Europa necesita sus propias armas nucleares

Desarrollar un sistema de disuasión nuclear propio es una prioridad para Europa ahora que Estados Unidos se retira del continente. Pero no es fácil: a los costes económicos se suma el debate político. ¿Deben Francia y Reino Unido proteger a todo el continente, o deben otros países tener sus propias armas?
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Europa necesita sus propias armas nucleares
Fuente: elaboración propia

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“Quiero creer que Estados Unidos seguirá a nuestro lado, pero debemos prepararnos por si no es así”. Esta frase, que el presidente francés, Emmanuel Macron, pronunció en marzo, refleja el estado de ánimo de Europa. El continente vive uno de los momentos más críticos de su historia. La posible retirada estadounidense ha reavivado el debate sobre la defensa europea. De fondo, una pregunta: ¿cómo se protegería Europa ante un ataque nuclear sin la ayuda de Estados Unidos? 

Desarrollar armamento nuclear propio ya no es un tabú en Europa. Macron no es el único que aboga por ello. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha animado a Francia y Reino Unido, únicos países europeos con capacidades nucleares propias, a ponerlas al servicio de sus socios europeos. Ambos países acaban de firmar un acuerdo para fortalecer su cooperación en el ámbito nuclear. Con todo, Reino Unido también ha vuelto a acoger armas nucleares estadounidenses por primera vez desde 2008. Por su parte, el Gobierno de Polonia está evaluando la posibilidad de acceder a armas nucleares como parte de su estrategia de rearme.

La invasión rusa de Ucrania ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad defensiva de Europa. Construir un sistema de disuasión nuclear independiente de Estados Unidos parece una respuesta lógica ante este reto. Sin embargo, la realidad es más compleja: además del riesgo de escalada con Rusia y otras potencias, y la polémica que suscitaría, una defensa nuclear europea sería cara y difícil de gestionar. 

Se acabó el paraguas nuclear de Estados Unidos

Desde la Guerra Fría, Europa ha estado protegida por el “paraguas nuclear” de la OTAN. La Alianza ha facilitado el almacenamiento y despliegue de armas nucleares en países aliados, como las bombas nucleares tácticas estadounidenses B-61, ubicadas en varios países de Europa. Sin embargo, una de las tres potencias nucleares de la OTAN, Francia, optó por no integrarse en el Grupo de Planes Nucleares de la OTAN, cuyo objetivo es facilitar la coordinación. Por otro lado, la defensa nuclear no se limita a tener la bomba: también abarca sistemas de defensa contra misiles balísticos, cuyo control recae principalmente en Estados Unidos. A eso se suman las capacidades antiaéreas desplegadas en Turquía, Polonia, Alemania y Rumanía, así como el sistema de combate naval AEGIS, integrado en las fragatas españolas, noruegas y destructores estadounidenses, que conforman el escudo antimisiles de la Alianza.

Si Estados Unidos se retirara del continente, la capacidad de disuasión nuclear en Europa se vería seriamente comprometida. Francia y el Reino Unido, agrupados, cuentan con un arsenal cercano a las 515 cabezas nucleares. Frente a ello, Rusia posee 5.600 ojivas, incluidas 2.000 tácticas, aunque se cree que sólo una quinta parte está realmente operativo. El arsenal estratégico francés y británico es suficiente para infligir un daño significativo a Rusia. Pero ambos países sufren una vulnerabilidad clave: ninguno posee armas tácticas, con alcance y capacidad destructiva mucho menor que las estratégicas. Esto les impediría responder a un ataque nuclear táctico ruso de manera equivalente, obligándoles a elegir entre dos malas opciones: usar armas estratégicas, y por tanto escalar el conflicto, o dejar el ataque ruso sin respuesta. 

Toda disuasión depende de la credibilidad: convencer a tu adversario de que estás dispuesto a emplear todos los medios necesarios para garantizar tu seguridad. ¿Estarían Francia y Reino Unido dispuestas a asumir una escalada nuclear frente a un país que posee un arsenal al menos dos veces mayor que los suyos? ¿Qué pasaría si el ataque ruso se produjera no contra territorio francés o británico, sino contra otro país aliado como Polonia o los bálticos?, ¿estarían París y Londres dispuestos a arriesgar su propia seguridad para defenderles?, ¿contarían con el respaldo de los demás Estados?

Por si fuera poco, Rusia actualizó en 2024 su doctrina nuclear: Moscú se reserva el “derecho” de emplear armas nucleares no sólo en respuesta a un ataque del mismo tipo, sino también ante cualquier agresión que represente una “amenaza crítica” para su soberanía e integridad territorial. Esta revisión amplía el espectro de escenarios en los que Rusia podría justificar el uso de su arsenal nuclear, aumentando así la incertidumbre para Europa. 

La prioridad: convencer a Francia y Reino Unido

La Unión Europea carece de una estrategia sobre disuasión nuclear. El objetivo debería ser contar con unas capacidades suficientes para disuadir a Rusia, o cualquier otro actor hostil, de atacar territorio europeo. Europa cuenta a priori con todo lo necesario para ello: una sólida infraestructura nuclear civil que incluye reservas de uranio, capacidad de enriquecimiento y una red de centrales nucleares.

Pero sin un plan de acción al respecto, Europa quedará rezagada frente a otras potencias y perderá influencia internacional. La Comisión Europea publicó el pasado marzo su estrategia para paliar las debilidades militares de Europa y reforzar su industria de defensa en un plazo de cinco años. El documento, sin embargo, no aborda el aspecto nuclear. Es urgente tratar este vacío, especialmente ahora que la proliferación nuclear está generando un mundo más complejo, volátil e impredecible.

