El hidrógeno verde, ¿el salvavidas de la crisis energética?

Los costes del hidrógeno verde aún son altos y faltan infraestructuras. Pero la Unión Europea, China, India o Australia han visto en este recurso una oportunidad para reducir su dependencia energética y asegurar la sostenibilidad. Incluso apuestan por él países productores de hidrocarburos como Estados Unidos, Rusia o Arabia Saudí.
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El hidrógeno verde, ¿el salvavidas de la crisis energética?
Fuente: elaboración propia.

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La crisis energética, que irrumpió con la recuperación de la pandemia, se ha agudizado con la invasión rusa de Ucrania. Ante este panorama, las principales potencias y otros países han empezado a invertir en hidrógeno verde para reducir su dependencia de los hidrocarburos. Ya entre finales de 2020 y finales de 2021 los proyectos anunciados se multiplicaron por cincuenta, la mayoría en Oriente Próximo y Australia, donde antes se había apostado por combustibles fósiles como el petróleo y, sobre todo, el gas. 

El ejemplo paradigmático es el plan RePowerEU. Presentado por la Comisión Europea como respuesta a la invasión a Ucrania, contempla una gran inversión en hidrógeno verde para reducir la dependencia europea de los hidrocarburos rusos. Sin embargo, el boom de este recurso y la nueva carrera energética que supone tendrán obstáculos, desde los escasos beneficios hasta lagunas en las infraestructuras.

China, Estados Unidos o India, a por el hidrógeno verde

En 2024 hará su debut el primer campeonato de coches de hidrógeno, el Extreme H en Arabia Saudí, y los equipos ya están preparando su prototipo para competir. Del mismo modo, en el mundo ha comenzado la carrera por el hidrógeno verde, potencial salvavidas energético a raíz de la crisis actual. La Agencia Internacional de Energía Renovable estima que este recurso podría representar el 8% del consumo energético global en 2050, y que ya en 2030 podría competir con los combustibles fósiles.

Estados Unidos ya ha incluido en sus planes energéticos el “objetivo 111”, que pretende reducir el coste del hidrógeno a un dólar por kilo en una década. Arabia Saudí lo producirá en su complejo industrial flotante Oxagon. Incluso Rusia, tradicional exportador energético, ha sugerido el conflictivo gasoducto Nord Stream 2 para transportar también hidrógeno verde. Al otro lado del mundo, Australia pretende generar el 10% de la demanda de hidrógeno de toda Asia y exportar hidrógeno verde a ese mercado a través de buques. Mientras, India quiere producir cinco millones de toneladas de hidrógeno verde  al año para 2030 y así avanzar hacia la independencia energética. China también está apostando fuerte: quiere producir más de 66 millones de toneladas de hidrógeno al año con energía solar en la región de Mongolia Interior.

Nadie dijo que fuera fácil

Como en toda carrera, el hidrógeno tiene obstáculos por delante. El primero es su baja rentabilidad: aún falta bastante infraestructura, por lo que su demanda es baja, lo que a su vez desincentiva la inversión en proyectos para producirlo. A ello se suma el bajo rendimiento de las pilas de hidrógeno, de un 42%, que obliga a contar con combustibles alternativos de apoyo.

En segundo lugar, obtener hidrógeno depende tanto de energías renovables como de distintos materiales y componentes. Por un lado, requiere bastante agua dulce no siempre abundante y electricidad a partir de energías verdes, con lo que eso implica en inversión y materias primas. Por otro, necesita componentes caros que, aunque se han abaratado, están concentrados en manos de China. El tercer obstáculo es la dificultad de distribuir el hidrógeno debido a sus propiedades. Por ejemplo, un camión cisterna con gasolina suficiente para ochocientos coches solo podría trasladar hidrógeno para unos sesenta.

RePowerEU: Europa apuesta fuerte

Pese a todo ello, la Unión Europea ha visto en el hidrógeno la solución a sus problemas. Con la Estrategia de hidrógeno para una Europa climáticamente neutra se comprometió en 2020 a invertir 430.000 millones de dólares en hidrógeno verde hasta 2030. Cuando se anunció la estrategia, el objetivo era producir un millón de toneladas de hidrógeno renovable entre 2020 y 2024, y tener la capacidad de producir diez millones de toneladas entre 2025 y 2030.

Ante la gravedad de la invasión rusa de Ucrania y el aumento del precio de la energía, la Comisión Europea presentó el mes pasado RePowerEU, el plan para reducir la dependencia europea del gas natural ruso. Entre otras medidas, se busca acelerar el desarrollo del hidrógeno verde con otra inversión de doscientos millones de euros hasta 2030. Pero el objetivo es más ambicioso: además de la meta de producción, ese año la Unión debe ser capaz de importar otros diez millones de toneladas.

Sin embargo, Europa enfrenta una vez más la falta de infraestructuras. Así como faltan para el mercado comunitario del gas, faltan para el hidrógeno verde. Numerosas voces defienden aprovechar la infraestructura que ya se usa para transportar gas natural. En esa línea, once compañías de nueve Estados miembros presentaron su propuesta Red Troncal de Hidrógeno en Europa, que implicaría desarrollar una red de cinco nuevos grandes gasoductos, hasta 6.800 kilómetros para 2030 y 23.000 para 2040. Aunque la alternativa es posible, las propiedades diferentes del gas natural y del hidrógeno también obligan a hacer adaptaciones técnicas. Por tanto, es una opción viable, pero no barata: la propia Comisión Europea reconoce que necesitará invertir 27.000 millones de euros para contar con las infraestructuras necesarias.

Quizá la crisis energética obligue a los países a buscar soluciones. En palabras de la comisaria de Energía de la Unión, Kadri Simson, “Europa necesita el hidrógeno verde para la sostenibilidad del planeta, para su independencia y para la seguridad de su suministro energético”. La apuesta es un primer paso para una Unión Europea más verde y segura energéticamente, pero aún le queda un largo camino por recorrer.

Sonia Velázquez

Madrid. Graduada en Relaciones Internacionales y Traducción e Interpretación por la Universidad Pontificia Comillas. Máster en Recursos Energéticos y doctoranda en Seguridad Internacional. Pasión por la geopolítica. Análisis sobre energía, vulnerabilidad energética y amenazas a la seguridad energética. Amante del arte y la pintura.