España contribuye a la OTAN mucho más de lo que Trump cree

Un informe del centro RAND plantea que la defensa colectiva se mida no sólo con el gasto de los países, sino con sus verdaderas capacidades. Este nuevo baremo sitúa a España mucho mejor que respecto al compromiso del 2%. A su vez, podría optimizar la infraestructura, cohesión y operaciones de la OTAN.
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España contribuye a la OTAN mucho más de lo que Trump cree
Un soldado de infantería del Ejército de Tierra español durante un ejercicio de la OTAN en Polonia en abril de 2024. Fuente: Omar Joseph/Ejército de Estados Unidos (Wikimedia Commons)

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España pasa del último puesto en gasto en defensa al top cinco de países que más contribuyen a la OTAN. Es lo que se desprende de un análisis de RAND (un conocido centro de investigación no partidista de Estados Unidos), a cuyos datos desanonimizados ha tenido acceso El Orden Mundial. El documento, publicado en mayo de 2024, ha reflotado con la vuelta al poder de Donald Trump, en medio de sus acusaciones dudosas a España por su contribución “muy baja” a este organismo y entre amenazas de abandonar la organización si Europa y Canadá no aportan lo suficiente.

El informe fue elaborado a petición del propio Trump durante su primer mandato e incluye no sólo a sus aliados de la OTAN, sino también a los socios asiáticos del Indo-Pacífico. Aunque hace años que debía haber salido, su publicación se paralizó por varios motivos. Entre ellos, según fuentes conocedoras del caso, que a la Administración Trump no le gustaron los resultados, los cuales desmentían sus reproches a Corea del Sur por no cumplir, supuestamente, con sus obligaciones de defensa.

El documento no sólo contradice tales afirmaciones, sino que rompe otros mitos. El análisis apunta que la contribución de Estados Unidos a la OTAN no es tan desequilibrada como se afirma. Según estimaciones actualizadas de 2023 a las que ha tenido acceso El Orden Mundial, el país soporta menos de la mitad (cerca del 40%) de la carga total de la defensa colectiva. Las cifras de Francia y Reino Unido tampoco hacen justicia a su fama. Según el ratio de carga calculado por RAND —el resultado de comparar la contribución porcentual de cada aliado a la carga total de la defensa colectiva con su participación en el PIB aliado total—, su aportación se sitúa en un segundo nivel (Tier 2), por debajo de España. También llama la atención que, junto con el esperable liderazgo de los países del este de Europa en aportaciones en 2023, aparezcan a la cabeza otros como Grecia, Italia o Países Bajos.

Lo que importa es la eficiencia

Sin embargo, la gran sorpresa es España, que la investigación sitúa como uno de los cinco países que más aportan a la OTAN. ¿Qué lleva a esta conclusión? Como explica a El Orden Mundial el investigador de RAND Charles King Mallory, el verdadero objetivo del informe era proponer nuevas teorías sobre cómo repartir la carga de defensa para los aliados, y cómo implementar esa repartición. El Gobierno de Trump quería nuevas fórmulas para incentivar compromisos de defensa adicionales por parte de otros países, para generar las capacidades necesarias para posibles combates. Esto incluía medidas coercitivas para quienes no cumplieran, como no tener acceso a información de inteligencia.

El investigador arguye que, en realidad, lo único que históricamente ha funcionado para motivar un aumento en las contribuciones en defensa es un cambio en la situación estratégica. El ejemplo más reciente lo tenemos con la invasión rusa de Ucrania. En 2017, sólo tres países de la OTAN cumplían con el gasto del 2% (Estados Unidos, el Reino Unido y Grecia), cifra que ascendió a diez en 2023 y a un estimado de veinte (de 32 Estados miembros) en 2024.

El gasto en defensa de los países de la OTAN
El gasto en defensa de los países de la OTAN

Más allá de motivar un aumento del gasto, otro encargo de Trump a RAND era idear un nuevo sistema de medición de las contribuciones de cada país para facilitar la identificación y el análisis de sus capacidades que permitan dar respuesta a situaciones específicas. Es decir, para saber qué pedir y a quién, en función de las necesidades de cada momento. Este sistema es lo que llaman “índice de distribución de la carga” (Burdensharing Index). Se trata de un sistema que ofrece una imagen más sofisticada y precisa que la forma de medición actual —centrada únicamente en el gasto militar como porcentaje del PIB— para identificar lo que cada país contribuye a la defensa colectiva.

