John Edgar Hoover nació en Washington en 1895 y fue director del FBI más de la mitad de su vida. Estudió Derecho en la Universidad George Washington, donde se graduó en 1916. Empezó a trabajar en el Departamento de Justicia, la agencia encargada de aplicar las leyes federales del país, donde llegó a ser asistente del fiscal general. Durante esos años, tras la Primera Guerra Mundial, supervisó la búsqueda y deportación de sospechosos de ser bolcheviques.
El punto de inflexión en la vida de Hoover llegó el 10 de mayo de 1924. Ese día fue nombrado director provisional de la Oficina de Investigación, un organismo que se renombraría en 1935 como Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), con Franklin D. Roosevelt como presidente.. Siete meses después, Hoover fue confirmado en un cargo que ostentaría hasta su muerte 48 años después, en 1972. Esto le convirtió en la persona que más tiempo ha estado al mando del FBI: atravesó los mandatos de ocho presidentes, en los que acumuló poder mientras le acusaban de abusar de su posición, obtener información de manera ilegal y apropiarse de éxitos ajenos.
Guerra contra los gánsters para fortalecer el FBI
El entonces fiscal general, Charles Bonaparte, había fundado el FBI en 1908 para investigar y perseguir delitos que quebrantasen las leyes federales de Estados Unidos, como el lavado de dinero, el crimen organizado, el terrorismo o la traición. Aun así, para 1924 todavía era una institución pequeña, poco conocida y con capacidades limitadas, algo que Hoover se encargaría de cambiar.
En sus primeros años, el FBI se centraba en perseguir bandas de gánsters. Hoover, con campañas exitosas como director, aprovechó las detenciones mediáticas para dar a conocer la labor de sus agentes, que aparecían como heroicos luchadores contra el crimen, así como para hacerse publicidad personal. Como se sabría más adelante, también aparecía para hacerse la foto junto a un criminal detenido tras operaciones de otros cuerpos o agencias. Estos éxitos y reputación le dieron peso y responsabilidades al FBI, que pasó de tener unas decenas de agentes en 1924 a casi 5.000 en 1972.
Además de la publicidad inicial, Hoover profesionalizó el FBI al perfeccionar los métodos de selección y entrenamiento de agentes e incluir nuevos perfiles, como científicos, asesores legales o contables. De hecho, en sus primeros años al mando crearon el primer laboratorio técnico, donde realizaron el análisis forense de pruebas y el primer depósito nacional de huellas dactilares. El FBI se convirtió así en un centro de referencia para la criminología.
A la caza de comunistas, pero no de la mafia
Con el inicio de la Guerra Fría, Hoover fue clave en la persecución del comunismo de los años cincuenta. Instigada por el senador Joseph McCarthy, afectó a políticos, científicos y miembros de la industria del cine y la cultura, como el actor y cineasta Charles Chaplin o el escritor Alvah Bessie. Hoover, además creó en 1956 el Cointelpro, un programa de contrainteligencia para perseguir a los miembros del Partido Comunista estadounidense y boicotear su actividad. En los sesenta usó ese mismo programa y métodos contra activistas por los derechos civiles y contrarios a la guerra de Vietnam, como Martin Luther King.
Por entonces, Hoover comenzó a recopilar información personal sobre altos cargos, miembros del Gobierno y políticos, que usaba para amenazarlos cuando le convenía y que, muchos aseguran, le permitió permanecer en el cargo tanto tiempo. Su dureza con activistas, políticos y comunistas contrastaba con su laxitud hacia la mafia, que durante décadas se benefició de la vista gorda del FBI.
Existen varias teorías al respecto, desde el miedo a que el FBI se corrompiese al perseguirla, hasta chantajes personales por la supuesta homosexualidad de Hoover. Para algunos, de hecho, esta actitud influyó en que el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963 quedara sin resolver. Todo ello hizo de Hoover una figura controvertida, que manchó la reputación del FBI mientras se convertía en uno de los hombres más poderosos del país. Tras su muerte, y con el nombramiento del siguiente director, L. Patrick Gray, el entonces presidente Richard Nixon limitó el tiempo en el cargo a diez años.


