Tras la caída del Imperio otomano al finalizar la Primera Guerra Mundial, Palestina quedó bajo mandato británico. Allí migraron miles de judíos como efecto del apoyo del Reino Unido mediante la Declaración Balfour al proyecto sionista de establecer en ese territorio su hogar nacional. Desde entonces, la tensión con los árabes no dejó de crecer, y se acentuó con la inmigración masiva de judíos durante la Segunda Guerra Mundial y la propuesta del Plan de Partición de Palestina por parte de la ONU en 1947.
Este plan ponía fin al mandato británico para dividirlo en tres: un Estado judío, otro árabe-palestino y el área de Jerusalen, bajo control internacional. Pero los árabes en la región lo rechazaron, desencadenando los primeros enfrentamientos que llevarían a la primera guerra árabe-israelí. La superioridad militar de los judíos les permitió ocupar las zonas asignadas por la ONU y, cuando el mandato británico iba a finalizar en mayo de 1948, se adelantaron unas horas, proclamando el Estado de Israel.
A lo largo de 1949 Israel se asentaba como Estado, y el primer ministro David Ben-Gurión decidió fundar una institución para coordinar los servicios de seguridad y así asegurar la supervivencia del país. El 13 de diciembre de 1949 aprobó la propuesta del militar Reuven Shiloah, que asumiría la dirección del nuevo Instituto para la Coordinación de la Seguridad.
La primera línea de defensa israelí
El Instituto para la Coordinación de la Seguridad coordinaba las agencias de seguridad e inteligencia israelíes: el Departamento de Inteligencia del Ejército (AMAN), el Servicio Interno de Seguridad (Shin Bet) y el Departamento Político del Ministerio de Asuntos Exteriores. El objetivo del Ben-Gurión era hacerlas más eficaces, ya que las consideraba imprescindibles para la defensa israelí de las continuas amenazas externas. Así, su fin último ha sido el bienestar y el desarrollo del pueblo judío y el Estado de Israel, por lo que desde su origen recopila información para planificar estrategias y operaciones en el exterior, prevenir actos terroristas y repatriar judíos de otras comunidades, como la etíope Beta Israel.
En 1951, el Instituto fue reorganizado en el Mosad como un servicio civil que depende del primer ministro, quien se encarga de aprobar sus operaciones. Una pieza clave de su funcionamiento son los espías (katsas) infiltrados en otros países bajo identidad falsa para recoger información, así como los judíos que viven en el extranjero (sayanim) y que colaboran con Israel asistiendo a los oficiales. El éxito de esta red de espías y colaboradores reside en las conexiones de Israel con las comunidades judías repartidas por el mundo, formadas por nativos que conocen bien el idioma y la cultura del país donde residen.
El Mosad en el conflicto de Oriente Próximo y más allá
Al día siguiente de proclamarse como Estado independiente, Israel fue atacado por una coalición de países árabes de Oriente Próximo, integrada por fuerzas de Palestina, Jordania, Irak, Egipto, Siria, Arabia Saudí y Yemen. Aunque Israel logró imponerse, e incluso amplió su territorio más de un 20% de lo asignado por la ONU, era consciente de su posición en un contexto hostil. Este estado de alerta acompañó al país desde su nacimiento y ha convertido la desarticulación de sus amenazas en un objetivo fundamental, con el Mosad como medio.
Además, tras el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial, el nazismo era uno de los grandes enemigos de Israel, por lo que en sus primeros años el Mosad también se dedicó a perseguir nazis fugados. Destaca la operación Garibaldi en 1960, con la que capturaron en Argentina al militar alemán Adolf Eichmann, arquitecto de la “solución final”, para condenarlo.
Sin embargo, las principales amenazas de Israel no dejaron de estar entre sus países vecinos, pues a pesar de los armisticios de 1949, los ataques persistieron en las fronteras. Aún con todo su territorio ocupado, los palestinos continuaron su resistencia, apoyados por Egipto y Jordania, que se habían anexionado la franja de Gaza y Cisjordania, respectivamente. Por ello, el Mosad se enfocó en controlarlos, atacando a su representante, la Organización para la Liberación de Palestina, y a grupos terroristas como Septiembre Negro o Hamás. También se ha encargado de mantener relaciones diplomáticas encubiertas con países sin contacto abierto, lo que permitió negociar la paz con Egipto y Jordania en las últimas décadas, o de evitar que sus enemigos consigan ciertas armas, de forma que más recientemente ha priorizado obstaculizar el programa nuclear iraní.







