Al terminar la Segunda Guerra Mundial en 1945, la comunidad internacional creó la Organización de las Naciones Unidas para mantener la paz y la seguridad y así evitar una nueva guerra tan devastadora. Los horrores del fascismo habían evidenciado la necesidad de avanzar en el derecho internacional para proteger a la población de las violaciones de sus derechos fundamentales. Por ello, uno de los primeros pasos de la ONU fue crear la Comisión de Derechos Humanos en 1946 con el objetivo de desarrollar un instrumento que los defendiera. Tras casi dos años de negociaciones, la Asamblea General de la ONU proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948.
La Declaración reconoció los derechos humanos universales
De esa manera, un acuerdo mundial recogía por primera vez los treinta derechos y libertades básicas de los que, como establece el artículo 2, dispone cada persona sin discriminación y no pueden ser arrebatados. La Declaración proporcionó una hoja de ruta común para que los Estados garanticen que todas las personas vivan en plenas condiciones de libertad, igualdad y dignidad. De esta forma, constituyó la base del derecho internacional de los derechos humanos, pues ha inspirado decenas de tratados internacionales. También fue incorporada en los ordenamientos internos de muchos países, como hizo España en la Constitución de 1978.
La Declaración Universal de 1948 contenía los llamados derechos de primera y segunda generación. Los primeros son civiles y políticos, y su origen se remonta a las revoluciones francesa y estadounidense del siglo XVIII. Se refieren a la libertad y seguridad del individuo, pues contemplan el derecho a la vida, a la no tortura, al asilo o a la nacionalidad, y las libertades de expresión, reunión o circulación. Los segundos son los derechos económicos, sociales y culturales, que proceden de los movimientos socialistas de los siglos XIX y XX. Incluyen derechos como el trabajo, la seguridad social, la educación o el tiempo libre.
Aunque la defensa de los derechos recogidos es un tema vigente, pues su protección no siempre está garantizada, el paso del tiempo ha desarrollado nuevos derechos humanos, que han dejado a la Declaración de 1948 desactualizada y que la Asamblea General de la ONU ha reconocido a través de resoluciones. Los movimientos sociales de la segunda mitad del siglo XX dieron lugar a la tercera generación de derechos, relacionados con el medioambiente, el desarrollo, la justicia internacional y la autodeterminación. Además, los cambios tecnológicos iniciados a finales del siglo XX generaron nuevas preocupaciones que constituyeron la cuarta generación, incluyendo el derecho acceso a la informática o a la seguridad digital.
Su cumplimiento depende de la voluntad de los Estados
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, como reconoce su preámbulo, es un ideal orientativo que establece pautas comunes por las que cada Estado debe esforzarse. Por tanto, pese a que asentó el deber de proteger los derechos humanos, no es un texto vinculante. Se optó por este tipo de instrumento para alcanzar cierto consenso internacional, ya que el inicio de la Guerra Fría marcó el proceso de elaboración.
La Guerra Fría dividió al mundo en dos bloques con valores enfrentados en cualquier esfera, obstaculizando diversas iniciativas de la Asamblea General. En su momento, mientras el bloque capitalista puso el foco en los derechos civiles y políticos, el comunista se centró en los sociales y económicos. Al final, la Declaración fue aprobada por una gran mayoría, con 48 miembros a favor de los 58 que había. Se abstuvieron los países del área de influencia de la Unión Soviética, así cómo Arabia Saudí, que no aceptó el derecho al matrimonio sin discriminación y la libertad de religión, y Sudáfrica, en defensa del apartheid.
Naciones Unidas continuó entonces sus esfuerzos por un consenso internacional que permitiese formalizar un tratado vinculante. Lo consiguió finalmente en 1966, cuando la Asamblea General aprobó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Aunque se acordó aprobarlos al tiempo para dar imagen de unidad, ambos pactos respondían a la división entre bloques. Aun así, junto a sus respectivos Protocolos Facultativos y la Declaración Universal de 1948, conforman la Carta Internacional de Derechos Humanos.