La marcha de Merkel, una oportunidad para que otros países ganen peso en la UE

Alemania celebra elecciones el 26 de septiembre con los partidos igualados y la agenda llena. El país estará centrado en los próximos meses en clave nacional, lo que deja un hueco en la Unión Europea. Francia, España o Italia podrían ganar peso en el bloque, mientras que Hungría o Polonia tienen una oportunidad para avanzar en su deriva iliberal.
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La marcha de Merkel, una oportunidad para que otros países ganen peso en la UE
Fuente: elaboración propia.

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Alemania es el motor de la Unión Europea, y más aún en un momento crítico como el actual: pandemia, recuperación económica, cambio climático, política exterior… La agenda comunitaria está colapsada. Y en ese delicado contexto, el país celebra elecciones federales el 26 de septiembre tras las que Angela Merkel abandonará el cargo. Durante estos meses de transición Alemania empezará a pensar casi exclusivamente en clave nacional, lo que generará un cierto vacío de poder en la Unión Europea.

Después de dieciséis años al mando, la canciller va a dejar paso a su sustituto al frente de la CDU, Armin Laschet, al ministro de Finanzas y candidato del SPD, Olaf Scholz, o a la cabeza de lista de Los Verdes, Annalena Baerbock. Los comicios están igualados y la UE los mira con atención, pues le va su futuro en ello: podrían suponer un cambio de dinámicas en el bloque.

Alemania se repliega, pero mantendrá su europeísmo

El europeísmo alemán estará garantizado con cualquiera de los tres partidos, pero con matices. La CDU está avalada por su gestión, pues se espera que mantenga las posiciones de Merkel. En el caso del SPD, Scholz puede jugar la baza de haber sido ministro de Finanzas del último Ejecutivo y, por tanto, haber sido la voz principal sobre el fondo de recuperación de la pandemia. La influencia de Los Verdes, en cambio, sí que podría introducir novedades en materia estratégica, pues son partidarios de enfriar las relaciones con Rusia y China, además de muy críticos con Turquía.

Dado que el Gobierno resultante lo liderará una fuerza europeísta, el vacío de poder en la UE será pasajero. No obstante, mientras se forma el nuevo Ejecutivo, los Veintisiete pierden un socio fundamental. El legado de Merkel es amplio. Fue una de las impulsoras del fondo de recuperación frente al covid-19 y dio un vuelco a su perspectiva económica, respaldando, entre otras, la apuesta por la deuda común. Con el dinero ya en proceso de entrega, ese frente queda bien atado. Además, la canciller quiere legar otro par de ideas: cree que la UE tiene que ser más innovadora e independiente y expandirse hacia los Balcanes. Aunque deja tareas por cerrar, incluida la gestión crisis política y humanitaria en Afganistán, muchas voces en la Unión consideran que la salida de Merkel es “una mala noticia”, también para el Partido Popular Europeo, que pierde su principal estandarte.

Alemania entra en proceso de cambio, y con ella la Unión. En una batalla electoral feroz, las encuestas dibujan un panorama imprevisible: la clave no parece tanto quién va a ganar, sino las posibles alianzas. La CDU mantiene cierta ventaja, con el SPD en claro ascenso por el llamado “efecto Scholz”, pues es el candidato mejor valorado, y Los Verdes mantienen un peso relevante que va a menos. Sea cual sea el resultado, los partidos tendrán que pactar un Gobierno, un proceso que podría durar meses. Todo eso hace pensar que por ahora Alemania dejará guardado su bastón de mando en la UE para resolver su situación interna.

¿Darán Francia, Italia o España un paso adelante?

Hay varios países que pueden dar un paso adelante en ese escenario. Mientras Francia pierde de momento a la otra parte del eje franco-alemán, Italia y España tienen cómo aumentar su peso en el bloque. Una opción probable es que surja un eje franco-italiano, con el primer ministro y expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, como amigo favorito de Emmanuel Macron, que ya piensa en las elecciones presidenciales de Francia en 2022.

París y Roma, de momento, tienen el reto de que el fondo de recuperación eche a andar con fiabilidad, después de que se hayan hecho ya algunas de las primeras entregas. También trabajan en común en proyectos industriales y en cooperación judicial. El Gobierno italiano no se esconde y ya habla de colaborar con el Ejecutivo galo para cuestiones “económicas, presupuestarias, sociales y de transición ecológica y digital”.

No en vano Macron se prepara para dirigir la UE. Con la salida de Merkel, el presidente francés se convertirá en su líder natural, como claro defensor de la autonomía estratégica europea frente a Rusia y China. Sin embargo, mientras busca nuevos socios hasta que Alemania vuelva en sí, Francia navegará entre dos aguas: la carrera de cara a los comicios de abril de 2022 y presidir el Consejo de la UE de enero a junio. Por lo pronto, París sigue coordinándose con el Gobierno alemán en la crisis de Afganistán, sobre la que Macron y Merkel hablaron para buscar una respuesta común, sobre todo en cuanto a la ayuda humanitaria.

España, por su parte, también quiere su espacio. Respecto a los afganos, el país ejerce como punto de entrada de los repatriados desde Kabul y acogerá la llegada del personal diplomático y de los colaboradores de todos los Estados miembros. El Gobierno pretende situarse así como un actor esencial en la respuesta de la UE a esta crisis. Además, España es junto a Italia el mayor beneficiado del fondo de recuperación, para cuya aprobación el presidente Pedro Sánchez fue clave, pues fue de los primeros líderes en hablar de lo que entonces él calificó como “un plan Marshall para Europa”, en marzo de 2020.

Hungría y Polonia también aprovechan para ganar espacio

Desde el otro lado del bloque, Hungría y Polonia también pretenden aprovechar la oportunidad. Durante su mandato, Merkel ha plantado cara al discurso iliberal de estos países. Ya en 2015 instó al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, a “respetar la democracia”, y este año censuró la ley anti-LGTBI aprobada recientemente por el Gobierno húngaro. “No es lo que yo entiendo por política”, aseguró la canciller.

Orbán se ha convertido en una oveja negra para la Unión Europea. La aprobación de la ley anti-LGTBI ha hecho incluso que Bruselas se plantee la entrega de fondos. Por su parte, Polonia ha sumado otras dos polémicas recientes con una ley que limita la inversión extranjera en medios nacionales y otra que elimina las solicitudes de indemnización por expropiaciones forzosas anteriores a los últimos treinta años. Además, Eslovenia, aliada de ambos países, preside hasta diciembre el Consejo de la UE, precisamente cuando Berlín estará concentrado en la formación de Gobierno.

Centrada en clave nacional, Alemania aprieta el botón de pausa como líder de la UE. El nuevo o nueva canciller tendrá que decidir si mantiene la senda de Merkel tanto en política interna como en asuntos europeos. No hay amenaza antieuropeísta en las elecciones, pues los tres partidos que se disputan el Gobierno son favorables a la Unión, cada uno a su manera. Sin embargo, si Berlín no recupera su sitio, habrá otros países que trabajen por ocuparlo o por aprovechar su ausencia.

Emilio Ordiz

Entre Asturias y Madrid. Periodista. Máster en Unión Europea. Especializado en el estudio de los populismos y los discursos euroescépticos. Me interesa la integración europea, el Estado de derecho y la geopolítica. Con un ojo puesto en los Balcanes.