Mallory sostiene que el objetivo del 2% del PIB no es una buena manera de medir cuánto contribuyen realmente los aliados a la seguridad global. Según explica en un artículo de enero, no es lo mismo un país que gasta 2,1% para mantener equipos viejos y pagar pensiones a los militares retirados, que otro gasta el 1,9%, pero tiene un ejército bien entrenado, equipamiento moderno y una industria puntera de drones militares. El primer país satisface a los del 2%, pero ningún comandante del mundo lo preferiría como aliado en lugar del segundo país. O sea, que más que el dinero, lo que importa es la eficiencia.

España, por encima del 3% en carga económica

El investigador de RAND plantea la necesidad de cambiar la pregunta: de cuánto gastan los países, a cuánto están haciendo. A esta pregunta viene a responder el índice de carga económica. En el índice se incluyen las capacidades orientadas a la seguridad —desde submarinos hasta satélites—, las aportaciones a las misiones de paz y los costes de hacer cumplir las sanciones económicas. Esto permite valorar la eficiencia de cada aliado para convertir lo que aporta a la defensa colectiva (por ejemplo, el gasto en equipo militar) en productos que contribuyen a la preparación militar y los despliegues en el extranjero (por ejemplo, el transporte aéreo estratégico). La idea es que sirva como punto de partida para hacer solicitudes más concretas a los aliados. Por ejemplo, si se necesitan más drones de alta tecnología, pueden identificar en la lista de países con bajo rendimiento cuál tiene la mejor industria tecnológica para proporcionárselos.  

Según este índice, España contribuye a la OTAN con el 3,03%, medido en carga económica. La cifra sitúa al país en el primer nivel (Tier 1), junto con otros siete países que también superan el 3% de carga. Además, España figura entre los países cuyo ratio de carga supera el 1%. Esta conjunción sitúa al país entre los cinco países que más carga económica aportaron a la OTAN en 2023, junto con Estados Unidos, Polonia e Italia. También se encuentra en este top cinco uno de sus socios asiáticos: Corea del Sur.

Este nuevo baremo cambia radicalmente la situación española en el tablero de aportaciones a la OTAN. Considerando sólo el gasto en defensa, España fue el tercer país que menos aportó en 2023 (un 1,26%, sólo por detrás de Luxemburgo y Bélgica) y el último en 2024 (con un 1,28%), según las estimaciones de la Alianza. ¿Cómo es posible entonces que esté entre los primeros en el análisis de RAND? La principal causa es el coste de sanciones a Rusia, que han implicado importantes sacrificios económicos para el país, en particular la pérdida de unos 10.000 millones de dólares entre 2018 y 2023 en exportaciones al gigante eurasiático, según las estimaciones del centro. Mallory considera que esto debe reconocerse como una contribución considerable a la defensa colectiva. Apuntan también a que estas pérdidas económicas tienen ramificaciones políticas y sociales, incluidas la pérdida de empleos y otros costes políticos internos.

España también tiene una posición favorable en términos de eficiencia de su gasto en defensa. A diferencia de países como Alemania, que asignan altos porcentajes de sus presupuestos a gastos administrativos, los gastos de España se centran principalmente en capacidades de combate (un 70%, según Mallory). Esta asignación eficiente del gasto denota la preparación operativa de España. Nuevas iniciativas podrían, además, actualizar estas cifras al alza, como el despliegue de 3.000 soldados españoles en el marco del mayor ejercicio de la OTAN para 2025, que además cuenta con el liderazgo de un general español en el componente de Operaciones Especiales.

Un arma para España

Hay otros elementos que el índice de RAND no incluye y que, según la opinión de Mallory, también podrían jugar a favor de España, como el “apoyo de la nación anfitriona”. Destaca la posición geográfica de España, estratégica para las operaciones de la OTAN, controlando puntos de acceso clave al Mediterráneo. La Base Naval de Rota y la Base Aérea de Morón de la Frontera desempeñan un rol crucial en el control del mar y las operaciones de submarinos nucleares. En ellas hay desplegados más de 4.000 militares estadounidenses

Otro aspecto a considerar es la inversión en ciberdefensa, que el informe de RAND tampoco incluye por las dificultades de acceso a bases de datos comparables de todos los países. Mallory reconoce que esta es una de las principales carencias del análisis, dada la importancia creciente de la resiliencia cibernética. Su inclusión podría beneficiar a España, que se ubica cuarta en el índice global de ciberseguridad de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, sólo por detrás de Italia, Reino Unido y Turquía.

El informe de RAND puede convertirse en una herramienta útil de negociación tanto con Trump —que ha pedido aumentar el gasto en defensa al 5% del PIB— como con la OTAN, cuyo secretario general ha amenazado con fijar un mínimo de 3,7% si los Estados miembros no encuentran formas de aumentar las compras conjuntas y el uso de la infraestructura existente. La propuesta de RAND para adaptar sus mecanismos de reparto de cargas podría optimizar dicha infraestructura y hacer más eficiente las operaciones de la OTAN. Adoptar este enfoque ayudaría a España, que podría pasar de ser vista como un actor periférico a tener un papel más destacado en el organismo. 

