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Tres meses después de intentar restaurar lazos con su visita, Joe Biden quiere reevaluar las relaciones de Estados Unidos con Arabia Saudí. La Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus asociados (OPEP+), liderados por Riad, anunciaron la semana pasada un recorte en la producción del petróleo que indignó en Washington, pues mantendrá los precios elevados. Biden advirtió que habría “consecuencias”, y los demócratas propusieron suspender la transferencia de armamento a los saudíes para dirigirla a Ucrania.
Tanto aquel incómodo encuentro de Biden con el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, como las declaraciones recientes confirman que Estados Unidos ya no tiene el peso de antes en Oriente Próximo. En particular, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos confían cada vez menos en su aliado. Aunque Washington aún mantiene una presencia militar importante, con alrededor de 35.000 tropas en la península arábiga, la nueva superestrella económica es China. Ambas monarquías del Golfo desean permanecer bajo la protección estadounidense, pero también buscan nuevos socios para consolidar su autonomía estratégica.
La Casa Blanca, un socio cada vez más impredecible
En las últimas dos décadas, una política exterior poco predecible de Estados Unidos ha minado la confianza de Emiratos y Arabia Saudí. Con la invasión de Irak en 2003, Washington no puso énfasis en la reconstrucción del país tras la caída del dictador Sadam Huseín y dio rienda suelta a un Gobierno que permitió a Irán adquirir más influencia. Menos de una década después, al estallar las revueltas árabes en 2011, Estados Unidos retiró su apoyo al dictador egipcio Hosni Mubarak, un supuesto aliado, y anunció su apoyo a las transiciones democráticas, algo que no gustó a estas dos monarquías del Golfo.
El entonces presidente Barack Obama luego anunció el pivote de Estados Unidos hacia Asia-Pacífico. Mientras esta región absorbía atención y recursos, la importancia de Oriente Próximo entró en cierto declive. Ya en 2015 Obama firmó el acuerdo nuclear con Irán, lo que Arabia Saudí y Emiratos sintieron como una traición al no haber considerado sus preocupaciones. En concreto, el levantamiento de sanciones ha aumentado los ingresos que Irán redirige hacia milicias como Hezbolá, Hamás o los hutíes en Yemen, que luchan contra una coalición liderada por Arabia Saudí que hasta 2019 también integraba Emiratos.
Donald Trump tampoco mejoró las relaciones. Pese a su retórica agresiva, decidió no responder ante una serie de ataques contra las monarquías del Golfo, como el ataque iraní con drones y misiles de crucero a las instalaciones petrolíferas saudíes de Abqaiq, en septiembre de 2019. Esto ya hizo sonar la alarma en las capitales de la península arábiga, y los lazos han empeorado bajo el mandato de Biden.
En campaña, el presidente estadounidense aseguró que convertiría a Arabia Saudí en un “Estado paria”, luego se negó a reconocer a Mohamed bin Salmán como líder de facto del país, y evitó todo contacto con él hasta la visita en julio de este año. Mientras tanto, Washington congeló la venta de cazas de combate F-35 a Emiratos y de armamento adicional a Arabia Saudí, y eliminó a los hutíes de la lista de organizaciones terroristas extranjeras. Ahora en Estados Unidos muchos han interpretado el reciente recorte petrolero como señal de que Arabia Saudí está con Rusia en la guerra de Ucrania. Sin embargo, Riad después anunció la donación de cuatrocientos millones de dólares en ayuda humanitaria a Kiev.
Autonomía estratégica: el objetivo de Arabia Saudí y Emiratos
Con un Estados Unidos poco predecible, Emiratos y Arabia Saudí han optado por reforzar sus relaciones con otras potencias para consolidar su autonomía estratégica. La guerra en Ucrania ha supuesto un golpe de realidad para Washington, que ya no sabe si cuenta con ambas monarquías. En el Consejo de Seguridad de la ONU, por ejemplo, Emiratos se abstuvo en febrero de condenar a Rusia por la invasión. Pero no es que Emiratos haya decidido subirse al tren ruso. De hecho, junto con Arabia Saudí condenaron la invasión en las resoluciones de la Asamblea General. Sin embargo, Abu Dabi tiene intereses comunes con Moscú en países como Libia y necesita su apoyo en el Consejo de Seguridad para las decisiones sobre Yemen.
La nueva asertividad de ambas monarquías también se refleja en el petróleo. Estados Unidos ha intentado persuadirles para que incrementen su producción con el objetivo de aliviar la subida de precios, pero además del recorte reciente se rumorea que los líderes de Arabia Saudí y Emiratos se negaron durante meses a concertar llamadas con Biden. Si Washington no consigue mejorar las relaciones, ambas monarquías pueden virar hacia Rusia, India o China, cuya relación comercial con Emiratos en 2020, por valor de 60.000 millones de dólares, triplicó la de Estados Unidos. Sin pretender cortar lazos con Washington, Arabia Saudí y Emiratos buscan preservar sus intereses sin depender de una u otra potencia.
Esfuerzos por sanar una relación que tambalea
Aunque la relación atraviesa momentos difíciles, Estados Unidos ha intentado reparar los lazos con Arabia Saudí y Emiratos. En febrero, el secretario de Defensa, Lloyd Austin, anunció que enviaría un destructor y un escuadrón de aviones de caza F-22 para reforzar las defensas emiratíes tras una serie de ataques con misiles provenientes de Yemen. Un mes después, Estados Unidos anunció la creación de una nueva fuerza multinacional para patrullar el mar Rojo y el golfo de Adén. Se trata de rutas marítimas expuestas a los hutíes, la piratería, grupos terroristas en Yemen y Somalia, y traficantes de armas, drogas, y personas. Liderada por Washington, la Combined Task Force 153 pretende paliar las preocupaciones sobre unas aguas cruciales para el comercio de ambas monarquías y las ambiciones saudíes de desarrollo turístico.
En un nuevo intento de reconciliación, Biden paró en Arabia Saudí durante su visita a Oriente Próximo en julio y se reunió por primera vez con Mohamed bin Salmán. La visita no transformó la relación, como demuestra la decisión de la OPEP y sus países asociados de recortar la producción en dos millones de barriles diarios para mantener los precios elevados, en contra de las peticiones de Estados Unidos. También se ha reflejado en las reacciones negativas de Arabia Saudí y Emiratos ante la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, a Taiwán, y en las cálidas relaciones entre Rusia y Emiratos, que le ha dado alternativas para evitar las sanciones occidentales.
Así, es poco probable que Estados Unidos consiga atraer a Emiratos y Arabia Saudí de vuelta al rebaño. Aunque Biden aseguró que habría “consecuencias” para los saudíes tras el recorte en la producción de petróleo, las monarquías del Golfo continuarán reforzando sus relaciones con otras potencias, ya sean favorables u hostiles a Estados Unidos.