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Tres meses después de intentar restaurar lazos con su visita, Joe Biden quiere reevaluar las relaciones de Estados Unidos con Arabia Saudí. La Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus asociados (OPEP+), liderados por Riad, anunciaron la semana pasada un recorte en la producción del petróleo que indignó en Washington, pues mantendrá los precios elevados. Biden advirtió que habría “consecuencias”, y los demócratas propusieron suspender la transferencia de armamento a los saudíes para dirigirla a Ucrania.
Tanto aquel incómodo encuentro de Biden con el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, como las declaraciones recientes confirman que Estados Unidos ya no tiene el peso de antes en Oriente Próximo. En particular, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos confían cada vez menos en su aliado. Aunque Washington aún mantiene una presencia militar importante, con alrededor de 35.000 tropas en la península arábiga, la nueva superestrella económica es China. Ambas monarquías del Golfo desean permanecer bajo la protección estadounidense, pero también buscan nuevos socios para consolidar su autonomía estratégica.
La Casa Blanca, un socio cada vez más impredecible
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