Aunque hoy en día la web e internet son prácticamente sinónimos, ya que es la principal forma de usarlo, en realidad la primera está construida sobre el segundo. La World Wide Web (WWW) es un conjunto de textos, imágenes, vídeos y sonidos a los que se puede acceder mediante internet. Esa información está interconectada mediante hipervínculos escritos con el lenguaje informático HTML y localizados en una dirección en línea o URL. La WWW funciona mediante el protocolo HTTP, que consigue que navegadores y servidores se comuniquen. Sin ella no se entiende la expansión del uso de internet, las tecnologías digitales o la noción del ciberespacio.
Si bien desde los años sesenta el proyecto militar estadounidense Arpanet había logrado crear una red de ordenadores conectados entre sí, y otros como Xanadú ya planteaban un red de documentos en forma de hipertexto, la WWW no se materializó hasta 1990. Mientras trabajaba en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en francés), al científico de computación británico Tim Berners-Lee se le había ocurrido crear el año anterior un sistema para compartir información de forma más eficiente entre sus colegas investigadores. El objetivo era facilitar la comunicación y agilizar el trabajo.
Tras el visto bueno de sus superiores, Berners-Lee comenzó a trabajar en el proyecto junto con el ingeniero belga Robert Cailliau. Finalmente, el 12 de noviembre de 1990 publicaron la propuesta formal para crear la World Wide Web, en la que definían su funcionamiento y terminología básica, y establecían los recursos que necesitarían para implementarla. A las pocas semanas pusieron en marcha el primer servidor web de la historia. Este incorporaba un programa buscador y editor, que permitía a los usuarios navegar e interactuar con los documentos de hipertexto que lo conformaban.
La web se hace global
Como al principio solo se podía acceder a la WWW desde el sistema operativo de los ordenadores del CERN, el NeXT, la matemática Nicola Pellow —integrante del equipo de Berners-Lee— desarrolló un navegador que pudiese utilizarse en cualquier otro sistema. Así, el software de la WWW y su navegador se hicieron públicos en agosto de 1991, propiciando que nacieran proyectos informáticos por todo el mundo, desde universitarios hasta individuales. El desarrollo de navegadores más sofisticados y atractivos popularizó el uso de internet, de manera que, tan solo cuatro años después de su lanzamiento, la web contaba con 10.000 servidores y diez millones de usuarios.
Uno de los navegadores más notables fue Mosaic, diseñado por investigadores de la Universidad de Illinois en 1993, que luego fundaron la empresa informática Netscape. Los usuarios particulares podían descargarlo de manera gratuita, pero los comerciales tenían que pagar, dándole enormes beneficios a la compañía. En los años posteriores se generó una industria tecnológica muy lucrativa, donde nacieron gigantes como Apple o Microsoft. No obstante, también provocó la conocida como “burbuja de las puntocom” entre 1997 y 2000, por la que muchas de estas empresas quebraron.
Una revolución tecnológica y social
Lo que se concibió como una herramienta de trabajo para un grupo de científicos ha acabado como una de las mayores revoluciones tecnológicas de la historia. La World Wide Web abrió nuevas vías de comunicación, que permitieron que personas de distintas partes del mundo compartieran información de manera instantánea. Su actualización, la Web 2.0, que facilita la creación de contenido propio, y la invención de ordenadores personales y teléfonos inteligentes la han convertido en una parte esencial del día a día. Actualmente, el 60% de la población mundial usa internet, un porcentaje que no para de crecer.
Esto implica que el mayor impacto de la web ha sido sociológico, ya que ha cambiado la manera en que las personas se relacionan, organizan y ven el mundo. En treinta años, la web ha generado su propio espacio de socialización, el ciberespacio, que ha roto con barreras geográficas y hasta tiene una cultura propia. También ha propiciado la aparición de nuevos negocios y sectores económicos, así como formas de entretenimiento o de organización política, cambiando lo que se entiende por libertad, privacidad o seguridad.
En cuanto a Tim Berners-Lee, además de escribir libros y artículos sobre la WWW, se ha encargado de supervisar su implementación y desarrollo, convirtiéndose en uno de los principales defensores de la web abierta, es decir, aquella que permite el acceso gratuito a sus contenidos a todos los usuarios. Para ello fundó el Consorcio Internacional W3 en 1994 y el Open Data Institute en 2012. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos por su trabajo, como el de Caballero de la Orden del Imperio Británico en 2004.