Hasbulá, el icono pop de Rusia en Occidente

Un joven con acondroplasia es la sensación de internet. Ruso y musulmán practicante, en sus vídeos posa sobre un tanque, muestra su vida de lujo o promociona las artes marciales mixtas. Hasbulá evita la política para mantener su éxito en redes y sus negocios, pero ha apoyado la invasión de Ucrania.
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Hasbulá, el icono pop de Rusia en Occidente
Fuente: cuenta oficial de Instagram de Hasbulá

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Lo habrás visto en redes sociales como meme, riéndose, conduciendo de pie o probando armas. No es un niño: aunque su apariencia engaña, Hasbulá Magomedov acaba de cumplir veintiún años. Lleva desde 2020 siendo un fenómeno viral por su divertida espontaneidad. Su aspecto físico, marcado por la acondroplasia por la que mide un metro, y la extravagancia de sus publicaciones le han dado millones de seguidores y encuentros con famosos como el exbasquetbolista Shaquille O’Neal o la leyenda del boxeo Mike Tyson.

Pero incluso quienes más ubican a Hasbulá olvidan que es ruso. Al principio de la invasión a Ucrania subió una foto sobre un tanque proclamándose ‘el pacificador’, aunque sus publicaciones políticas han sido excepciones. De hecho, la divertida figura de Hasbulá casi ha generado más consenso que la diplomacia entre Moscú y Occidente. En un momento de hostilidad máxima desde la Guerra Fría y de rechazo internacional a Rusia, su fama ha servido como poder blando del Kremlin aunque sea por desconocimiento.

De comer fresas a la fama mundial

Hasbulá tiene 8,6 millones de seguidores en Instagram y 5,2 millones en TikTok. Su fama se remonta a 2020, en plena pandemia, cuando subió un vídeo comiendo fresas. Algo tan sencillo se viralizó enseguida. Después protagonizó un careo propio de boxeadores profesionales con Abdu Rozik, un joven de Tayikistán con su misma condición, que dejó millones de visitas. Pero el auge de Hasbulá no fue mero azar. Aunque él maneja sus cuentas en redes, siempre aparece rodeado de gente de confianza. Sus amigos le acompañan a todos lados, le asesoran y él se ha mostrado cercano a ellos y a su familia. También ha dejado escándalos, como un arresto por hacer trompos con coches en la vía pública o un vídeo maltratando a su gato.

El éxito de Hasbulá ha pasado por crear contenido extravagante y le ha permitido juntarse con celebridades. Ha sorprendido con carreras de coches de lujo, una cena con un mono, entrenando en un gimnasio o practicando con armas en un campo de tiro. También con encuentros con antiguos deportistas de élite como Shaquille O’Neal y Mike Tyson, con el famoso tiktoker y chef de comida gigante Burak Özdemir o el streamer argentino Lucas Rodríguez, con el que hizo un show en Buenos Aires.

Hasbulá, entretanto, ha explotado su contenido en redes para hacer negocio. En 2022 firmó un contrato millonario por cinco años con la UFC, la mayor empresa mundial de artes marciales mixtas. Aunque los detalles no se han desvelado, se especula que sería embajador de la competición y que podría llegar a luchar. También firmó un contrato con la marca Air Jordan para sacar su línea de zapatillas. Incluso cuenta con merchandising de joyería, camisetas y una colección de NFT, archivos digitales únicos, llamada Crypto Hasbulla. Son 10.000 imágenes de él mismo caracterizado como políticos, famosos, animales o personajes de series. Valen en total 785 ethers, que son más de 1.300.000 euros en esta criptomoneda.

Un luchador musulmán del Daguestán ruso

La figura de Hasbulá no se entiende sin sus orígenes: la República de Daguestán. Este territorio del Cáucaso, de los más pobres de Rusia, ha pasado de ser tierra de guerreros a cuna de deportistas de élite. La lucha en distintas modalidades es el deporte principal y ha dado campeones olímpicos y mundiales. En la capital, Majachkalá, en vez de campos de fútbol proliferan gimnasios donde entrenan niños y adultos. Uno de ellos es Khabib Nurmagomédov, íntimo amigo de Hasbulá. De ahí su gusto por la lucha, la UFC y su uso de la violencia para divertirse. Hay numerosos vídeos de Hasbulá golpeando en broma a sus amigos y a otras celebridades, o fotos posando con armas y cuchillos más grandes que su brazo.

El Daguestán también es territorio de mayoría musulmana. La región ha tenido problemas de radicalización que todavía perduran. De hecho, su invasión en 1999 por parte de la vecina república rusa de Chechenia, también musulmana, en parte dio lugar a la segunda guerra chechena contra Moscú. Hasbulá es musulmán practicante y combina su faceta luchadora con otra conservadora y tradicionalista. No bebe ni fuma, ni se saca fotos con mujeres. Ha viajado a La Meca durante el Ramadán y ha defendido la ayuda a los pobres, tener una vida sencilla, familiar y seguir la religión y las normas. Sin embargo, además de su arresto, también ha salido en vídeos con el jefe autoritario de Chechenia, Ramzán Kadírov, aliado de Vladímir Putin. Kadírov incluso le regaló un Mercedes en 2021, igual que a Khabib tres años antes.

Entre el poder blando ruso y un puente con Occidente

Hasbulá se ha vuelto ante todo una celebridad. En un momento de rechazo internacional a Rusia a raíz de la invasión a Ucrania, es el mayor influencer ruso en el extranjero. De hecho, donde tiene más seguidores es en Estados Unidos. Apenas le han pasado factura sus vídeos con Kadírov o aquella foto sobre un tanque al principio de la guerra llamándose ‘el pacificador’ o diciendo ‘queremos paz’, en línea con la narrativa del Kremlin. También le deseó suerte al ultraderechista Jair Bolsonaro para las elecciones de Brasil en octubre de 2022, aunque borró el tuit y desde entonces ha evitado meterse en política.

El éxito ha convertido a Hasbulá en un peculiar puente entre Rusia y Occidente, quizá uno de los últimos desde el fin de la Guerra Fría. Es verdad que su nacionalidad suele quedar en segundo plano, pero en sus publicaciones transmite unos valores y un discurso que mezclan el ruso, lo musulmán y la cultura de la lucha. Si el grupo musical BTS, por ejemplo, suele ser catalogado como parte del soft power surcoreano a través del k-pop, la fama de Hasbulá puede considerarse parte del poder blando ruso en el exterior.

Hasbulá viajó este año a Estados Unidos, invitado por el famoso youtuber Kyle Forgeard y sus amigos. Fueron a un zoo, jugaron con los animales, metieron a Hasbulá en un túnel de aire y se gastaron bromas. La gira también le sirvió para cerrar acuerdos comerciales como el de Air Jordan. El viaje terminó con una emocionada despedida de los estadounidenses y un ‘gracias, América’ de Hasbulá. Ese poder blando puede caer en saco roto si no se hace explícito o si se acompaña de hard power. Y hasta ahora ni Putin ha aparecido con Hasbulá ni Rusia tiene los medios militares y económicos para ganar la guerra. No veremos a Hasbulá negociando la paz en Ucrania, pero como mínimo ya ha conquistado las redes en Occidente.

Jon Salvador

Donostia, 1998. Periodista, politólogo y máster en Política Internacional. Con la mirada siempre puesta en el Lejano Oriente: China, Corea y Japón. Me interesan los procesos de integración regional en Asia, los conflictos internacionales y los procesos políticos internos de estos países.