A pesar de la persecución por parte de las autoridades, el cristianismo se difundió con rapidez a lo largo y ancho del Imperio romano. Ya en el año 313 el emperador Constantino I promulgó el Edicto de Milán, que finalizaba la política represiva contra los cristianos y decretaba la libertad religiosa. El impulso final vino de la mano del emperador Teodosio I, quien por medio del Edicto de Tesalónica del 380 estableció el cristianismo como religión oficial del Imperio, desplazando a la tradicional romana.
El cristianismo buscaba entonces arraigarse en una sociedad a caballo también entre el paganismo de quienes adoraban a los dioses romanos y otros cultos. A finales de diciembre se celebraban algunas festividades paganas, muy seguidas entre la población. Para incorporar esta popularidad al rito cristiano, en el año 354 el papa Liberio decretó el nacimiento de Jesús el día 25 de diciembre, que pudo haber sugerido su antecesor Julio I.
De las Saturnales y la Anunciación a la Natividad
En época romana, las Saturnales eran unas fiestas en honor a Saturno, dios de la agricultura, que conmemoraba el final de la temporada de cultivo. Desde el 17 al 23 de diciembre del calendario juliano, la fiesta era la protagonista de los encuentros sociales; se realizaban banquetes, se intercambiaban regalos y se encendían velas. Las festividades de Brumales y del Dies Natalis Solis Invicti, celebrada el 25 de diciembre, ponían énfasis en el solsticio de invierno, momento a partir del que los días son más largos que las noches.
Como el elemento central en estas festividades era la luz, la retórica cristiana supo adaptarse con facilidad: la luz solar de las Saturnales o del Sol Invicto sería la luz divina que ilumina el mundo tras el nacimiento de Cristo. Por ello, la vinculación del rito cristiano con las prácticas paganas jugó un papel clave en la difusión del cristianismo en la sociedad bajoimperial. Por un lado, se legitimaba al incorporar costumbres paganas populares; por otro, de acuerdo con su carácter proselitista, acercaba el cristianismo a las masas. Como resultado, las Saturnales se convirtieron en la Navidad, la festividad que celebraba el nacimiento de Jesús.
Sin embargo, aunque sea la explicación más extendida, no es la única. Según otra hipótesis, la fecha de nacimiento de Jesús no es fruto de la decisión arbitraria de la Iglesia, sino que responde al razonamiento de que Jesús nació nueve meses después de su anunciación por el arcángel Gabriel el 25 de marzo. Esta fecha coincide a su vez con el día de su muerte, vinculando así las fechas de la concepción, nacimiento y muerte.
El año de nacimiento de Jesús: ¿un error de cálculo?
La cuestión sobre el nacimiento de Jesús, hijo de Dios según el cristianismo, no se abordó sus primeros compases. De hecho, las fuentes cristianas no mencionan la fecha. Según los evangelios de Lucas y Mateo, el nacimiento de Jesús se relaciona con dos hechos históricos: el reinado de Herodes (40-4 a. C.) y cuando el gobernador romano de Siria, Quirino, ordenó un censo en el 6 d. C. Sin embargo, la Biblia menciona que Jesús murió a los 33 años, cuando Poncio Pilatos era prefecto de Judea (26-36 d. C.), lo que situaría el nacimiento entre el 7 a. C. y el 3 d. C. Así pues, se descartaría el dato del censo de Quirino, y si se toma como referencia que Jesús nació siendo rey Herodes, debió haber sido en torno al 6 a. C.
Este dato contrasta con la fecha asumida histórica e internacionalmente. La diferencia obedece al monje cristiano Dionisio el Exiguo, a quien en el siglo VI se le encargó calcular la fecha de Pascua. Sin embargo, en lugar de emplear como referencia el principio del reinado del emperador Diocleciano, conocido por sus persecuciones contra los cristianos, o la fundación de Roma (ab urbe condita, a.u.c.), propuso un nuevo sistema basado en la fecha del nacimiento de Jesús. De acuerdo con los cálculos de Dionisio, Jesús nació el 25 de diciembre del 753 a.u.c., con lo que el año siguiente debía ser el 1 d. C. Así nacía el Anno Domini, “después de Cristo” en español, que se usa en la actualidad. Error de cálculo o no, pues no se ajustaba con el reinado de Herodes, la Iglesia aceptó el nuevo sistema de datación, que se expandiría a lo largo del mundo occidental en los siglos siguientes.



