Barbara Millicent Roberts, conocida como Barbie, ha cambiado desde su lanzamiento el 9 de marzo de 1959 en la Feria Internacional Americana del Juguete en Nueva York. La muñeca fue pensada por la empresaria Ruth Handler, quien se percató de que su hija Barbara prefería jugar con muñecas de apariencia adulta antes que con juguetes infantiles. En un primer momento, su marido y cofundador de la empresa de juguetes Mattel, Elliot Handler, rechazó la idea, pero el éxito de la muñeca Bild Lilli en Alemania Occidental cambió su opinión.
Durante un viaje a Europa, Ruth conoció a la muñeca, dirigida a adultos. Su apariencia madura y sexy triunfaba entre los hombres alemanes, que la compraban por su componente sugerente y cómico. Más tarde se popularizó entre las niñas, por lo que Mattel compró los derechos de Lilli y dejó de fabricarla. En su lugar, creó a Barbie. Rubia y de ojos azules, no tardó en ganar fama a través de anuncios publicitarios. Tal era su éxito que la compañía le creó una pareja, Ken. Desde entonces, Barbie ha ido más allá del bañador con estampado a rayas de su debut, e incluso saltó a la gran pantalla en 2001 con Barbie en el Cascanueces.
Extrema delgadez y poca inclusividad, las críticas principales
Barbie lleva décadas adaptándose a los cambios sociales. Con el lema inicial “tú puedes ser lo que quieras ser”, pretendió representar a mujeres autosuficientes y libres. Sin embargo, ha perpetuado un canon de belleza inalcanzable. Las medidas de una mujer que fuera como Barbie se han estimado en 91 centímetros de pecho, 46 de cintura y 84 de caderas. Un estudio del Hospital Universitario Central en Helsinki mostró incluso que una mujer con el índice de masa corporal de Barbie no podría menstruar. Ante la imagen idílica, el artista e investigador Nickolay Lamm creó una alternativa realista. Su repercusión en los medios estadounidenses le animó a recaudar fondos para realizar su proyecto. Finalmente, en 2014 lanzó al mercado Lammily, una muñeca que normaliza los cuerpos más anchos, con tatuajes, acné y celulitis.
La controversia en torno a Barbie, sin embargo, había alcanzado el plano racial en los años ochenta. La intención de crear muñecas afroamericanas y negras fue criticada por haber cambiado solo el color de piel, sin atender a otras facciones. Mattel volvió a intentarlo en 2009 con la línea So In Style, que no duró diez años en el mercado, y en los últimos ha vuelto a apostar por la inclusividad con la línea Barbie Fashionista en cuanto a tipos de cuerpo o tonos de piel de Barbie y Ken. Durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 también lanzó una colección de Barbie deportista, pero sin ninguna muñeca asiática.
En el plano medioambiental, Barbie se ha enfrentado a Greenpeace. La ONG ambientalista denunció en 2011 que el embalaje de cartón que usaba Mattel procedía de Asia Pulp & Paper, empresa responsable de la deforestación de la selva tropical de Indonesia. Tras la campaña en contra, Mattel cortó relaciones con la compañía.
Barbie, un icono de la cultura occidental
Desde Occidente, Barbie también simboliza el modelo liberal y capitalista. La muñeca ejerce todo tipo de profesiones y se erige como ejemplo de autosuficiencia económica. En este contexto, Arabia Saudí prohibió su compraventa en 2003 al considerar al juguete “judío” ofensivo para el islam y su ropa reveladora una “amenaza para la moralidad”. Como alternativa, en países de Oriente Próximo se vende la muñeca Fulla, y en Irán los muñecos Sara y Dara para promocionar la cultura persa.
Con todo, Barbie se ha convertido en un icono cultural. Artistas como Andy Warhol en la pintura o Calvin Klein y Christian Louboutin en la alta costura vieron en la muñeca toda una musa. Lejos de caer en el olvido, Barbie todavía domina la industria de las muñecas con más de mil millones de muñecas vendidas en el mundo, y Mattel facturó en 2020 1.350 millones de dólares, un 26% de sus ingresos totales, gracias a ella.