La Organización Mundial de la Salud (OMS) es el organismo de la ONU especializado en promover la salud de la población global. Por salud, la OMS entiende un estado completo de bienestar físico, mental y social. De acuerdo con su programa para 2019-2023, la organización tiene tres prioridades: garantizar una cobertura sanitaria universal, proteger a las personas de emergencias sanitarias, y mejorar la salud y bienestar de las personas. Para ello se reúne en la Asamblea Mundial de la Salud y actúa a través de su Consejo Ejecutivo y comités regionales. Entre sus logros está haber erradicado la viruela y la vacuna contra la malaria, aunque ha sido criticada por su gestión de crisis sanitarias como la gripe A y la covid-19.
Un organismo para la salud global
La Organización Mundial de la Salud se fundó en el marco de la ONU el 7 de abril de 1948, día que entró en vigor su constitución y posterior Día Mundial de la Salud. La primera Asamblea Mundial de la Salud estableció ese año las primeras prioridades para la organización: controlar la propagación de la malaria, la tuberculosis y las infecciones de transmisión sexual, y mejorar la salud materna e infantil, la nutrición y la higiene ambiental. Entre sus hitos están los programas contra el VIH o la polio. A día de hoy, la OMS está constituida por 194 Estados miembros, opera en seis regiones y cuenta con 150 oficinas.
Los Estados miembros se reúnen cada año en la Asamblea Mundial de la Salud para definir políticas financieras, acordar presupuestos y aprobar publicaciones científicas. En esta también eligen a los 34 técnicos sanitarios que forman el Consejo Ejecutivo. El Consejo asesora, pone en marcha las decisiones de la Asamblea y entrevista y selecciona candidatos a director general propuestos por los Estados miembros para que esta vote su nombramiento. Por último, los seis comités regionales definen pautas para las políticas sanitarias y están conformados por los responsables de salud de los Gobiernos.
Las prioridades de la OMS: cobertura, emergencias y bienestar
La Organización Mundial de la Salud tiene tres prioridades: garantizar una cobertura sanitaria universal, proteger ante emergencias sanitarias, y mejorar la salud y bienestar de las personas. De cara a la primera, la OMS realiza una lista de medicamentos esenciales que han de estar a disposición de todos los países a un precio asequible. Esto se hizo en 2017 con la medicación de la hepatitis C. Para las emergencias sanitarias, la organización puede impulsar medidas como la vacunación o las restricciones de viajes internacionales. Además, investiga y desarrolla programas de vacunación contra enfermedades infecciosas, y asiste a países menos avanzados en su implementación. Gracias a esto, la OMS erradicó la viruela en 1979 y confirmó en 2022 el desarrollo de una vacuna contra el paludismo o malaria.
En tercer lugar, la organización puso en marcha políticas sobre compuestos alimenticios dañinos y lleva a cabo campañas de sanidad pública para que las personas vivan una vida más saludable. Las campañas contra el consumo del tabaco, por ejemplo, lo han reducido en 150 países. Para 2019-2023, la OMS se ha propuesto las “metas de los 3.000 millones”: mil millones de personas más con cobertura sanitaria universal, mil millones mejor protegidas frente a emergencias sanitarias y mil millones más con vidas más saludables.
Demasiado rápida con la gripe A, lenta con la covid-19
La Organización Mundial de la Salud también ha sido criticada por su gestión de epidemias como la gripe A y la pandemia de la covid-19. Con la gripe A entre 2009 y 2010 declaró una epidemia demasiado pronto y provocó una alarma excesiva. La compra masiva de material sanitario y de vacunas por parte de los Gobiernos solo enriqueció a las farmacéuticas. Lo contrario ocurrió con la pandemia de la covid-19, donde la respuesta fue lenta al esperar la aprobación de los países afectados. La pandemia también demostró el problema del financiamiento de la OMS: además de las cuotas obligatorias de sus miembros, la mayoría del presupuesto viene de donaciones de países y entidades privadas. China ha aumentado sus contribuciones desde 2014, lo que levantó sospechas por la falta de firmeza del organismo en contra suya.






