El Día Internacional de la Madre Tierra, o Día de la Tierra, es una iniciativa que surgió para concienciar sobre los problemas medioambientales. El antecedente directo de la idea fue el Simposio de Ecología Humana organizado por el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos en 1968. Durante esta conferencia, una serie de científicos realizaron charlas a estudiantes sobre los efectos del cambio climático. El Simposio inspiró diversas propuestas vinculadas al medioambiente en Estados Unidos, donde el movimiento ecologista dio sus primeros pasos con el derrame de petróleo en la costa de Santa Bárbara, California, en 1969. Este suceso convenció a los activistas de la necesidad de una regulación ambiental.
Uno de ellos, John McConnell, propuso ese mismo año en la Conferencia de la Unesco, en San Francisco, la creación de un día para honrar al planeta y a la paz. McConnell propuso que fuera el 21 de marzo, cuando inicia la primavera en el hemisferio norte. Un año más tarde, el senador Gaylord Nelson organizó una convocatoria ecologista a nivel nacional, entre otras, para pedirle al Gobierno estadounidense que creara una agencia de protección ambiental. Nelson escogió el 22 de abril por ser una fecha libre de vacaciones o de actividades escolares, lo que facilitaba la participación de los jóvenes. Cerca de 20 millones de personas acudieron a la cita, que el propio Nelson bautizó como Día de la Tierra. Gracias a esta movilización, Washington creó la Agencia de Protección Ambiental (EPA) en julio de 1970.
La labor de Naciones Unidas en la protección de la Tierra
Naciones Unidas comenzó a trabajar en el medioambiente a partir de esa década. La primera vez que trató el asunto fue en la Conferencia sobre el Medio Humano de Estocolmo en 1972. El hito principal de la cita fue la Declaración de Estocolmo, un documento que recogía veintiséis principios relacionados con la protección de los recursos naturales. Asimismo, se estableció el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), una agencia destinada a implementar la agenda ambiental global.
Pero el impulso a la problemática medioambiental llegó con la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro, en la que 178 países adoptaron la Agenda 21 como programa común para el desarrollo sostenible. Desde entonces, la ONU le ha puesto más atención a los asuntos medioambientales con diferentes propuestas para aumentar la conciencia ecologista. La Asamblea General llegó a declarar en 2008 que ese sería el Año Internacional de la Tierra, y en el siguiente designó el 22 de abril como el Día de la Tierra.
Un día para sensibilizar sobre los desafíos medioambientales
En la práctica, el Día de la Tierra busca sensibilizar a la población mundial sobre los problemas de sobrepoblación, contaminación y pérdida de biodiversidad para nuestro planeta. El calentamiento global, los desastres naturales o la extinción de especies son cada vez más frecuentes. Según Naciones Unidas, alrededor de un millón de especies de animales y de plantas se encuentran en peligro de desaparición.
Todos estos fenómenos son consecuencia de la incidencia humana sobre el cambio climático. A finales de 2021, el PNUMA alertó que las medidas adoptadas por los Estados eran insuficientes para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, que había entrado en vigor en 2016. Este pacto, que restringe las emisiones de gases de efecto invernadero, busca fijar el crecimiento de la temperatura media global por debajo de los 2 °C de cara a 2030. Sin embargo, la ONU ha reclamado que se reduzcan las emisiones actuales de estos gases hasta un 55% para cumplir con ese propósito.
La crisis medioambiental que sufre el planeta ha elevado la importancia del Día de la Tierra. Con motivo de la jornada, Naciones Unidas impulsa cada año la iniciativa Armonía con la Naturaleza, una plataforma que facilita el diálogo sobre el desarrollo sostenible a nivel mundial, y lemas para difundir el mensaje ecologista, como “invertir en nuestro planeta” en 2022. En la actualidad, el Día de la Tierra se celebra en países de todo el mundo con campañas de concienciación, el fomento del voluntariado, la promoción de prácticas ecologistas y actividades culturales que van desde ecoferias hasta el cine ambiental.