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La capital de California es la ciudad de Sacramento. Cuenta con 528.000 habitantes y se sitúa en el centro del estado más rico de Estados Unidos, a orillas del río homónimo. Es un ejemplo de la tendencia estadounidense de que las capitales de los estados no sean siempre las ciudades más importantes. Por ejemplo, la capital del estado de Nueva York no es la famosa metrópoli, sino la ciudad de Albany.
Hay dos razones principales detrás: la historia y la representación política. Aunque perdiesen importancia con el tiempo, estas ciudades fueron clave cuando se establecieron como capitales entre los siglos XVIII y XIX. Además, se intentó que las capitales fueran accesibles desde todo el territorio estatal, para evitar que algunas áreas se sintiesen discriminadas. En el caso de Sacramento, su condición de capital parte de su ubicación e historia con relación al despegue económico del estado. Tuvo una gran importancia durante la “fiebre del oro”, pero caería en favor de ciudades como San Francisco, Los Ángeles o San José.
Sacramento y la fiebre del oro
El área que ahora conforma el estado de California ha pasado de manos de pueblos nativos a las de varias potencias. El Imperio español contaba con el territorio de Alta California, que pasó a ser parte de México tras su independencia en 1821. En 1839, el suizo John Sutter emigró a la provincia mexicana para buscarse la vida y fundó el emplazamiento de Nueva Helvecia, futura Sacramento. Sutter intentó atraer mano de obra, y para garantizar su seguridad construyó el Fuerte Sutter, que ganó renombre con el tiempo.
Sin embargo, la intervención estadounidense entre 1846 y 1848 terminó con México cediéndole la Alta California. Ese segundo año, un trabajador del Fuerte Sutter encontró oro en un aserradero. La noticia se divulgó rápidamente, muchos trabajadores dejaron sus puestos y más de 300.000 inmigrantes llegaron desde dentro y fuera de Estados Unidos en busca del metal precioso. Tras unos años de decadencia por el descontrol que trajo la “fiebre del oro”, el hijo homónimo de John Sutter mejoró la ciudad, ya con el nombre de Sacramento. Esta fue incorporada a California en 1850 y establecida como capital en 1854.
Sacramento pronto se convirtió en el centro logístico del mercado del oro gracias a su abundancia en la zona y su cercanía a ciudades como San Francisco. Pasó a ser el destino de muchos colonos, y tras ellos vinieron empresarios y bonanza económica. El flujo migratorio hizo necesario mejorar el transporte, para lo que se mandó construir el primer ferrocarril transcontinental de Estados Unidos, con origen en Sacramento. Además, se planificó la red de calles de la ciudad y se aprovecharon los ríos cercanos para que la ciudad también participase en la economía por mar sin riesgo a una invasión al no estar junto al Pacífico.
La reconvertida capital de California
Sin embargo, Sacramento empezó a perder importancia con el declive de la fiebre del oro, por los mismos años en que fue establecida como capital de California. Desde entonces y durante el siglo XX también crecieron otras ciudades como Los Ángeles, San Francisco y San Diego, que le hicieron sombra. En el estado se han desarrollado diferentes mercados especializados, como el tecnológico de Silicon Valley en San José, la industria musical y cinematográfica en Los Ángeles y la agricultura en el este del territorio.
Hoy en día California es el estado más rico de Estados Unidos. Si fuera un país, sería la quinta economía mundial en PIB. Entretanto, Sacramento ha conseguido reinventarse por dos frentes en los últimos años. Por un lado, se ha convertido en uno de los destinos gastronómicos más importantes de Estados Unidos, con catorce restaurantes seleccionados por la Guía Michelin. Por otro, ha ampliado su oferta de ocio y ha atraído a quienes buscan una ciudad más tranquila que las grandes urbes californianas.