Casi un año y medio después de su comienzo, la invasión rusa de Ucrania ha dejado a su paso un reguero de destrucción, muerte y desolación. También de enormes costes económicos, tanto para Kiev ―el Banco Mundial estima que el país necesitará 383.000 millones de euros para su reconstrucción― como para el propio agresor, presionado por las sanciones internacionales y obligado a desviar una parte importante de su presupuesto a la máquina de guerra de Putin.
Aunque es complicado saber con precisión cuánto está gastando Moscú en su aventura imperialista, los cálculos realizados por la revista británica The Economist basándose en los presupuestos en defensa y seguridad nacional elevan el coste anual de la invasión a 67.000 millones de dólares, aproximadamente un 3% del producto interior ruso. Es una cifra algo inferior a todo el gasto militar del país durante 2022, que según datos del SIPRI ascendió a un 4,1% del PIB.
En comparación con otros conflictos históricos, Rusia está destinando a la guerra bastante más de lo que la URSS hizo, por ejemplo, en Afganistán durante la década de los ochenta, cuando en el año de mayor intensidad de la contienda se destinó un 0,4% del PIB soviético a gasto militar.
También es más de lo que ha gastado Estados Unidos en sus aventuras bélicas más recientes: según la información publicada por el Servicio de Investigación del Congreso de EE.UU. (CRS), durante el apogeo de la invasión de Irak la potencia norteamericana desvió un 1% de su PIB a la guerra, mientras que en Afganistán ―la cifra incluye otras operaciones en África o Filipinas― apenas se llegó al 0,7%.
En los últimos tiempos, el Kremlin ha limitado enormemente el acceso a la información financiera del Gobierno, haciendo cada vez más complicado saber con precisión cuánto y cómo gasta Moscú sus presupuestos anuales, opacos en mucho tramos y con una parte importante de los fondos ocultos bajo la etiqueta de clasificados o secretos. De hecho, el propio Vladimir Putin admitió recientemente que el ejército de mercenarios Wagner ha estado financiado con el presupuesto estatal ruso, siendo la primera vez que se reconoce cualquier vinculación del Estado con el grupo paramilitar.
Para 2023, y a pesar de la intensidad del conflicto que mantiene Rusia en suelo ucraniano, el SIPRI asegura que el gasto militar del Kremlin ―del que una cuarta parte aparece como clasificado― ascenderá a un 4,4% del PIB, una cifra relativamente similar a la de los últimos años.
Esta contención del gasto, que también está presente en la ley de presupuestos de 2024 y 2025, refleja la necesidad del Gobierno de Putin de limitar el impacto de la guerra dentro de sus fronteras, donde un aumento del gasto militar, ya sea a través de impuestos o reduciendo otras partidas sociales, puede acelerar el descontento social mientras se deterioran las condiciones de vida de la población.