Las primeras prioridades deberían ser desarrollar suficientes ojivas tácticas como para asegurar una disuasión creíble, así como adiestrar al personal militar implicado, especialmente a las tripulaciones de submarinos, lanzadores y pilotos de cazabombarderos que porten armamento nuclear. Se podrían adaptar los misiles de crucero Storm Shadow o los Taurus, de fabricación europea, para que puedan portar cargas nucleares. Asimismo, se debería fortalecer la coordinación entre los mandos militares europeos, modernizar la infraestructura de almacenamiento y desarrollar tecnologías avanzadas de ocultación y protección para minimizar la vulnerabilidad ante un primer ataque. 

Sin embargo, el escollo principal es político: Francia y el Reino Unido deben decidir cómo quieren contribuir a la defensa nuclear de Europa. Una opción podría ser que Francia se integre en el Grupo de Planes Nucleares de la OTAN, asumiendo más protagonismo en el compromiso de la Alianza con la disuasión en el continente. Otra opción, a largo plazo y en aras de una mayor autonomía estratégica, sería conformar un foro político-militar independiente de la OTAN que permita definir la estrategia nuclear y gestionar las crisis de manera conjunta con el resto de socios europeos.

El mayor obstáculo es que Francia y Reino Unido no querrán renunciar al control de sus arsenales. Cualquier política comunitaria exige grandes consensos entre los Estados miembros. Pero cabe preguntarse si París y Londres estarían dispuestos a ceder la toma de decisiones a un foro supranacional europeo. Francia siempre ha sido muy reticente a cualquier paso en ese sentido, por ejemplo. La mejor forma de generar un poder de disuasión propio frente a Rusia sería gestionar el arsenal europeo de forma integrada. Pero si no se establece un compromiso firme y vinculante para la protección mutua en caso de una agresión nuclear, la gestión conjunta sería inútil.

El riesgo de una guerra con Rusia

Ante la dificultad de que Francia y Reino Unido amplíen su paraguas a toda Europa, se abre otro escenario: que otros Estados europeos desarrollen su propio arsenal nuclear. Pero esta alternativa también acarrea graves costes políticos, económicos y sociales. En primer lugar, los países que optaran por este camino se verían obligados a abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Esto supondría un shock para la seguridad internacional: generaría tensiones con otros miembros del tratado y alentaría a Estados como Arabia Saudí, Irán, Turquía o Corea del Sur a seguir su estela. Buscando protegerse, Europa habría abierto la puerta a una mayor proliferación nuclear. 

Por otro lado, Rusia percibiría el refuerzo de las capacidades nucleares europeas como una amenaza, dando lugar a un dilema de seguridad. Esto podría llevar a Moscú a adoptar una postura más agresiva respecto a Europa, aumentando las tensiones, especialmente con aquellos Estados con los que comparte frontera, como Polonia o los países bálticos. Los líderes europeos parecen estar dispuestos a asumir este riesgo dado que la protección de Estados Unidos ya no parece asegurada.

Armas nucleares Rusia

El aumento del arsenal nuclear europeo también supondría un gran esfuerzo económico. Hasta el momento, el plan de rearme europeo está movilizando cerca de 800.000 millones de euros. Desarrollar nuevas armas nucleares requeriría de grandes inversiones en investigación científica y tecnológica, así como en mantenimiento, logística e infraestructuras. Por otro lado, los Estados dispuestos a albergar armas nucleares francesas tendrían que contribuir a su mantenimiento y operatividad.

Por último, cabe preguntarse qué apoyo social tendrían estas políticas. La guerra de Ucrania ha incrementado el respaldo popular a las propuestas para fortalecer las capacidades militares. Los países del Este tienden a ser más favorables a la adquisición de armas nucleares debido a una mayor percepción de amenaza, a comparación de otros como España o Italia. Por otro lado, un 60% de los ciudadanos franceses apoyan extender el alcance de sus armas atómicas a otros países. Incluso la población en Alemania, históricamente reticente al desarrollo de capacidades nucleares, se muestra ligeramente favorable a mantener en su territorio las bombas B-61 estadounidenses. 

Construir la nueva disuasión nuclear en Europa no será sencillo. La necesidad de consenso político, las implicaciones económicas y las posibles tensiones internacionales dificultan cualquier planteamiento, y será crucial un mayor apoyo social. No en vano, una carrera nuclear europea podría aumentar el riesgo de escalada con Rusia y la posibilidad de un choque nuclear no debería subestimarse. Con todo, Europa parece estar convenciéndose de que necesita un sistema de disuasión nuclear conjunto, equilibrado y defensivo. Ahora que Estados Unidos se retira del continente, es la única forma de proteger la soberanía y garantizar la seguridad europeas.

Juan Rivas

Cádiz, 2000. Politólogo por la Universidad de Granada y Máster en Pensamiento Estratégico por la Universidad de Granada y el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de Tierra. Especializado en Estudios Estratégicos y Militares, con especial interés en Afganistán y sus dinámicas.

1 comentario

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    Guillermo Perez Cuervo

    Un mundo con más armas nucleares no me parece más seguro, más bien lo contrario. Hay que buscar formas de expandir el tratado de no proliferación no buscar cómo romperlo con la esperanza de que los que todavía tienen no se enfaden.

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