Suceda esto o no, Mallory —cuyas opiniones no representan a RAND— recomienda algunas líneas estratégicas para que España mejore su posición dentro de la Alianza y para hacer frente a las exigencias de Trump. La primera es que España cuantifique y publique el valor de su apoyo como nación anfitriona, en referencia a la relevancia estratégica de las bases de Rota y de Morón de la Frontera para el control del mar sobre el Mediterráneo, y para mantener el ritmo operativo de los submarinos nucleares. España podría presentar una cifra elevada y defendible que difícilmente podrá ser disputada, dada la carencia de una metodología acordada para medir este valor. Esta táctica también podría utilizarse para ganar tiempo, proponiendo un esfuerzo conjunto para crear una metodología de medición.

La segunda recomendación es destacar el potencial de España como socio tecnológico, en particular en proyectos de desarrollo conjunto. Por ejemplo, España podría participar en el desarrollo de tecnologías militares como aviones de combate de nueva generación, aprovechando la experiencia y liderazgo de la industria aeronáutica en el país. Esto no sólo mejoraría las capacidades de defensa del país, sino que también generaría beneficios económicos a través del sector privado.

La tercera propuesta tiene que ver con el reto de equilibrar el bienestar social con el gasto en defensa, particularmente para Gobiernos socialdemócratas. En este sentido, destaca la estrategia de Australia. El continente australiano incorpora a sus oficiales a la Flota del Pacífico de Estados Unidos y presta barcos al país para aumentar sus contribuciones percibidas y minimizar los costes. 

Otra medida —no de España, sino multilateral— sería mejorar la aplicación de las sanciones, estableciendo una versión modernizada del COCOM. Esta fue una organización creada por el bloque occidental durante los primeros años de la Guerra Fría para coordinar los controles de exportación y evitar que la tecnología crítica llegara a los adversarios del COMECON (la Unión Soviética y los países socialistas). De igual modo, algo similar ahora podría ayudar a restringir los esfuerzos de Rusia y Corea del Norte por reponer sus arsenales militares.

Por su parte, las aportaciones de España a la guerra cibernética y en materia de despliegue y uso innovador de tecnologías de la información avanzadas no se reflejan adecuadamente en las métricas de la OTAN ni en el análisis de RAND. Una omisión que España podría explotar. De hecho, algunos proyectos como el de desplegar una red de comunicaciones 5G han despertado —según el Gobierno español— el interés de otras naciones, “convirtiéndose en escaparate internacional de la transformación digital de Defensa y de las Fuerzas Armadas». Además, el país contribuye al desarrollo de normativas, guías de actuación y medidas preventivas que impactan a toda la Alianza.

Se trata de soluciones prácticas y de bajo coste, que no implicarían necesariamente recortes de partidas sociales ni aumentar —o no de forma notable— los presupuestos de defensa, un aspecto esencial dentro de la realpolitik de un Gobierno socialdemócrata. La clave es poner el énfasis en las contribuciones estratégicas, las maniobras diplomáticas y el uso inteligente de los sistemas existentes para mantener la credibilidad dentro de las alianzas internacionales. Unas medidas en línea con el enfoque multidimensional del índice de distribución de la carga de RAND.

El informe no busca establecer juicios definitivos ni convertirse en una evaluación aislada de las contribuciones de los aliados, sino servir como un punto de partida para un análisis más profundo y multidimensional. Su principal valor radica en la posibilidad de replantear las reglas de participación en la seguridad colectiva, integrando métricas más amplias y realistas. En un entorno geopolítico volátil, con amenazas emergentes, avances tecnológicos acelerados y dinámicas estratégicas cambiantes, la capacidad de la OTAN para reajustar su sistema de reparto de cargas puede convertirse en un elemento crucial para preservar su cohesión interna y su eficacia operativa. Para España, esto es una oportunidad: una ventana abierta para reforzar su papel estratégico y proyectar su liderazgo dentro de la Alianza.

Esther Paniagua

Madrid (1986). Periodista y autora especializada en ciencia, tecnología y ciberseguridad, con especial foco en el impacto social de la innovación y la gobernanza digital. Colabora con diarios generalistas y especializados, revistas de divulgación científica y tecnológica y otras publicaciones.

2 comentarios

  1. Expandir comentario
    Guillermo Salgado Rodríguez

    Me ha encantado el artículo!

  2. Expandir comentario
    Juan Ávila muñoz

    Interesante articulo

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