acidificado como para salir de la crisis con explotaciones agrícolas.

La población pasó de ser de las más ricas del mundo a la más obesa en 2007. La sociedad nauruana dejó de lado la pesca y el conreo y abrazó la comida importada de Occidente, un error que les costó, según la Organización Mundial de la Salud, que el 94% de los nauruanos pasara a tener sobrepeso. La Federación Internacional de Diabetes confirmó a Naurú como el país más afectado, con un tercio de la población.

La isla necesitaba dinero y no había cómo producirlo. Primero se deshicieron de sus posesiones en Australia y de su único avión. Como no era suficiente, la república dio paso a la diplomacia: en 2004 reconoció a la República Popular China como la única China a cambio de noventa millones de euros. Sin embargo, un año más tarde cerró su embajada en Pekín para abrir otra en Taipéi.

Taiwán se convirtió entonces en uno de los principales socios comerciales de Naurú. De hecho, menos de veinte Estados mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán y cuatro son islas del Pacífico. Aunque la ayuda taiwanesa aligeraba la situación económica, era insuficiente para ahuyentar la bancarrota. Tras coquetear con el lavado de dinero y con una tasa de desempleo por las nubes, Naurú optó por la Solución Pacífico de Australia.

Sin catarsis a la vista

Desde 2001, Australia permitió trasladar a quienes demandan derecho de asilo a centros de internamiento fuera de sus fronteras. Así, los inmigrantes ilegales provenientes en barco de Indonesia o del sudeste asiático son redirigidos a Naurú o Manus, isla de Papúa cuyo centro fue cerrado por presión internacional. El diario The Guardian reveló lo que pasaba en estos centros, pero no cerraron ya que libran a la isla de la bancarrota. Desde que Naurú entró en la Solución Pacífico, su renta per cápita ha remontado. Cobra mil dólares mensuales por asilado, lo cual permite al Estado ganar millones anuales.

Cuando los nauruanos pidieron la independencia, las autoridades australianas no creían que pudieran crear una nación en una isla donde menos de la mitad del territorio es fértil. De hecho, algunos expertos consideraron que sería inhabitable a mediados de los años noventa. Hoy en día, Naurú está entre los primeros puestos del índice de vulnerabilidad medioambiental de la Comisión de Geociencia Aplicada del Pacífico Sur.

Sin embargo, ha habido avances. Australia aceptó compensar a Naurú por la destrucción causada por su actividad minera durante la época colonial. Además, se han empezado a rehabilitar las zonas afectadas con la población reclusa. Se está estudiando explotar dolomita, un mineral que la ONU considera útil para solucionar el desempleo entre las naciones más pobres del Pacífico y que se encuentra entre las rocas del centro de la isla. Emiratos Árabes también está ayudando a construir un parque solar para dotar a Naurú de autosuficiencia energética. No será fácil, pero tampoco imposible para los descendientes de aquellos jefes tribales que se negaron a irse a otra isla.

David González

García, 1992. Maestro de Educación Física por la Universidad de Barcelona y actualmente en un posgrado en Guion Televisivo por la Universidad Pompeu Fabra. Escritor con más de 70 premios de narrativa corta y un libro publicado en 2011. Desde 2010 es colaborador habitual de la web miradasdeinternacional.com. Apasionado de la geopolítica y los deportes.

15 comentarios

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    Con todo respeto, y si menoscabar el interes de la historia, pero solicitantes de asilo e inmigrantes ilegales, no son lo mismo.

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    Interesante artículo. Ya leí otro acerca de este pequeño país fallido, titulado «Nauru, o cómo destrozar tu país en siete pasos» o algo así, no me acuerdo bien dónde lo leí. En sentido irónico, como el título muestra, narraba los errores tremendos que habían salpicado la breve historia del país, llevándolo al precipicio. Yo personalmente no soy tan optimista como el autor de este texto: no creo que Nauru vaya a levantar cabeza nunca. Y menos teniendo la amenaza permanente de la crecida del nivel del mar, que ya está destrozando otros países insulares
    del entorno como Tuvalu o Vanuatu.

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      El artículo lo leíste de un conocido mío, un genio llamado blogdebanderas. Lo he citado en el artículo

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    EL ECUADOR, ES UNO DE LOS PAISES DE AMERICA DEL SUR, QUE NO NECESITA UN VISADO ESPECIAL PARA LLEGARA A NAURU.

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    Buena historia, felicidades me gustó el contenido. La tomaré de ejemplo y compartiré con mis compañeros. Llego a este tema de lectura por que ando buscando en la web: Areas Protegidas para la conservación ambiental, trabajo e investigaciones que me ayuden a sustentar un trabajo de investigación que estoy desarrollando, y me consigo en una lectura que: en el mundo entero solo existen 3 países que no poseen areas protegidas según su legalidad jurídica. Nota: (Solo tres países, a nivel mundial (Comoros, Nauru y Vanautu), no poseen Sistemas de Parques Nacionales) y pensé «Me imagino que no tienen nada que proteger» y me consigo con esta maravillosa historia donde La explotación de los recursos sin ninguna medida de conservación en el ámbito de la sustentabilidad puede causar daños colaterales (CATARSIS). Sirva de ejemplo en el mundo entero.

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    Me parece un excelente articulo. Felicidades al autor por compartirlo

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    Interesante la historia de Nauru.

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    David González

    Se pone otra vez de manifiesto el carácter de conquista y depredación de países de primer mundo, donde no les importa en lo mas mínimo acabar con una comunidad, extinguirla porque su única finalidad era saquear los recursos naturales.

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    No sé cómo somos tan imbéciles. Por más veces que tropecemos contra la misma piedra no aprenderemos a respetar a la Madre Naturaleza. Es la historia de la capacidad del hombre para destrozarlo todo por dinero.
    Gracias por la historia, me ha ilustrado, pues no conocía ni siquiera la existencia de este diminuto país de tan solo 10.000 habitantes.

    Saludos.

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    soledad pilar valderrama

    Porque los humanos somos tan iconcientes de lo que ocacionamos a la naturaleza. Ya es hora de que tomemos conciencia.Pero gracias por la informacion triste la realidad pero cierta.

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    no se como Nauru no pensó en el futuro tuvo que hacer por lo menos unas reservas y después medirlas. ademas entiendo la comercialización del extranjero es importante (especialmente de comida, recursos naturales y materia prima), pero esta debe que preocuparse que su población no este en riesgo de morir de obesidad

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    Rodrigo Serrano

    Pero puede restablecer la agricultura, reforestación, recolección de agua dulce atraves de contenedores y reciclaje de aguas residuales, limpiar la isla de la basura que dejó la industria del fosfato, producción de huertos familiares de hortalizas y legumbres, mingas comunitarias para reforestar y hacer agricultura en zonas de acceso al sembrío.

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    Interesante historia, ahora seguiré de cerca lo que acontece en esa isla de tanto y poco.

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    Alguien se sorprende al descubrir que la causa de su caída es la corrupción de sus gobernantes?

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    Lina marquesa Velásquez

    Excelente e increíble historia que parece un cuento de ciencia ficción y es una realidad vivida hace muy pocos años. La humanidad debe replantear muchas procesos que han hecho volcar a las personas al consumismo de máquinas y aparatos dejando a un lado el aprovechamiento de lo que la tierra nos da gratuitamente, solo por querer algunos querer manejar el poder. Solo nos queda enseñarle a las generaciones que se están formando a valorar y a utilizar los recursos que la naturaleza nos da sin pedir nada a cambio… Gracias por este aporte

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