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Armas nucleares Rusia

Radiografía del arsenal nuclear de Rusia, el más grande del mundo

Ninguna otra potencia cuenta con más armas nucleares que Rusia, que concentra su infraestructura atómica en el oeste del país. EE.UU., el gran rival, tiene más bombas estratégicas
CartografíaGeopolíticaRusia y espacio postsoviético

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Tras ocho meses de invasión y una escalada de tensión sin precedentes modernos con Occidente, a Vladímir Putin no le ha hecho falta poner en uso alguna de las numerosas armas nucleares con la que cuenta Rusia para desatar el miedo a una guerra atómica. El papel amenazante del líder ruso, enfrascado en una guerra que acumula importantes fracasos militares,  y la enorme capacidad armamentística de su país, que cuenta con el arsenal más numeroso del planeta, han provocado la crisis nuclear más grave desde el episodio de los misiles de Cuba de 1962, por muy bajo que continúe siendo el riesgo de que Rusia lance un ataque atómico.

El propio Putin ya se encargó de deslizar esta idea en el discurso en el que anunció la movilización parcial de la población rusa. En su intervención, el mandatario también aseguró que esta vez «no se trata de un farol» y que hará todo lo que sea necesario para proteger el territorio anexionado en Ucrania. Una reinterpretación torticera y sesgada de la doctrina nuclear rusa, la cual se sustenta en los principios de defensa —solo contempla este tipo de ataques cuando la existencia del Estado esté en peligro— y disuasión.

Pero si finalmente el Kremlin acaba con esta doctrina, generalizada tras 1945, todo parece apuntar a que no lo haría mediante un ataque nuclear estratégico, sino con uno táctico, es decir, con un arma de corto alcance diseñada para ser utilizada en el campo de batalla contra objetivos específicos, como un batallón o un convoy de vehículos armados. Este tipo de misiles suponen en realidad cerca de la mitad del arsenal nuclear ruso —1.912 cabezas de un total de 4.477—, pero, a diferencia de las estratégicas, su gestión es mucho más difícil de controlar para la comunidad internacional.

La razón es que las armas nucleares tácticas no fueron incluidas en el Nuevo START (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas en inglés), el acuerdo suscrito entre Rusia y Estados Unidos en 2011 y que obliga a ambas potencias a detallar, entre otras cosas, el número de bombas estratégicas con las que cuentan. Gracias a ello sabemos que en la actualidad Estados Unidos supera a Rusia tanto en cabezas totales —3.508 frente a 2.565— como en desplegadas —1.644 frente a 1.588—. La historia cambia, no obstante, si también tenemos en cuenta las armas tácticas: mientras Washington parece contar con apenas dos centenares, diferentes organizaciones estiman que Moscú cuenta con entre mil y dos mil, las cuales no requieren estar desplegadas para su inminente utilización y descansan según el Estado ruso en doce silos repartidos por todo el país.

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La Federation of American Scientists, una de las agencias que más ha indagado para conocer con exactitud el volumen del arsenal táctico a nivel mundial, calcula que el Rusia dispone de 1.912 cabezas, aunque también advierte de que ese número puede incluir armas nucleares ya retiradas o en proceso de serlo. De esta forma, el poder atómico ruso adelantaría al estadounidense con un total de 4.477 unidades frente a 3.708.

La mayoría de sus casi 2.000 armas nucleares tácticas —935— son misiles navales que pueden ser disparados desde submarinos o barcos, por delante de las bombas aéreas —500—, las defensivas o aquellas destinadas a repeler ataques enemigos —387—.

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Teniendo en cuenta el éxito que está teniendo Ucrania para derribar aviones y barcos rusos que se acercan demasiado a sus filas gracias al armamento de la OTAN, el ejército invasor apostaría seguramente por las ojivas terrestres, las cuales tienen un alto grado de precisión y capacidad para superar las defensas antimisiles. Para su lanzamiento cuenta con el 9K720 Islander, un dispositivo móvil armado sobre un camión que cuenta con un alcance de hasta 500 kilómetros y que ofrece la posibilidad de reconducir la trayectoria del misil una vez ha sido disparado.

En cuanto a su potencia, esta suele oscilar entre los diez y los cien kilotones. Comparado con los 500, 800 o incluso 1.000 que alcanzan los misiles estratégicos —en 1961 Rusia probó en un archipiélago del Ártico un explosivo de 50 megatones, la conocida como bomba del Zar—, la fuerza de los tácticos puede parecer reducida. Pero si tenemos en cuenta que las bombas de Hiroshima y Nagasaki tuvieron un rendimiento de 15 y 21 kilotones, respectivamente, y que el misil táctico más limitado, con una potencia aproximada de 0,3 kilotones, puede tener un impacto parecido a la explosión del puerto de Beirut de 2020, la interpretación cambia.

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Toda esta capacidad nuclear, así como la geopolítica que rodea la histórica confrontación con Occidente, queda plasmada en el mapa de la infraestructura nuclear rusa, con una mitad oeste del país que cuenta con una mayor densidad de almacenes y puntos de lanzamiento de misiles. El cinturón sur concentra las minas de uranio y plutonio que abastece la producción de armas.

Los centros de investigación y fabricación de componentes nucleares, por su parte, se localizan principalmente en Moscú y sus alrededores, a excepción de la manufactura de misiles, situada en su mayoría entre las bases intercontinentales de Kartaly y Nizhni Taguil, algo más alejadas de la frontera con la OTAN. A su vez, cuatro de las seis bases de bombarderos y submarinos nucleares con las que cuenta Rusia también están en su parte europea —las de bombarderos muy cerca de Ucrania y las de submarinos en la península de Kola—.

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